04/05/2018, 11.46
COREA - VATICANO
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Card. Yeom: Espero poder viajar pronto a Pyongyang

de Thomas Han*

La cumbre inter-coreana entre Moon Jae-in y Kim Jong-un abre una perspectiva de paz y unidad para todo el pueblo coreano. Multiplicar las reuniones de las familias divididas por la guerra. La Iglesia coreana debe tender a un mayor compromiso en la asistencia y en las relaciones interpersonales con el Norte. Seúl jamás se ha olvidado de rezar por el Norte y por sus mártires. Una entrevista con el arzobispo de Seúl y administrador apostólico de Pyongyang.

Seúl (AsiaNews)  -  El encuentro inter-coreano entre el presidente Moon Jae-in y el líder Kim Jong-un genera en el Card. Andrés Yeom Soo-jun un gran sentimiento de gratitud hacia Dios y hacia los hombres que han tornado esto posible.  En diálogo con AsiaNews, él dice que siendo arzobispo de Seúl, pero también administrador apostólico de Pyongyang, cultiva el deseo de poder viajar pronto a la capital de Norte, para reunirse con los cristianos que quedan y para celebrar con ellos una misa. Luego de la guerra de Corea, el Norte arrasó con la Iglesia y con muchos sacerdotes, religiosas y fieles laicos, que murieron como mártires. El Card. Yeom afirma que la fe de los católicos del Sur es deudora del testimonio de los fieles del Norte: “Nuestra libertad para vivir la fe se debe en parte a su oración y a su sacrificio”. Él espera poder enviar pronto un sacerdote a  Pyongyang, que pueda permanecer de manera estable, para ofrecer los sacramentos a los fieles que aún viven en el Norte. El purpurado cree “firmemente que el fuego del Espíritu Santo siempre siguió encendido en el Norte”. También valora de manera muy positiva el encuentro de las familias divididas por la guerra, y promete potenciar las ayudas humanitarias que el Sur brinda al Norte, para que sean ocasión, no sólo de un intercambio de objetos materiales, sino también un encuentro entre las personas. A continuación, la entrevista completa.

 

Su Eminencia, ¿cuáles son sus primeras impresiones sobre el encuentro llevado a cabo en Panmunjom?

Al presenciar la cumbre Sur-Norte que acaba de concluirse, mi corazón rebosó del un profundo agradecimiento a Dios, que siempre se acuerda de nuestras oraciones,  a la Santísima Virgen y Madre de Dios, que se ocupa de nuestra pueblo, y también a los últimos Papas que han solicitado a las autoridades responsables que se resuelvan los problemas a través del diálogo, pidiendo a todos los pueblos del mundo rezar por esta intención. Agradezco en particular al Papa Francisco, que ha invitado a todos los pueblos del mundo a sostener cualquier intento de diálogo en la península coreana. Por ende, agradezco también a todos los pueblos del mundo, que han rezado por la paz en la península coreana.  

 

¿Cómo valora los resultados del encuentro?

Yo diría que el resultado más significativo de esta cumbre es la cumbre misma, en el sentido de que con ésta se trata de verificar que el diálogo es el único instrumento moralmente válido para construir una paz duradera en esta península, superando las contraposiciones actuales. Esta reunión cumbre, que es la tercera en su tipo después de que se produjo la división de Corea entre Sur y Norte, constituye apenas un primer paso en el camino hacia la verdadera paz en la península. Es muy relevante que  ésta haya abierto la posibilidad de encaminarse a la paz y a la unificación a través de la desnuclearización completa de la península coreana. Deseo sinceramente que este encuentro cumbre sirva como motor, que impulse la paz verdadera para todo el pueblo coreano.

 

La cumbre no es una mera jugada geopolítica, sino que también abarca problemas humanitarios. ¿Cuáles son los más importantes?

Dado que la verdadera paz se funda en vivir una vida plenamente humana, la solución de los problemas humanitarios es muy importante. Entre los acuerdos de esta cumbre, considero que es muy positivo que se retomen las reuniones de las familias que quedaron separadas por la guerra coreana, en los últimos 65 años. Ya llevamos demasiado tiempo viviendo esta realidad tan desgarradora. En el Sur, hay casi 700.000 personas que fueron separadas de sus familias, sin ninguna posibilidad de comunicarse entre sí. La situación es más o menos la misma en el caso de las personas del Norte. En el pasado, unas 130.000 personas del Sur solicitaron al gobierno reunirse con sus familias del Norte. Más de la mitad de éstas, es decir, más de 70.000 personas han muerto en el ínterin.  Según tengo entendido, hay unas 57.000 personas que aún están con vida y muchas de ellas tienen más de 80 años. Sin embargo, por razones de índole política, no han sido autorizadas siquiera a comunicarse entre ellos, mucho menos encontrarse con sus familias del Norte, salvo en raros momentos de acuerdo político entre Sur y Norte. Desde 1985 se han organizado 20 reuniones de familias separadas. En cada ocasión, esta reunión duraba más o menos 12 horas, y se dividía en tres regiones. Es desolador ver que las familias están más doloridas aún después de estos encuentros.

Creo que la reunión de las familias separadas puede servir para curar las heridas de la división y promover la paz. Por eso, creo que las autoridades del Sur y del Norte deberán hacer todos los esfuerzos a su alcance para asegurar que esta reunión no se limite a un evento que sucede una vez cada tanto, sino que se desarrolle de manera asidua y continua, sobre todo, teniendo en cuenta la edad tan avanzada de estas familias.

Además del tema de las familias separadas, es importante la cuestión de las ayudas humanitarias puesto que implican contactos entre las personas del Sur y del Norte. Las ayudas humanitarias no debieran limitarse la entrega de bienes materiales, sino que más bien y sobre todo, debieran comportar el encuentro de las personas, el encuentro cara a cara entre las personas, compartir el amor y la esperanza, y la unión de los corazones en el pueblo. La arquidiócesis de Seúl siempre ha tratado de hacer lo mejor de sí para llevar adelante, de una manera u otra, varios proyectos de ayuda destinados a los pobres, a los enfermos, a los ancianos, a los bebés recién nacidos y a los niños del Norte que se encuentran en una situación de indigencia. Continuaremos ampliando estos proyectos, tanto en cantidad como en calidad, tratando de servir realmente a los destinatarios, y  procurando compartir la paz a través de los contactos inter-personales.

 

Además de la asistencia humanitaria, ¿cuál es la tarea del la Iglesia del Sur en relación al Norte?

La oración constituye el alfa y el omega de la tarea de la Iglesia que busca promover la reconciliación, la unidad y la paz en la Península coreana. La oración nos une a todos, haciendo que seamos uno, y hace que nuestas vidas se centren en Dios. Por ende, nos vuelve hermanos y hermanas.

En los últimos 23 años, los fieles de nuestra arquidiócesis jamás dejaron de celebrar la Santa Misa por la reconciliación de nuestro pueblo, regularmente, todos los días martes a las 7 de la tarde, en la catedral de Myeong-dong, en Seúl. Sobre todo en los últimos años, hemos celebrado esta Santa Misa con una intención renovada de custodiar nuestro corazón y para rezar por las parroquias que funcionaban en el Norte antes de que el país fuese dividido.  Antes de la guerra coreana, en el Norte había 57 parroquias activas, con 52.000 fieles y muchos sacerdotes, religiosos y laicos que dieron la vida por la fe, llegando al martirio.

Sobre todo después de la visita del Papa Francisco a Corea, nuestra arquidiócesis comenzó un nuevo proyecto, una campaña de oración cuyo título es “Una parroquia del Norte en mi corazón”, cuya intención es reavivar en la oración el recuerdo de los mártires y fieles de la Iglesia del Norte que se dedicaron a la Iglesia con una fe total, hasta el último momento, difundiendo la paz de Cristo en el Norte, y, por lo tanto, para tornar real la verdadera paz en la península coreana.

Continuamos rezando con un eslogan: “Uno está vivo mientras sea recordado; la oración será atendida si se persiste en ella”. A todos ustedes les pido, humildemente, rezar por la Iglesia y por nuestros hermanos y hermanas que están en el Norte.

 

Usted también es administrador apostólico de Pyongyang. ¿Cómo vive esta responsabilidad?

El año pasado, en la catedral de Seúl, celebramos el 90mo aniversario del establecimiento de la diócesis de Pyongyang. Lamentablemente yo, si bien soy Administrador Apostólico de la diócesis de Pyongyang, jamás pude poner un pie en Pyongyang. Pero todos los días rezo el rosario, pidiendo la intercesión de Santa María Inmaculada para que el Señor conceda gracia en abundancia a la Iglesia del Norte y por los fieles laicos que todavía hoy siguen viviendo su fe, de la forma que sea.  

Creo firmemente que el fuego del Espíritu Santo siempre ha quedado encendido en el Norte. Es más, que ha estado ardiendo con mayor intensidad en los momentos de dificultad. Creo firmemente que gracias al Espíritu Santo, muchos fieles todavía hoy siguen custodiando el recuerdo de la vida sacramental, es decir, de la vida en Dios, rezándole para que los ayude a vivir una vida en la fe plena, en la Iglesia, lo antes posible.  En cierto sentido, nuestra libertad para vivir la fe también se debe a su oración y a su sacrificio.  

Mi deseo es poder visitarlos cuanto antes y celebrar a Santa Misa, dando gracias a Dios, y alabándolo juntos. Es mi ferviente deseo que, cuanto antes, podamos enviarles sacerdotes para administrar los sacramentos y vivir con ellos y para ellos.

 

* Ex embajador de la República de Corea en la Santa Sede

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