25/12/2021, 15.24
VATICANO
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Papa: el hombre elige la guerra y la violencia, mientras que Dios, al hacerse hombre, quiso dialogar con nosotros

Los efectos de la falta de diálogo no solo entre Estados sino también a nivel personal, como lo demuestra la violencia contra las mujeres o "mirar para otro lado" ante el sufrimiento de los que se vieron obligados a abandonar su patria, fueron los puntos centrales del mensaje Urbi et orbi. Y en la homilía de noche de Navidad, la decisión del Verbo de hacerse pequeño: "la gracia de la pequeñez" que significa "creer que Dios quiere venir en las pequeñas cosas de nuestra vida, quiere habitar las realidades cotidianas, los gestos sencillos que realizamos en casa, en la familia, en la escuela, en el trabajo”.

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) - Siria, Irak, Myanmar, Ucrania: guerras y tensiones en las que el hombre muestra que elige la violencia en vez del diálogo, a diferencia del Verbo que "se hizo carne para dialogar con nosotros". Los efectos de la falta de diálogo no solo entre Estados, sino también a nivel personal, como lo demuestra la violencia contra las mujeres o "mirar para otro lado" ante el sufrimiento de los que se han visto obligados a abandonar su patria, fueron los temas centrales del mensaje Urbi et orbi (A la ciudad de Roma y al mundo) del Papa Francisco para el día de Navidad.

Ante a una Plaza de San Pedro cubierta por decenas de miles de paraguas y los representantes de las fuerzas armadas italianas que volvieron a saludar al Papa tras la interrupción de la pandemia, Francisco recordó en primer lugar que "Dios mismo, Padre, Hijo y Espíritu Santo, es diálogo, eterna e infinita comunión de amor y de vida”.

La pandemia ha mostrado lo que sería el mundo sin la capacidad y la voluntad de diálogo: “nuestra capacidad para las relaciones sociales está siendo severamente probada; se refuerza la tendencia a encerrarse, a pensar solo en uno mismo, a renunciar a salir, a encontrarse, a hacer cosas juntos. Y también a nivel internacional existe el riesgo de no querer dialogar, el riesgo de que la compleja crisis lleve a elegir atajos en vez de los caminos más largos del diálogo; pero en realidad estos son los únicos que conducen a la resolución de conflictos y a beneficios compartidos y duraderos”.

Después Francisco se concentró en las múltiples crisis, desde la que afecta al pueblo sirio, "que desde hace más de una década vive una guerra que ha provocado muchas víctimas y un número incalculable de prófugos", hasta Irak ", que todavía lucha por levantarse después de un largo conflicto”,  y el “grito de los niños que se eleva desde Yemen, donde una inmensa tragedia, olvidada por todos, se consuma en silencio desde hace años”. Y en esa misma región, "las continuas tensiones entre israelíes y palestinos, que se arrastran  sin solución" y el Líbano "que sufre una crisis sin precedentes, en condiciones económicas y sociales sumamente preocupantes".

Desde Oriente Medio, la mirada se extendió a Myanmar "donde la intolerancia y la violencia también golpean frecuentemente a la comunidad cristiana y los lugares de culto, y opacan el rostro pacífico de sus gentes", y a Afganistán "que desde hace más de cuarenta años es duramente probado por conflictos que obligan a muchos a abandonar el país".

Y a Sudán, Etiopía, África del Norte y el Sahel, pero también a Ucrania, donde hay "un conflicto engangrenado", y al continente americano, para pedir a Jesús que prevalezcan en los corazones los valores "la solidaridad, la reconciliación y la pacífica convivencia, a través del diálogo, el respeto recíproco y el reconocimiento de los derechos y los valores culturales de todos los seres humanos”.

Del macrocosmos a las relaciones entre las personas. “Hijo de Dios - siguió diciendo -, conforta a las víctimas de la violencia contra las mujeres que se difunde en este tiempo de pandemia. Ofrece esperanza a los niños y a los adolescentes víctimas de intimidación y de abusos. Da consuelo y afecto a los ancianos, sobre todo a los que se encuentran más solos. Concede serenidad y unidad a las familias, lugar primordial para la educación y base del tejido social. Dios con nosotros, concede salud a los enfermos e inspira a todas las personas de buena voluntad para que encuentren las soluciones más adecuadas que ayuden a superar la crisis sanitaria y sus consecuencias. Haz que los corazones sean generosos, para hacer llegar la asistencia necesaria, especialmente las vacunas, a las poblaciones más pobres. Recompensa a todos los que demuestran responsabilidad y entrega al hacerse cargo de sus familiares, de los enfermos y de los más débiles. Niño de Belén, permite que los prisioneros de guerra, civiles y militares, de los conflictos recientes, y quienes están encarcelados por razones políticas puedan volver pronto a sus hogares. No nos dejes indiferentes ante el drama de los emigrantes, de los desplazados y de los refugiados. «Sus ojos nos piden que no miremos a otra parte, que no reneguemos de la humanidad que nos une, que hagamos nuestras sus historias y no olvidemos sus dramas»”.

Y por último, la creación: "Verbo eterno que te has hecho carne, haznos diligentes hacia nuestra casa común, que también sufre por la negligencia con la que frecuentemente la tratamos, y motiva a las autoridades políticas a llegar a acuerdos eficaces para que las próximas generaciones puedan vivir en un ambiente respetuoso para la vida”.

“Muchas - concluyó - son las dificultades de nuestro tiempo, pero más fuerte es la esperanza, porque «un niño nos ha nacido» (Is 9,5). Él es la Palabra de Dios y se ha hecho un infante, que sólo es capaz de llorar y está necesitado de todo. Ha querido aprender a hablar, como cualquier niño, para que aprendiésemos a escuchar a Dios, nuestro Padre, a escucharnos entre nosotros y a dialogar como hermanos y hermanas”.

Francisco también había hablado de las relaciones humanas ayer a la noche, durante la misa de Nochebuena, cuando dijo que “Dios viene esta noche a colmar de dignidad la dureza del trabajo. Nos recuerda qué importante es dar dignidad al hombre con el trabajo, pero también dar dignidad al trabajo del hombre, porque el hombre es señor y no esclavo del trabajo. En el día de la Vida repitamos: ¡No más muertes en el trabajo! Y esforcémonos para lograrlo".

La elección del Verbo de hacerse pequeño fue el centro de la homilía, cuando habló de la "gracia de la pequeñez" que significa "creer que Dios quiere venir en las pequeñas cosas de nuestra vida, quiere habitar las realidades cotidianas, los gestos sencillos que realizamos en casa, en la familia, en la escuela, en el trabajo”.

 

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