25/12/2020, 14.37
VATICANO
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Papa: gracias a este Niño, todos somos hermanos. Exhortó a que la vacuna sea para todos

En el Mensaje Urbi et Orbi de Navidad, el Papa Francisco exhortó a que la distribución de vacunas anti-Covid no se convierta en una competencia económica e individualista, sino que se distribuya a todos, ante todo a las personas "más vulnerables". Recordó y oró especialmente al Niño Jesús por Medio Oriente, África y el continente americano. De Asia, Filipinas, Vietnam y los rohingya. En Navidad, redescubrir la familia, "como cuna de la vida y de la fe".

 

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) - "Gracias a este Niño, todos podemos llamarnos y ser verdaderamente hermanos: de todos los continentes, de todas las lenguas y culturas, con nuestras identidades y diferencias, sin embargo, todos hermanos y hermanas". El corazón del Mensaje Urbi et Orbi (a la ciudad de Roma y al mundo) que difundió hoy el Papa Francisco es una invitación a expresar la fraternidad universal que es fruto del nacimiento de Jesús, "'’nacido para nosotros': un nosotros sin fronteras, sin privilegios ni exclusiones". A diferencia del pronunciamiento tradicional desde la logia de la basílica, debido a las restricciones relacionadas con la pandemia, el Papa difundió el Mensaje desde el Aula de las Bendiciones, en presencia de dos filas de invitados, cerca de cincuenta, todos rigurosamente cubiertos con mascarilla.

La fraternidad universal debe manifestarse en primer lugar en una especial atención para que las vacunas contra el Covid-19 se distribuyan a todos, ante todo a los más débiles. Dejando de lado el discurso que se había entregado previamente a los periodistas, Francisco exhortó a que la distribución de la vacuna no sea ocasión de competencia económica, sino una "luz de esperanza ... para todos", especialmente para "los más vulnerables".

“En Navidad - dijo el Papa - celebramos la luz de Cristo que viene al mundo y viene para todos: no solo para algunos. Hoy, en este tiempo de oscuridad e incertidumbre por la pandemia, aparecen varias luces de esperanza, como el descubrimiento de distintas vacunas".

“Pero para que estas luces iluminen y traigan esperanza al mundo entero, deben estar disponibles para todos. No podemos permitir que los nacionalismos cerrados nos impidan vivir como la verdadera familia humana que somos. Tampoco podemos dejar que el virus del individualismo radical nos gane y nos haga indiferentes al sufrimiento de otros hermanos y hermanas. No puedo ponerme a mí mismo antes que los demás, anteponiendo las leyes del mercado y las patentes a las leyes del amor y la salud de la humanidad. Les pido a todos: responsables de los Estados, empresas y organismos internacionales, que promuevan la cooperación y no la competencia, y que busquen una solución para todos: vacunas para todos, especialmente para los más vulnerables y necesitados en todas las regiones del planeta. ¡En primer lugar, los más vulnerables y necesitados!”.

A continuación, el Papa definió la fraternidad: "no una fraternidad hecha de bellas palabras, de ideales abstractos, de sentimientos vagos... No. Una fraternidad basada en el amor real, capaz de encontrar al otro que es diferente a mí, de compadecerse de su sufrimiento, de acercarse y de cuidarlo, aunque no sea de mi familia, de mi etnia, de mi religión; es diferente a mí pero es mi hermano, es mi hermana. Y esto es válido también para las relaciones entre los pueblos y las naciones. [...]  generosos y solidarios, especialmente con las personas más frágiles, los enfermos y todos aquellos que en este momento se encuentran sin trabajo o en graves dificultades por las consecuencias económicas de la pandemia, así como con las mujeres que en estos meses de confinamiento han sufrido violencia doméstica”.

Luego, como en una larga letanía, Francisco pidió por diferentes regiones del mundo. En primer lugar, por Medio Oriente y "tantos niños que en todo el mundo, especialmente en Siria, Irak y Yemen, están pagando todavía el alto precio de la guerra".

El pontífice pidió al Niño Jesús que "cure nuevamente las heridas del amado pueblo de Siria, que desde hace ya un decenio está exhausto por la guerra y sus consecuencias, agravadas aún más por la pandemia" y consuele al pueblo iraquí y "a todos los que se han comprometido en el camino de la reconciliación, especialmente a los yazidíes, que han sido duramente golpeados en los últimos años de guerra”.

Pidió luego la paz para Libia y para "israelíes y palestinos", para que "puedan recuperar la confianza mutua para buscar una paz justa y duradera a través del diálogo directo, capaz de acabar con la violencia y superar los resentimientos endémicos, para dar testimonio al mundo de la belleza de la fraternidad".

El Papa también recordó al pueblo libanés, para que "no pierda la esperanza". A ellos y a los líderes del país, Francisco les dedicó una carta precisamente ayer. Y pidió que se emprenda el diálogo "como el único camino que conduce a la paz y la reconciliación" en Nagorno Karabaj y "en las regiones orientales de Ucrania".

Con respecto a África, se refirió al "sufrimiento de las poblaciones de Burkina Faso, Malí y Nigeria, que padecen una grave crisis humanitaria"; "la violencia en Etiopía"; los "habitantes de la región de Cabo Delgado, en el norte de Mozambique, víctimas de la violencia del terrorismo internacional;", y pidió que "el Niño Divino... “aliente a los responsables de Sudán del Sur, Nigeria y Camerún a que prosigan el camino de fraternidad y diálogo que han emprendido".

Francisco pidió que "la Palabra eterna del Padre sea fuente de esperanza para el continente americano, particularmente afectado por el coronavirus, que ha exacerbado los numerosos sufrimientos que lo oprimen, a menudo agravados por las consecuencias de la corrupción y el narcotráfico", y pidió que Él ayude a superar las tensiones en Chile y ponga "fin a los sufrimientos del pueblo venezolano".

De Asia, el Papa recordó el sudeste, en particular Filipinas y Vietnam, azotados por "numerosas tormentas" que han provocado daños en términos de pérdida de vidas y daños al medio ambiente. Y sobre todo, Francisco recordó "al pueblo Rohinyá: Que Jesús, nacido pobre entre los pobres, lleve esperanza a su sufrimiento”.

El Papa dirigió un último pensamiento a las familias: "Que la Navidad sea para todos una oportunidad para redescubrir la familia como cuna de vida y de fe; un lugar de amor que acoge, de diálogo, de perdón, de solidaridad fraterna y de alegría compartida, fuente de paz para toda la humanidad”.

 

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