08/07/2015, 00.00
VATICANO – ECUADOR
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El Papa en Ecuador: los sacerdotes estén “sin bastón ni alforja”, perseverantes en el anunciar el Reino.

El último encuentro del Papa Francisco fue dedicado a los sacerdotes y religiosos, a mediodía (hora local) partirá para Bolivia. “Acoger la misión sin poner condiciones”, conscientes que “no nos pertenecemos más, que nuestra vocación nos pide renunciar a todo egoísmo y a cada búsqueda de ganancia material o de compensación afectiva”, venidos para servir y no para ser servidos.

Quito (AsiaNews)- “Acoger la misión sin poner condiciones”, conscientes que “no nos pertenecemos más, que nuestra vocación nos pide renunciar a todo egoísmo, a toda búsqueda de ganancia material o de compensación afectiva”, venidos a servir y no para ser servidos, con “un total desapego, sin bastones y sin alforjas”, perseverantes en anunciar el Reino y llevar la salvación a todos. Fue dedicado a sacerdotes y religiosos el último encuentro del Papa Francisco en Ecuador que a mediodía (hora local) partirá para Bolivia.

De hecho, esta mañana, el Papa fue a Tumbaco para visitar la Casa de descanso de las Misioneras de la Caridad, donde saludó, uno por uno a los ancianos huéspedes. De allí Francisco se dirigió al santuario nacional mariano “El Quinche (en la foto), que recuerda algunas apariciones de la Virgen, acontecidas en el año 1561, donde estaban reunidos sacerdotes, religiosos y religiosas y seminaristas.

En un saludo dirigido hablando libremente, Francisco recordó el “gratuitamente habéis recibido, gratuitamente den” de Jesús. “No lo olviden por favor, no cubran la gracia de la gratuidad, es un regalo de Jesús, el más bello de nuestra vida sacerdotal y religiosa”. “Gratuidad y servicio” son las 2 indicaciones principales del Evangelio. “No perdamos la memoria de dónde ´provenimos”. “No se sientan superiores a la fe que habéis recibido de vuestra mamá y de vuestro papá”. “Piensen- dijo aún- en aquellos que después de entrar al seminario no quieren hablar en su propia lengua, en la lengua de sus padres… Sucede. El deseo de crecer es humano, pero el servicio es aquel al cual hemos sido llamado”. “La gratuidad es una gracia, cuando un sacerdote entra en “carrera” se detiene en su camino espiritual”.

En el discurso que pronunció el Papa, inspirada en la Presentación de la Virgen (a la que se dedica el santuario, ndr), dice que "podemos encontrar algunas sugerencias para nuestro propio llamado. La Virgen Niña fue un regalo de Dios para sus padres y para todo el pueblo, que esperaba la liberación. Es un hecho que se repite frecuentemente en la Escritura: Dios responde al clamor de su pueblo, enviando un niño, débil, destinado a traer la salvación y, que al mismo tiempo, restaura la esperanza de unos padres ancianos. La palabra de Dios nos dice que en la historia de Israel, los jueces, los profetas, los reyes son un regalo del Señor para hacer llegar su ternura y su misericordia a su pueblo. Son signo de la gratuidad de Dios: es Él quien los ha elegido, escogido y destinado. Esto nos aleja de la autoreferencialidad, nos hace comprender que ya no nos pertenecemos, que nuestra vocación nos pide alejarnos de todo egoísmo, de toda búsqueda de lucro material o compensación afectiva, como nos ha dicho el Evangelio. No somos mercenarios, sino servidores; no hemos venido a ser servidos, sino a servir y lo hacemos en el pleno desprendimiento, sin bastón y sin morral".

 "La «autoridad» que los apóstoles reciben de Jesús no es para su propio beneficio: nuestros dones son para renovar y edificar la Iglesia. No se nieguen a compartir, no se resistan a dar, no se encierren en la comodidad, sean manantiales que desbordan y refrescan, especialmente a los oprimidos por el pecado, la desilusión, el rencor (cf. Evangelii gaudium 272)".

"El segundo trazo que me evoca la Presentación de la Virgen es la perseverancia. En la sugestiva iconografía mariana de esta fiesta, la Virgen niña se aleja de sus padres subiendo las escaleras del Templo. María no mira atrás y, en una clara referencia a la admonición evangélica, marcha decidida hacia delante. Nosotros, como los discípulos en el Evangelio, también nos ponemos en camino para llevar a cada pueblo y lugar la buena noticia de Jesús. Perseverancia en la misión implica no andar cambiando de casa en casa, buscando donde nos traten mejor, donde haya más medios y comodidades. Supone unir nuestra suerte con la de Jesús hasta el final. Algunos relatos de las apariciones de la Virgen de Quinche nos dicen que una “señora con un niño en brazos” visitó varias tardes seguidas a los indígenas de Oyacachi cuando éstos se refugiaban del acoso de los osos. Varias veces fue María al encuentro de sus hijos; ellos no le creían, desconfiaban de esta señora, pero les admiró su perseverancia de volver cada tarde al caer el sol. Perseverar aunque nos rechacen, aunque se haga la noche y crezcan el desconcierto y los peligros. Perseverar en este esfuerzo sabiendo que no estamos solos, que es el Pueblo Santo de Dios que camina”. "Caminamos juntos, apoyándonos unos a otros, y humildemente pedimos el don de la perseverancia en su servicio"

"Nuestra Señora del Quinche fue ocasión de encuentro, de comunión, para este lugar que desde tiempos del incario se había constituido en un asentamiento multiétnico. ¡Qué lindo es cuando la iglesia persevera en su esfuerzo por ser casa y escuela de comunión, cuando generamos esto que me gusta llamar la cultura del encuentro!". "Una iglesia en salida es una iglesia que se acerca, que se allana para no estar distante, que sale de su comodidad y se atreve a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del evangelio (cf. Evangelii gaudium 20)".

Y concluyó, "no olvidemos cuidar, animar y educar la devoción popular que palpamos en este santuario y tan extendida en muchos países latinoamericanos. El pueblo fiel ha sabido expresar la fe con su propio lenguaje, manifestar sus más hondos sentimientos de dolor, duda, gozo, fracaso, agradecimiento con diversas formas de piedad: procesiones, velas, flores, cantos que se convierten en una bella expresión de confianza en el Señor y de amor a su Madre, que es también la nuestra".

 

[Texto original del discurso del Papa Francisco en español]

 

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