06/03/2021, 13.38
IRAK-VATICANO
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El ​Papa en Irak: que los creyentes de todas las religiones transformen los instrumentos de odio en instrumentos de paz

Una jornada dedicada al diálogo entre los credos, que comenzó con una visita al líder de los chiíes iraquíes, Al-Sistani, y continuó con un encuentro interreligioso en la Ur de los Caldeos, un lugar bendito que "nos devuelve" al nacimiento de "nuestras religiones". "La hostilidad, el extremismo y la violencia no nacen de un alma religiosa: son traiciones a la religión".

Bagdad (AsiaNews) - Es deber de los creyentes afirmar la fraternidad entre los pueblos, negar la posibilidad de que la fe justifique la violencia, trabajar para combatir el dominio del dinero y la difusión de las armas. En cierto modo, la primera parte del segundo día del viaje del Papa Francisco a Irak es central, considerando el espíritu de la visita, y está dedicada al encuentro entre credos, al diálogo interreligioso.

La mañana se abre con un vuelo a Náyaf. Es la ciudad santa de los chiíes, donde Francisco se reúne con el Gran Ayatolá Al-Sistani, líder de los chiíes iraquíes. En Náyaf se encuentra la tumba del primer imán de los chiíes, Alí, primo y yerno de Mahoma. Además de las mezquitas, los santuarios y las escuelas religiosas, la ciudad santa del chiísmo iraquí es conocida por el cementerio de Wadi al-Salam, el más grande del mundo, porque los chiítas creen que ser enterrado en Nayaf garantiza la entrada al paraíso.

El Gran Ayatolá Sayyid Ali Al-Husayni Al-Sistani recibió al Papa "de pie", en señal de deferencia. Una nota del Vaticano dice que "durante la visita de cortesía, que duró unos cuarenta y cinco minutos, el Santo Padre subrayó la importancia de la colaboración y la amistad entre las comunidades religiosas para que, cultivando el respeto mutuo y el diálogo, se pueda contribuir al bien de Irak, de la región y de toda la humanidad". 

Para el Papa, el encuentro fue una oportunidad para agradecer al Gran Ayatolá Al-Sistani y a toda la comunidad chiíta, porque ante la violencia y las grandes dificultades de los últimos años, ha alzado su voz en defensa de los más débiles y perseguidos, afirmando el carácter sagrado de la vida humana y la importancia de la unidad del pueblo iraquí. Al despedirse del Gran Ayatolá, el Santo Padre reiteró su oración a Dios, Creador de todo, pidiendo por un futuro de paz y fraternidad para la amada tierra de Irak, para el Oriente Medio y para el mundo entero".

Fueron significativos los carteles desplegados a lo largo de la carretera que va del aeropuerto a la residencia del gran ayatolá - situada en el interior del santuario dedicado al imán Alí. En las pancartas, se destacaba la leyenda: "Tú eres parte de nosotros y nosotros somos parte de ti", con los rostros del Papa y de Al-Sistani al pie de la frase. Su oficina dijo que durante la reunión, al-Sistani agradeció a Francisco por haber hecho un esfuerzo para viajar a Nayaf y le dijo que los cristianos en Irak deben vivir "como todos los iraquíes”, gozando de la “seguridad y la paz, y de plenos derechos constitucionales."

Desde Nayaf, el pontífice se dirigió a la Ur de los Caldeos, donde a Juan Pablo II se le impidió ir. Es el lugar de nacimiento de Abraham, el patriarca que unió a judíos, cristianos y musulmanes, la ciudad que Dios pidió a Abraham que dejara para dirigirse a la tierra que le estaba destinada.

Es un lugar bendito que "nos devuelve" al nacimiento de "nuestras religiones", como lo definió el Papa al tomar la palabra durante el encuentro interreligioso que, significativamente, se celebró aquí. Participaron representantes de todas las religiones presentes en el país, y hubo cantos, lecturas de la Biblia y del Corán, testimonios de cercanía entre personas de diferentes credos.

"Quien sigue los caminos de Dios no puede estar contra alguien, sino a favor de todos", dijo Francisco. “Desde este lugar donde surgió la fe, desde la tierra de nuestro padre Abraham -reiteró- afirmamos que Dios es misericordioso y que la ofensa más blasfema es profanar su nombre odiando al hermano. La hostilidad, el extremismo y la violencia no nacen de un alma religiosa: son traiciones a la religión. Y los creyentes no podemos callar cuando el terrorismo abusa de la religión. Por el contrario, nos corresponde disipar claramente los malentendidos. ¡No permitamos que la luz del Cielo sea cubierta por las nubes del odio!".

Aquí, agregó Francisco, Abraham “escuchó la llamada de Dios, y desde aquí emprendió un viaje que cambiaría la historia. Somos el fruto de esa llamada y de ese viaje". Y "nos corresponde a nosotros, a la humanidad de hoy, y sobre todo a nosotros, creyentes de todas las religiones, convertir los instrumentos de odio en instrumentos de paz. Nos corresponde exhortar con fuerza a los dirigentes de las naciones para que la creciente proliferación de armas dé paso a la distribución de alimentos para todos. Nos corresponde acallar las acusaciones mutuas para dar voz al grito de los oprimidos y descartados del planeta: ¡son demasiados los que se ven privados de pan, medicinas, educación, derechos y dignidad! Nos corresponde arrojar luz sobre las turbias maniobras que giran en torno al dinero y exigir con fuerza que el dinero no acabe siempre alimentando la riqueza desenfrenada de unos pocos. Nos corresponde a nosotros proteger la casa común de nuestras intenciones depredadoras. Nos corresponde recordar al mundo que la vida humana vale lo que es y no lo que tiene, y que la vida de los no nacidos, de los ancianos, de los emigrantes, de los hombres y mujeres de cualquier color y nacionalidad es siempre sagrada y cuenta como la de todos. Depende de nosotros tener el valor de levantar los ojos y mirar las estrellas, las estrellas que vio nuestro padre Abraham, las estrellas de la promesa”.

Y también hoy, como ayer, al referirse a los "oscuros nubarrones del terrorismo, la guerra y la violencia", que han golpeado a todas las comunidades étnicas y religiosas, el pontífice recordó a los yazidíes, que han llorado la muerte de muchos hombres y han visto "a miles de mujeres, niñas y niños secuestrados, vendidos como esclavos y sometidos a violencia física y conversiones forzadas". "Hoy rezamos -dice- por los que han soportado tanto sufrimiento, por los que aún están desaparecidos y secuestrados, para que puedan volver pronto a sus hogares. Y pedimos que la libertad de conciencia y la libertad religiosa sean respetadas y reconocidas en todas partes: son derechos fundamentales, porque hacen que el hombre sea libre de contemplar el Cielo para el que fue creado”.

"No habrá paz -dijo luego- sin compartir y acoger, sin una justicia que garantice la equidad y la promoción para todos, empezando por los más débiles. No habrá paz si los pueblos no tienden la mano a otros pueblos. No habrá paz mientras los otros sean ellos y no nosotros. No habrá paz mientras las alianzas sean contra alguien, porque las alianzas de unos contra otros sólo aumentan las divisiones. La paz no pide vencedores ni vencidos, sino hermanos y hermanas que, a pesar de los malentendidos y las heridas del pasado, se encaminan desde el conflicto hacia la unidad. Pidamos esto en la oración por todo Oriente Medio, pienso en particular en la cercana y atormentada Siria".

"Nosotros, descendientes de Abraham y representantes de diferentes religiones, sentimos que tenemos sobre todo este papel: ayudar a nuestros hermanos y hermanas a elevar su mirada y su oración al Cielo. Todos necesitamos esto, porque no nos bastamos a nosotros mismos". (FP)

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