07/10/2020, 12.50
VATICANO
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Papa: necesitamos cristianos valientes, que sepan decir ‘esto no debe hacerse’

La audiencia general se realizó nuevamente en el Aula Pablo VI, después de varios meses. La oración “no es encerrarse con el Señor para maquillarse el alma: no, esto no es oración. Esto es fingir la oración. La oración es una confrontación con Dios y dejarse enviar, para servir a los hermanos. La piedra de toque de la oración es el amor concreto por el prójimo. Y viceversa”.

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – La oración consuela y da paz, pero también otorga fuerza y valentía para “no vivir en una dicotomía”. Y “cuánto necesitamos de creyentes, de cristianos celosos, que frente a las personas que tienen la responsabilidad de dirigir, actúen con el coraje de Elías, para decir; “Esto no debe hacerse, ¡esto es un asesinato!”. Después de varios meses, la audiencia general volvió a realizarse en el Aula Pablo VI y la catequesis estuvo nuevamente dedicada a la oración. Y con respecto a la oración, dijo el Papa, esta “no es encerrarse con el Señor para maquillarse el alma; esto no es oración. Esto es fingir la oración. La oración es una confrontación con Dios y un dejarse enviar, para servir a los hermanos. La piedra de toque de la oración es el amor concreto por el prójimo. Y viceversa; los creyentes obran en el mundo solo después de haber hecho silencio y de haber rezado; de lo contrario, su acción es impulsiva, carece de discernimiento, es como correr jadeante, sin una meta. Y cuando los creyentes hacen esto, cometen muchas injusticias porque no fueron primero a ver al Señor y rezar, a discernir qué deben hacer”. 

Papa Francisco llegó al Aula Pablo VI cerca de las 08:45 y caminó por el pasillo central, deteniéndose en varias oportunidades para intercambiar saludos, bendecir rosarios, fotos y otros objetos que llevaban los fieles, y firmó autógrafos. También firmó un ejemplar de su encíclica Fratelli tutti, a una pareja de jóvenes. Por último, se ubicó a los pies de la escalinata, rodeado de un grupo de familias. 

En su discurso, Francisco habló del profeta Elías, que también aparece en el Evangelio “junto a Jesús, y con Moisés, en el momento de la Transfiguración (cfr Mt 17,3). Jesús mismo se remonta a su figura para dar fe del testimonio de Juan El Bautista (cfr Mt 17,10-13)”.

Es “uno de los personajes más emocionantes y convincentes de toda la Sagrada Escritura”; “aparece de repente, de manera misteriosa; viene de un pequeño pueblo, completamente marginal (cfr 1 Re 17,1); y al final, sale del escena, ante la mirada del discípulo Eliseo, en un carro de fuego que lo lleva hasta el cielo (cfr 2 Re 2,11-12)”. Este hombre “de fe cristalina”, “íntegro, incapaz de compromisos mezquinos”, es “el ejemplo de todas las personas de fe que conocen tentaciones y sufrimientos, pero no decaen en los ideales por los que nacieron. La oración es la savia que alimenta constantemente su existencia. Por eso es uno de los personajes más amados por la tradición monástica, tanto que algunos lo escogieron como padre espiritual de la vida consagrada a Dios”.  

“Elías es el hombre de Dios, que se yergue en defensor del primado del Altísimo. Y aun sí, él también se ve obligado a lidiar con sus flaquezas. Es difícil decir cuáles fueron las experiencias de mayor utilidad para él: si la derrota de los falsos profetas en el monte Carmelo (cfr 1 Re 18,20-40), o el extravío en el que constata que “no es mejor que sus padres” (cfr 1 Re 19,4). En el ánimo de quien reza, el sentido de la propia debilidad es más valioso que los momentos de exaltación, cuando parece que la vida es saltar de victoria en victoria y de logro en logro. Esta es una realidad que se encuentra en tantas vocaciones bíblicas, incluso en el Nuevo Testamento. Pensemos, por ejemplo, en San Pedro y San Pablo. Elías es el hombre de vida contemplativa y, al mismo tiempo, de vida activa, preocupado por las circunstancias de su tiempo, capaz de arremeter contra el rey y la reina, después de que mandan matar a Nabot, para apoderarse de su viña (cfr 1 Re 21,1-24). Así, nos muestra que no debe haber dicotomías en la vida de quien reza: se está delante del Señor y se va al encuentro de los hermanos, allí donde Él nos envía”. 

“Esta es la historia de Elías, y sin embargo, parece escrita para todos nosotros. Alguna noche podemos sentirnos inútiles y solos. Es entonces que la oración vendrá y tocará a la puerta de nuestro corazón.  Es un colgajo del manto de Elías, que todos podemos recoger. Y aún si nos hubiéramos equivocado en algo, aunque nos sintamos amenazados o atemorizados, al volver a Dios con la oración, también retornarán la serenidad y la paz, casi de milagro”.

Al saludar a los fieles de diferentes idiomas, Francisco recordó varias veces que hoy se celebra la fiesta de la Virgen del Rosario. A los fieles de lengua árabe los invitó “a rezar el rosario y a llevarlo en sus manos, o en el bolsillo. El rezo del rosario es la oración más bella que podemos ofrecer a la Virgen María; es una contemplación de las diferentes etapas de la vida de Jesús, nuestro Salvador, con su madre, María, y un arma que nos protege del mal y de las tentaciones”. “En sus apariciones, la Virgen suele exhortarnos a rezar el Rosario, especialmente frente a las amenazas que incumben al mundo. Hoy, en este tiempo de pandemia, también es necesario tener entre las manos la corona del rosario, para rezar por nosotros, por nuestros seres queridos y por todos los hombres”.

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