02/03/2024, 15.34
MUNDO RUSO
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Rusia y el mundo de los ilusos

de Stefano Caprio

A Medveded le gustaría enviar a los žduny a los campos de concentración de Siberia para que sean reeducados. En la Rusia actual, las embestidas contra los "traidores" no son simplemente intentos de infundir terror en la población, acostumbrada desde hace años al consenso pasivo. Son, en cierto modo, un llamado a "dar un paso al frente", que responden a la imperiosa necesidad de identificar a un enemigo interno, sea quien sea. Porque sin enemigos no existe la identidad del poder.

 

La frase del ex presidente Dmitri Medvedev, pronunciada, como de costumbre, con marcada exasperación debido a su carácter inestable y el elevado consumo de líquidos estimulantes, tuvo cierta repercusión en Rusia: "Hay que enviar a los žduny de las nuevas regiones a los campos de concentración de Siberia para que sean reeducados”, utilizando un término muy popular en Rusia en este momento. Žduny deriva del verbo ždat, “esperar”, y la amenaza está dirigida a “los que esperan”, sin más especificaciones, los ilusos de todas las categorías. Pueden ser los habitantes de las regiones ocupadas que esperan la liberación de la invasión, o los relokanty que esperan volver a sus hogares, o las mujeres que esperan ansiosamente el regreso de sus hijos y maridos movilizados para la guerra, o incluso aquellos que sueñan con el comienzo de una nueva época de protestas tras el sensacional asesinato y el tan controvertido funeral de Alexei Navalny. Son los muchísimos ilusos de Rusia, Ucrania y otros países del mundo que no esperan otra cosa que el regreso a una vida pacífica.

Como recuerdan los redactores de la columna Signal del sitio web Meduza, el término se hizo popular en Rusia con la escultura Homunculus loxodontus de 2016 de la artista holandesa Margriet van Breevoort para el Centro Médico de la Universidad de Leiden, y representa las emociones de las personas que esperan en la antesala del consultorio médico. En toda Europa del Este la imagen se ha vuelto viral en memes de Internet y se ha reproducido en pinturas, fotografías, vídeos y otros medios visuales. Se la denomina ždun en ruso, počekun en ucraniano o pačakun en bielorruso, siempre con el sentido de la trémula e ilusoria espera de un desenlace positivo para los propios sufrimientos.

Los žduny rusos, según diversas interpretaciones, recuerdan a las "esposas de los decembristas", los revoltosos que fueron enviados a Siberia por el zar Nicolás I tras el intento de insurrección de diciembre (dekabr) de 1825, que inauguró la etapa más represiva de la Rusia imperial, y por tanto todos aquellos que, desde la época soviética hasta los tiempos de Putin, esperan que se cumplan las condenas manteniendo una correspondencia con sus seres queridos perseguidos marcada por la desesperación. En el Parlamento, las oficinas de correos, las estaciones de metro de Moscú, San Petersburgo y otras ciudades se exhiben imágenes de los žduny, que se consideran símbolos irónicos, pero no demasiado ofensivos, de la paciencia que se debe tener ante las dificultades de la vida. Pero ahora la proclama de Medvedev les atribuye un significado mucho más siniestro.

Hoy se identifica a los ilusos con los disidentes, o en general con todos aquellos que son "reacios a colaborar" con las necesidades de las operaciones especiales militares y "morales" para salvaguardar los valores tradicionales. Desde la primavera de 2022 los ucranianos se convirtieron en los principales žduny, que vieron concentrarse a los ejércitos rusos en sus fronteras esperando que fuera sólo una escenificación intimidatoria, y después, a partir de febrero de 2022, tuvieron que aprender a vivir la frustrante espera como principal experiencia de su vida. La represión de la disidencia se convierte así en represión de la pasividad, una condición que también comparte la mayoría de los rusos, la "política del avestruz" (politika štraussa) que se somete a la voluntad del poder, como en el oscuro túnel de una noche interminable, donde nunca se vislumbra el comienzo de un nuevo día.

La amenaza de condena a los ilusos resuena también en las proclamas de la propaganda preelectoral, como explica la presidenta de la Comisión Electoral, Ella Pamfilova, insistiendo en los peligros derivados de la žduščaja oppozitsija, la "oposición en espera", que sólo aguarda el momento oportuno para "desacreditar las elecciones presidenciales de 2024", tal vez utilizando "argumentos engañosos" como la eliminación de Navalny para evitar un peligroso intercambio de prisioneros. El presidente de la Duma de Moscú, Vyacheslav Volodin, calificó como žduny y traidores a aquellos que "comen las galletas del Estado", aprovechando los subsidios sin mover un dedo para apoyar las necesidades bélicas y políticas, y propuso privarlos de la ciudadanía rusa (de todos modos, sería mejor que la Siberia de Medvedev). El diputado Andrej Gurulev había sugerido, en cambio, eliminarlos físicamente, "deshacerse de ellos de alguna manera", refiriéndose al 20% de los rusos que, según las estadísticas, no tienen confianza en el presidente Vladimir Putin.

En todas las versiones, los žduny son la nueva variante de la "quinta columna" de la época soviética, cuando cualquier ciudadano que no participara activamente en la edificación del paraíso comunista - sustituido ahora por el mundo ruso de Putin - resultaba sospechoso. Como decían en aquel tiempo los propagandistas del partido, son aquellos que "buscan debilitar al país, haciéndolo frágil y dependiente del exterior", atentando contra su integridad territorial e incluso tratando de desmembrarlo y desintegrarlo. El miedo a que "entre nosotros haya colaboradores del enemigo" es lo que ha dado origen a las leyes contra los "agentes extranjeros", contra el desacreditar a las Fuerzas Armadas y hasta las acusaciones de extremismo por las reuniones de oración privadas en las casas de los pentecostales o los Testigos de Jehová, o incluso por alta traición y "propaganda nazi", cargos todos que acarrean condenas de décadas en un campo de concentración, condenas que sólo se pueden reducir por trombosis de origen misterioso. Si el cuerpo de Navalny fue devuelto a su madre, cumpliendo al menos una de las ilusiones de sus partidarios, las muertes inesperadas de prisioneros en los campos de concentración rusos son cada vez más frecuentes, sin importar el artículo por el que fueron condenados, y terminan enterrados como perros detrás de los muros.

Durante la ocupación de las zonas invadidas de Ucrania en estos dos años, muchos ciudadanos participaron en acciones partisanas "esperando" la contraofensiva ucraniana que luego fracasó. Estos son, en el sentido más estricto, los žduny de Medvedev, atrapados por las nuevas ofensivas rusas de los últimos meses en el Donbass, como los habitantes de Avdeevka a los que se les concedió inmediatamente la ciudadanía rusa "con todos los derechos y deberes correspondientes". La fase decepcionante de la guerra, tras el segundo aniversario de la invasión, se extiende en cualquier caso a todos, ucranianos y rusos, occidentales y orientales, a la espera de un final que no se alcanza a ver.

Konstantin Malofeev, fundador del canal de televisión superpatriótico Tsargrad, explica que los ilusos son "aquellos que intentan inculcarnos la idea de que todos estamos cansados, de que no vale la pena seguir luchando", aunque no está claro a quién o a qué se refiere exactamente. El "exterminador" Gurulev insiste en que "los žduny son los que se denominan ciudadanos descontentos, seres saciados y acostumbrados a atiborrarse, educados por la cultura occidental a odiar desde su lujuria todo lo que es verdaderamente ruso". Esta explicación la comparte el blogger oficialista Jurij Turkul, para quien "lo único que importa a esta gente es el dinero, y mejor si hay cada vez más; les importan un comino sus antepasados, su país y su historia, sólo aman a los países occidentales".

Todas estas declaraciones tienen algo en común: no se termina de entender cuántos ždunys hay realmente en Rusia, cómo se hace para evaluar la "falta de patriotismo" y qué hay que hacer concretamente para eliminar este peligro. Las amenazas vuelan sin que consigan eliminar al "enemigo" clandestino, una dimensión del alma más que una categoría de activistas o atacantes secretos. En Rusia, las embestidas contra los "traidores" no son simplemente intentos de infundir terror en la población, acostumbrada desde hace años al consenso pasivo. Son, en cierto sentido, un llamado a "dar un paso al frente", que responden a la imperiosa necesidad de identificar un enemigo interno, sea quien sea. Porque sin enemigos no existe la identidad del poder, la "ortodoxia" política y religiosa que sólo se define gracias a "los que piensan de otra manera". La desaparición de Navalny hoy crea un nuevo problema para el Kremlin: ¿quién es ahora el enemigo al que hay que combatir?

Es por eso que se ataca a los pasivos y los ilusos, a los que no se pronuncian ni toman posición, una categoría que hoy parece incluir a la gran mayoría, no sólo de los rusos, sino de los ciudadanos de casi todos los países del mundo. Las elecciones ya no se evalúan por el porcentaje de consenso sino por el porcentaje de votantes: el zar necesita el 80% de los consensos, siempre que se declare un porcentaje similar de ciudadanos que participan en la votación; lo contrario lleva a pensar que una gran parte del pueblo es propensa a la traición.

La participación en la vida política, y en general en la vida de la sociedad, en Rusia y en cualquier país, en realidad es estimulada por un factor que las dictaduras no pueden tolerar: la esperanza del cambio. La unidad del pueblo no deriva del amor al soberano, sino de la búsqueda común de un mundo mejor, incluso cuando parece que esto no es posible, es más, precisamente cuando todo parece imposible. Y sin duda la historia de Rusia, con sus frecuentes caídas y renacimientos, da testimonio de esta incontrolable espera de un mundo nuevo. Después de todo, los žduny más famosos de la historia fueron María y Juan bajo la cruz de Cristo, junto con María Magdalena y los apóstoles que acudían al sepulcro, o los discípulos de Emaús, los mayores ilusos del Evangelio: "Esperábamos que fuera Él quien librara a Israel".

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