25/09/2022, 12.37
VATICANO
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Papa: no ignoremos el grito de las pequeñas víctimas de Myanmar

Desde la ciudad de Matera -donde concluyó el Congreso Eucarístico Nacional Italiano- Francisco dio voz al dolor por los niños muertos en el bombardeo del ejército birmano a una escuela en Sagaing. "Que la Eucaristía sea una profecía de un mundo nuevo, que redescubramos la oración de adoración, que nos libera de nuestra esclavitud".

Matera (AsiaNews) - "Que no se ignore" el grito de los niños muertos en el bombardeo del ejército birmano a una escuela budista en la región de Sagaing. Desde la ciudad de Matera -donde hoy rezó la oración del Ángelus al final de la misa de cierre del Congreso Eucarístico Nacional de la Iglesia italiana- el Papa Francisco volvió a encomendar a María el sufrimiento de los pueblos heridos por las guerras, con especial atención a Myanmar, desgarrado por un nuevo horror en los últimos días.

"Desde hace más de dos años -recordó el Pontífice- ese noble país vive atormentado por graves enfrentamientos armados y por la violencia, que han causado numerosas víctimas y desplazados. Esta semana ha llegado a mí el grito de dolor por la muerte de niños en una escuela bombardeada. Se ve que en el mundo actual está de moda bombardear las escuelas", comentó con amargura. Que el grito de estos pequeños no sea ignorado. Estas tragedias no deben ocurrir”.

El Papa también rezó para que María, Reina de la Paz "consuele al pueblo ucraniano martirizado y obtenga para los líderes de las naciones la fuerza de voluntad para encontrar inmediatamente iniciativas eficaces que lleven al fin de la guerra". A continuación, se sumó al llamamiento de los obispos cameruneses para la liberación de varias personas secuestradas en la diócesis de Mamfe, entre ellas cinco sacerdotes y una religiosa. "Que el Señor conceda la paz a los corazones y a la vida social de ese querido país", dijo.

Al recordar la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado que la Iglesia celebra hoy, el Papa Francisco llamó a construir un futuro "en el que los migrantes, los refugiados, los desplazados y las víctimas de la trata puedan vivir en paz y con dignidad". Porque el Reino de Dios se realiza con ellos, sin excluidos. Es también gracias a estos hermanos y hermanas que las comunidades pueden crecer social, económica, cultural y espiritualmente; y el intercambio de diferentes tradiciones enriquece al pueblo de Dios. Comprometámonos todos a construir un futuro más inclusivo y fraterno", continuó, "los migrantes deben ser acogidos, acompañados, promovidos e integrados".

Refiriéndose al Congreso Eucarístico celebrado en Matera, el Pontífice también confió a María "el camino de la Iglesia en Italia, para que en cada comunidad se sienta la fragancia de Cristo Pan vivo bajado del Cielo". Y agregó: "Hoy me atrevo a pedir para Italia: más nacimientos, más hijos".

Previo a ello, durante la homilía de la misa, el Papa explicó el sentido más profundo de ser Iglesia en torno a la Eucaristía.  Fue al comentar la parábola del banquete del rico y el pobre Lázaro, a quien no se le permite ni siquiera comer las migajas (Lc 16,19-31). El Papa Francisco señaló que el Evangelio no menciona el nombre del hombre rico. "Las riquezas te llevan a esto", comentó, "también te despojan de tu nombre. Satisfecho consigo mismo, ebrio de dinero, aturdido por la feria de las vanidades, en su vida no hay lugar para Dios porque sólo se adora a sí mismo”.

Por el contrario, la Eucaristía afirma la primacía de Dios, nos invita a adorarle a Él y no a nosotros mismos. "Porque si nos adoramos a nosotros mismos -dijo el Papa-, morimos en la asfixia de nuestro pequeño yo; si adoramos las riquezas de este mundo, se apoderan de nosotros y nos hacen esclavos. Por otra parte, cuando adoramos al Señor Jesús presente en la Eucaristía, recibimos también una nueva mirada sobre nuestra vida: no soy las cosas que poseo ni los éxitos que consigo. Soy un hijo amado, estoy bendecido por Dios; Él ha querido revestirme de belleza y me quiere libre de toda esclavitud". De ahí la invitación a redescubrir la adoración, "una oración que se suele olvidar". Redescubrámosla: nos libera y nos restituye nuestra dignidad de hijos, no de esclavos".

Pero la parábola también recuerda el abismo que separa al rico del pobre Lázaro, una "fosa" que él mismo cavó. "Es doloroso comprobar que esta parábola sigue siendo la historia de nuestros días”, agregó el Pontífice. “Las injusticias, las desigualdades, los recursos de la tierra distribuidos de forma injusta, el abuso de poder contra los débiles, la indiferencia ante el grito de los pobres, el abismo que cavamos cada día generando marginación, no pueden dejarnos indiferentes. Por eso, hoy, juntos, reconozcamos que la Eucaristía es una profecía de un mundo nuevo".

"Soñamos con una Iglesia eucarística -concluyó Francisco- formada por mujeres y hombres que se parten como pan para todos los que mastican la soledad y la pobreza, para los que tienen hambre de ternura y compasión, para aquellos cuyas vidas se desmoronan porque les ha faltado la buena levadura de la esperanza". Una Iglesia que se arrodilla ante la Eucaristía y adora con admiración al Señor presente en el pan; pero que también sabe inclinarse con compasión y ternura ante las heridas de los que sufren, levantando a los pobres, enjugando las lágrimas de los que padecen, haciéndose pan de esperanza y alegría para todos. Porque no hay verdadero culto eucarístico sin compasión por los muchos "Lázaros" que aún hoy caminan a nuestro lado".

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