28/03/2024, 17.50
MYANMAR
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Religiosa birmana: 'El calvario de mi país, reducido al hambre por la guerra'

de Hna. Regina *

El testimonio de la Hna. Regina, de las Hermanas de la Reparación: "Los niños y los ancianos sufren en los bosques sin ayuda humanitaria porque los militares han cortado las rutas. El servicio militar obligatorio sirve para contar con escudos humanos y obligar a los rebeldes a matar a sus propios compatriotas. Nuestras hermanas se mantienen cerca de las personas y caminan con ellas, incluso entre lágrimas, peligros y dolores".

 

Milán (AsiaNews) - El Centro PIME de Milán organizó el 27 de marzo un momento especial de oración por la paz en Myanmar en la iglesia de San Francisco Javier, un país que, como recordamos hace pocos días, vive también este año una Pascua marcada por guerra, por la libertad negada y el sufrimiento. Publicamos el testimonio que dio durante la celebración la hermana Regina, religiosa birmana de las Hermanas de la Reparación - una congregación fundada por el venerable padre Carlo Salerio, uno de los primeros misioneros del PIME - que trabaja en Myanmar desde 1895 y a través de muchas de sus religiosas birmanas continúa sirviendo a su país en estas horas tan difíciles.

 

 Han pasado tres años desde el golpe de Estado que desestabilizó la naciente democracia en Myanmar y la situación ha seguido empeorando en muchos aspectos: no son sólo los muertos, muchos de ellos jóvenes, los numerosos heridos, las casas incendiadas, las personas que huyen a la selva y acampan en situaciones precarias ante el doloroso y deprimente silencio de las instituciones internacionales. También es importante señalar, sobre todo en los últimos tiempos, el alarmante peligro del hambre y el aumento de los precios de los alimentos, lo que coloca a las personas en una situación insostenible y muy a menudo desemboca en robos recíprocos.

Puedo testificar que hace aproximadamente una semana el hermano de una amiga estaba circulando en su moto cuando un grupo de personas lo atacaron, lo golpearon y le robaron la moto. Terminó en el hospital y todavía está grave. La gente hambrienta también saquea las tiendas y todos viven con miedo, preocupados por sus propias vidas.

Los pobladores de las aldeas, sobre todo los niños y los ancianos, sufren porque se ven obligados a abandonar sus hogares para refugiarse en la selva en lugares inaccesibles, donde no hay agua potable ni alimentos y donde las lluvias torrenciales y el viento impiden dormir.

Esto no está ocurriendo sólo en algunos lugares, sino en muchas zonas de Myanmar. La ayuda humanitaria tampoco puede llegar porque, debido a los enfrentamientos, las carreteras están bloqueadas por los militares, y estos bombardean sin piedad los campos de desplazados, escuelas, hospitales, tiendas e iglesias donde la gente trata de refugiarse.

Durante la noche, además de los bombardeos aéreos y los cortes de electricidad que dejan a la gente a oscuras, el ejército realiza incursiones, entran solados armados en las casas y detienen a personas sin motivo alguno, sumiendo en el pánico aldeas enteras. Cuando los niños oyen o ven un avión salen corriendo a buscar un escondite. Al dolor por los muertos y heridos se suma también el gran sufrimiento de no poder comunicarse con las organizaciones que podrían intervenir para aliviarlos.

Los jóvenes birmanos son conscientes de que están entregando su vida para construir la tan deseada democracia y están decididos a no volver atrás. Incluso los numerosos grupos étnicos que componen nuestro pueblo se han incorporado como brazo armado a las "Fuerzas de Defensa del Pueblo" para luchar contra el régimen militar.

El 12 de marzo pasado el régimen emitió una ley que obliga a los jóvenes birmanos de entre 18 y 35 años, a las mujeres de hasta 28 años e incluso a los menores de edad a realizar el servicio militar. El objetivo es utilizarlos como escudos humanos colocándolos en primera línea, donde no hay escapatoria, y obligándolos a matar a sus propios compatriotas, fomentando así los conflictos étnicos y religiosos. Para escapar de esta situación inhumana los jóvenes tienen dos posibilidades: unirse a las fuerzas revolucionarias, las “People's Defence Force” y luchar contra el régimen, o marcharse al extranjero. Recientemente, un joven se quitó la vida ante la posibilidad de ser reclutado por el régimen.

En medio de esta tragedia, nuestro Instituto trata de ayudar todo lo posible a las personas mediante el alimento físico y el apoyo espiritual. Algunas hermanas viven junto con los refugiados para estar cerca de los niños y las madres, creando una vida paranormal en medio de la selva con escuelas, el catecismo y otras actividades. Pero esto también es muy difícil porque los militares controlan nuestros conventos y no permiten viajes ni desplazamientos. Sin embargo, la congregación sigue decidida a permanecer cerca de las personas y caminar con ellas, entre lágrimas y dolores, afrontando los desafíos y peligros cotidianos.

La Iglesia birmana ha dado algunos pasos a través de sus obispos y sacerdotes y contactaron a los responsables del régimen, que hicieron promesas pero después no cumplieron los acuerdos que se habían decidido. Los obispos animan a toda la población a ayudarse mutuamente, especialmente en las zonas donde el conflicto es más violento. Algunos sacerdotes han elegido vivir junto con sus filigreses en los campos de refugiados.

Nuestro país tiene una gran necesidad de curación. Necesita paz y justicia. Les pido por favor que recen para que Myanmar tenga un futuro de paz.

* religiosa de las Hermanas de la Reparación

 

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