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VATICANO
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Papa: cuando los cristianos de confesiones distintas son asesinados, juntos se vuelven mártires

En la celebración que concluye la 51ra Semana de oración por la unidad de los cristianos, Francisco dice que “los cristianos son llamados a custodiar juntos el recuerdo de todo lo que Dios ha realizado en ellos”. “Deseamos, entonces, rezar juntos, uniendo todavía más nuestras voces. E incluso cuando las divergencias nos separen, reconocemos pertenecer al pueblo de los redimidos, a la misma familia de hermanos y hermanas amados por el único Padre”. 

Roma (AsiaNews) – Cuando se derrama sangre de cristianos de confesiones distintas, ellos “juntos, se vuelven testigos de la fe, mártires, unidos en el vínculo de la gracia bautismal”. El ecumenismo de la sangre fue nuevamente evocado hoy por el Papa Francisco, en un día particularmente significativo en el camino rumbo a la unidad de los cristianos, al término de la celebración de las Segundas Vísperas de la solemnidad de la Conversión de San Pablo Apóstol, concluyendo la 51ra Semana de oración por la unidad de los cristianos, que este año tuvo como tema: Poderosa es tu mano, Señor (cfr. Éxodo 15, 1-21).

Francisco tomó como punto de partida la lectura del Éxodo, donde se describe el canto de alabanza a Dios que eleva Moisés a orillas del Mar Rojo. “Muchos Padres antiguos –observó- entendieron este pasaje liberatorio como una imagen del Bautismo. Son nuestros pecados los que son ahogados por Dios en las aguas vivas del Bautismo. Mucho más que Egipto, el pecado amenazaba con volvernos esclavos para siempre, pero la fuerza del amor divino revirtió esto. San Agustín (Sermón 223E) interpreta el Mar Rojo, donde Israel vio la salvación de Dios, como signo anticipador de la sangre de Cristo crucificado, fuente de salvación. Todos los cristianos hemos atravesado las aguas del Bautismo, y la gracia de Sacramento ha destruido a nuestros enemigos, el pecado y la muerte. Salidos de las aguas, hemos alcanzado la libertad de hijos; hemos surgido como pueblo, como comunidad de hermanos y hermanas salvados, como «conciudadanos de los santos y familiares de Dios» (Ef 2,19). Compartimos la experiencia fundamental: la gracia de Dios, su misericordia al salvarnos. Es precisamente porque Dios ha obrado esta victoria en nosotros, que juntos podemos cantarle alabanzas”.

Las muchas confesiones cristianas “finalmente han comprendido”, a lo largo del último siglo, “que se hallan juntas a orillas del Mar Rojo. En el Bautismo hemos sido salvados y el canto agradecido de alabanza, que otros hermanos y hermanas entonan, nos pertenece, porque es, también, nuestro. Cuando decimos reconocer el Bautismo de cristianos de otras tradiciones, confesamos que ellos también han recibido el perdón del Señor y su gracia que obra en nosotros. Y acogemos su culto como expresión auténtica de alabanza, por cuanto Dios cumple. Deseamos entonces rezar juntos, uniendo aún más nuestras voces. E incluso cuando las divergencias no separen, reconocemos pertenecer al pueblo de los redimidos, a la misma familia de hermanos y hermanos amados por el único Padre”.

Y tal como sucede con Israel luego de la liberación “los cristianos de hoy también encontramos en el camino muchas dificultades, rodeados de tantos desiertos espirituales, que hacen que la esperanza y la gloria se tornen áridas. En el camino también hay peligros graves, que ponen en riesgo la vida: ¡cuántos hermanos de hoy sufren persecuciones por el nombre de Jesús! Cuando su sangre se derrama, incluso aunque pertenezcan a Confesiones distintas, se vuelven, juntos, testigos de la fe, mártires, unidos por el vínculo de la gracia bautismal. Incluso más, junto a los amigos de otras tradiciones religiosas, los cristianos hoy afrontan desafíos que menosprecian la dignidad humana: huyen de situaciones de conflicto y miseria; son víctimas de la trata de seres humanos y de otras esclavitudes modernas; padecen privaciones y hambre, en un mundo cada vez más rico en medios y cada vez más pobre en amor, donde continúan aumentando las desigualdades. Pero, como los israelitas del Éxodo, los cristianos son llamados a custodiar, juntos, el recuerdo de cuanto Dios ha cumplido en ellos. Reavivando esta memoria, podemos sostenernos unos a otros y afrontar cada desafío con coraje y esperanza, armados sólo con Jesús y con la dulce fuerza de su Evangelio”.

Por último, el Papa ha agradecido su presencia al metropolita Gennadios, representante del Patriarcado ecuménico, al obispo Bernard Ntahoturi, representante personal del Arzobispo de Canterbury en Roma, y a la delegación ecuménica de Finlandia, a la cual había recibido esta mañana.  

En el curso de dicho encuentro, Francisco nuevamente habló de la importancia de la “celebración en común” de los 500 años de la Reforma. “Para la conmemoración común de la Reforma en todo el mundo –agregó- ha sido esencial la dimensión ecuménica de nuestra oración y de nuestros encuentros, en los cuales ya no ha habido más huellas de las diatribas y conflictos del pasado. Nuestra conmemoración ha sido celebrada en un espíritu muy distinto, dado que hemos comprendido el evento de la Reforma como una invitación a hacer frente, juntos, a la pérdida de credibilidad del cristianismo, una invitación a conferir renovada fuerza a la confesión común del Dios Uno y Trino. El año que acaba de concluirse nos ha recordado el tiempo en el cual la unidad entre los cristianos aún no había sido quebrada.  Por eso, luteranos y católicos han podido celebrar la conmemoración del 2017 solamente de una manera: en la comunión ecuménica”.  

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