10/11/2016, 13.41
EGIPTO - ARABIA SAUDITA
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El Cairo rompe con Riad y apunta la mirada a Moscú (y a Teherán) para relanzar la economía

Lo que agudizó el enfrentamiento fue la oposición egipcia a una resolución saudita de corte anti-sirio presentada en la ONU. Pero los verdaderos motivos son de índole económica: Riad atraviesa una grave crisis y está mermando su influencia en la región. Irán y Rusia acuden en socorro de las arcas egipcias. Hay consultores militares egipcios reunidos en Damasco.

El Cairo (AsiaNews) – Las relaciones entre los dos países sunitas más influyentes del mundo árabe, que parecían haber reflorecido tras la última visita oficial del rey saudita a Egipto, se han deteriorado rápidamente en las últimas semanas, llegando a tocar niveles tan bajos al punto de casi derivar en una abierta enemistad. Y sin embargo, el reciente encuento entre los líderes  de las dos naciones fue el viático para la firma de contratos multimillonarios, la provisión de petróleo crudo por cinco años y la definición de confines marítimos entre los dos países; en este contexto también hubo de registrarse la polémica “cesión” (o “restitución”, según cuál sea el punto de vista) de dos islas, Tiran y Sanafir, que Egipto entregaría a Arabia Saudita.

¿Qué fue lo que sucedió en cuestión de pocas semanas? ¿Cuál ha sido el motivo de este deterioro en las relaciones amistosas y de apoyo mutuo, coronadas por una tradición de relaciones entre Egipto y los países del Golfo árabe, que se ha prolongado por décadas?

La prensa árabe señala como causa la posición adoptada por El Cairo en el Consejo de Seguridad de la ONU, y el voto de Egipto, que se opuso a una resolución de corte anti-sirio, promovida por Riad. Para Arabia Saudita esta decisión habría significado una suerte de traición. Un motivo que podría parecer válido.

En cambio, la verdad ha de ser buscada en otra parte. Los países del Golfo –y sobre todo, la otrora opulenta Arabia Saudita- están atravesando una grave crisis económica; las arcas del reino saudita se están vaciando, debido a los gastos exorbitantes sostenidos para financiar guerras y facciones yihadistas que están perdiendo en Siria, Irak, Libia y Yemen.  En este último caso, se trata el del país en el cual el conflicto sucede con la intervención directa de las tropas de Riad, y con la denuncia de crímenes de guerra –que son reiteradamente difundidas y con una frecuencia creciente- por parte de organismos internacionales que en otro tiempo solían ser mucho más permisivos frente a las violaciones de los derechos humanos cometidas por los sauditas.  

Acabada –o cuando menos, reducida- la financiación, la diplomacia saudita registra una enorme pérdida de influencia en la gestión –entre bambalinas- de las cuestiones internas de algunos países. Y la reciente elección de Michel Aoun (enemigo acérrimo de Riad) como presidente del Líbano ha sido la prueba más evidente de ello.

Los escándalos en Riad se suceden, y no pasa un día sin que haya noticias desastrosas sobre la marcha de la economía: en sentido cronológico, la última fue la desaparición de 1000 millardos de dólares de las arcas del reino, información que fue difundida por los medios de comunicación social el 8 de noviembre pasado, y cuya fuente han sido ambientes cercanos a la corte real.  

Al no poder seguir inyectando ríos de dinero contante en las cajas egipcias, como ocurría en el pasado, Arabia Saudita necesitaba una justificación para interrumpir el envío de “ayudas”. Simultáneamente, El Cairo, presintiendo que habrían de tomarse estas decisiones, invirtió la ruta optando por volcarse a los caballitos de batallas vencedores del momento: Irán, Siria y el “amigo-enemigo” de siempre, Rusia.

De manera repentina, la sociedad petrolera saudita Aramco suspendió las exportaciones de petróleo a Egipto; una medida “punitiva”, que va acompañada del recorte de fondos a El Cairo. Medidas que han forzado a Egipto a aceptar un préstamo de 12 millardos de dólares provisto por el Fondo monetario internacional (FMI), a ser erogados en tres años. Una decisión que será ratificada por la cúpula del FMI en la reunión programada para mañana, y que prevé condiciones extremas que a largo plazo terminarán siendo nefastas. Entre éstas, figuran la subordinación de la esterlina egipcia a las condiciones de mercado, la liberalización de precios del cambio y la reducción del subsidio estatal sobre los costos del suministro de energía eléctrica y del combustible (que giran en torno al 7,9% del gasto público). Todas ellas opciones que tendrán como consecuencia efectos nefastos en la población civil egipcia, que prácticamente ya linda con la necesidad. Y el descontento comienza a difundirse tanto, que mañana está prevista una manifestación de protesta popular sostenida –y encabezada- por los Hermanos Musulmanes.  

Sin embargo, la venganza egipcia no tardó en llegar: el 8 de noviembre, el Tribunal administrativo de El Cairo rechazó el acuerdo firmado por el presidente egipcio y el monarca saudita Salman, referido a la restitución (o cesión) de las dos islas. Y al mismo tiempo, condenó a Abd al-Fattah al-Sisi a pagar 800 esterlinas egipcias en concepto de multa.

En el plano energético, en los últimos días el vocero del ministerio egipcio del Petróleo, Hamdi Abdel Aziz, hizo saber que se ha remediado el problema, y que el cese en la provisión de Aramco no tendrá ningún efecto en la realidad práctica. Todo ello, sin especificar de dónde obtendrá Egipto los recursos para suplir su necesidad de petróleo. Con respecto a esto, noticias difundidas por ambientes egipcios fehacientes hablan acerca de un acuerdo entre El Cairo y la sociedad Socar de Azerbaiyán.

Este progresivo alejamiento entre El Cairo y Riad por una parte, y entre Egipto y Qatar y los Emiratos Árabes Unidos, por otra, se traduce, por lo tanto, en un reacercamiento del país hacia Teherán y Moscú. El 7 de noviembre pasado, El Cairo decidió reabrir el paso de Rafah con Gaza, y no enviar tropas a Siria en apoyo del gobierno local, dando fe de la tradición egipcia de no intervenir fuera de los confines nacionales. Sin embargo, el apoyo a Siria se materializa en el envío de expertos y consultores militares, tal como hiciera Egipto con el ejército de Haftar en Libia. (PB)

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