21/02/2019, 17.46
VATICANO
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El Card. Tagle y Mons. Scicluna sobre las responsabilidades de los obispos en la protección de los menores

En el encuentro en curso en el Vaticano, el Card. Tagle puso en luz “nuestra falta de respuesta a los sufrimientos de las víctimas”, el miedo de ser involucrados y a tocar “el flagelo de la humanidad”. Curar las heridas con la justicia y el perdón. La atención también a los culpables. Mons. Scicluna; Actuar “a tiempo” todos los protocolos establecidos, obedeciendo a las leyes civiles. Una mayor atención en la elección de los candidatos al sacerdocio. Los obispos estén cerca de sus curas.

 

Ciudad del Vaticano (AsiaNews)- El encuentro en el Vaticano sobre la protección de los menores de los abusos perpetrados por hombres de Iglesia se focalizó esta mañana sobre las responsabilidades de obispo y superiores religiosos en el escuchar a las víctimas, juzgar las ofensas, reconciliar, prevenir.
Después de la intervención del Papa Francisco, esta mañana se hicieron dos relaciones. La primera, del Card. Luis Antonio Tagle, arzobispo de Manila, que puso en luz “nuestra falta de respuesta a los sufrimientos de las víctimas”; la segunda de Mons. Charles J. Scicluna, arzobispo de Malta, secretario adjunto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y miembro del Comité ejecutivo del encuentro en curso.

Con un corte más teológico y una “perspectiva de fe y eclesial”. partiendo de la aparición de Jesús resucitado delante de los discípulos miedosos y por el Su “mostrar las llagas” (cfr. Jn 20. 19-28), el Card. Tagle subrayó que es importante y sin miedo acercarse a las llagas de Cristo, que son también los flagelos de la humanidad”, “de nuestro mundo” y a través del cual se vuelven seguros de Su resurrección. A menudo esto no sucede “por miedo”, porque “las llagas de Cristo resucitado traen a la memoria nuestra debilidad y pecaminosidad”. “Sólo estando cerca a Sus llagas- dijo- ellos (los discípulo) pueden ser enviados a una misión de reconciliación y perdón”.

El Card, Tagle también subrayó el valor de hacer justicia, pero también se preguntó so0bre “el cómo ayudar a las víctimas a curarse de los efectos de los abusos”. Citando algunos estudios científicos, él dijo que más allá de la justicia es necesario el perdón: este es “un potente y científicamente válido recorrido para eliminar el dolor, el resentimiento”, volviendo a dar vida al corazón.
Pero también es necesario ayudar a los autores de los abusos: “En lo que se refiere a las víctimas, debemos ayudarlas a hacer surgir su profundas heridas y curarlas. En lo que respecta a aquellos que han perpetrado los abusos, necesitamos servir a la justicia y enfrentar sin racionalizar y al mismo tiempo no ignorar su mundo interior, sus heridas”.

“Aprendiendo del Señor resucitado y de sus discípulos-concluyó-nosotros miramos y tocamos las llagas de las víctimas, de las familias, del clero inocente y culpable, de la Iglesia y de la sociedad. Mirando a Jesús herido por la traición y por el abuso de poder, vemos las llagas de aquellos afectados por aquellos que tendrían que haberlos protegido. En Jesús experimentamos la misericordia que preserva la justicia y celebra el don del perdón”.

La relación de Mons. Scicluna es una especie de prontuario de todos los estados sobre los cuales es necesario proceder en los casos de abuso contra los menores. Citando abundantemente a Benedicto XVI en su Carta al Pueblo de Dios en Irlanda (19 de marzo de 2010) y la de los obispos de Irlanda de 2006, él pide a todos los obispos y superiores obre “sin no necesarios atrasos” en el poner en práctica los “protocolos establecidos” y en el obedecer “a las leyes civiles y locales”.  Mons. Scicluna sugiere que los obispos hagan evaluaciones comunes, que la comunidad cristiana sea informada, que las decisiones sobre aquellos que son reconocidos como culpables sean realizados “a tiempo”. Los casos graves de abusos contra los menores de 18 años deben involucrar a la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Una parte de su ponencia estuvo dedicada a la “prevención de la mala conducta sexual” por parte del clero. Esto debe suceder con una atenta “evaluación de los futuros candidatos”, introduciendo en la formación cursos sobre la protección de los menores, prestando atención en hacer crecer a los candidatos en una “profunda y sana formación sobre la libertad humana y sana doctrina moral”.

Subrayando una vez más la importancia de una “cultura de la apertura” y no del esconder, el arzobispo de Manila exhorta a los pastores a estar cerca y a conocer a sus curas y religiosos: “Les pido de estar atentos a la vida espiritual y moral de cada uno de vuestros sacerdotes. Sirvan ustedes como ejemplo, deben estar cerca de ellos escuchando sus preocupaciones, ofrezcan a ellos el aliento en este difícil tiempo encender la llama de su amor por Cristo y su compromiso por sus hermanos y hermanas”.

 

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