05/09/2019, 13.30
MOZAMBIQUE - VATICANO
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El Papa en Mozambique: construir la paz, una ‘frágil flor’ que requiere un arduo trabajo

Los primeros compromisos de Francisco en Mozambique estuvieron dedicados a las autoridades civiles y a los jóvenes. “El mundo se destruye por la enemistad. Y la enemistad más grande es la guerra. Cada día, vemos que el mundo se está destruyendo por la guerra. Porque son incapaces de sentarse y hablar”.

Maputo (AsiaNews) – Construir la paz a través de la reconciliación, de un “tender la mano” al otro. Es el mensaje que Papa Francisco dirige hoy a Mozambique, un país que hace poco menos de un mes, el 6 de agosto, logró un acuerdo de paz con el cual se puso fin a 40 años de conflicto armado, que provocó cuando menos un millón de muertos.  

Luego de arribar anoche a  Maputo, el Papa dedicó los primeros compromisos de su 31er viaje pastoral a las autoridades y a los jóvenes. 

Ante todo, hizo la protocolaria visita de cortesía al presidente de la República, Filipe Jacinto Nyusi. Tras el encuentro en el Palacio Ponta Vermelha, en el Salón Indias, el Papa se reunió con las autoridades políticas y civiles, con la presencia de líderes de los partidos de la oposición y el cuerpo diplomático.  

“Vosotros -fueron sus palabras- conocéis el sufrimiento, el luto y el desconsuelo, pero no habéis dejado que el criterio regulador de las relaciones humanas fuera la venganza o la represión, ni que el odio y la violencia tuvieran la última palabra.”.

“En el transcurso de todos estos años -continuó-  habéis experimentado que la búsqueda de la paz duradera —una misión que compromete a todos— pide un trabajo arduo, constante y sin tregua, que «como una flor frágil, trata de florecer entre las piedras de la violencia» (Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, 2019) y, por tanto, reclama seguir diciendo con determinación, pero sin fanatismos; con valentía, pero sin exaltación; con tenacidad, pero inteligentemente: no a la violencia que destruye, sí a la paz y a la reconciliación”.

“Muchos de vosotros -subrayó luego, en el encuentro interreligioso con los jóvenes-  han nacido bajo el signo de la paz, una paz accidentada que ha atravesado diferentes momentos: algunos más serenos, y otros de prueba. La paz es un proceso que vosotros también sois llamados a llevar adelante, tendiendo siempre vuestras manos, sobre todo, a aquellos que pasan momentos difíciles. ¡Es un gran poder el de la mano tendida y el de la amistad traducida en gestos concretos! Pienso en el sufrimiento de aquellos jóvenes repletos de sueños, que han venido a buscar trabajo en la ciudad, y hoy se encuentran sin casa, sin familia y sin una mano amiga. ¡Qué importante es aprender a ser una mano amiga, extendida! Buscad crecer en la amistad, incluso con aquellos que piensan diferente, de modo que la solidaridad crezca entre vosotros y se convierta en la mejor arma para transformar la historia”. 

Y luego respondió a la pregunta: “¿Qué se puede hacer por el futuro del país?”, afirmando: “Precisamente lo que estáis haciendo ahora, permaneciendo unidos, más allá de cualquier cosa que pueda diferenciarlos, buscando siempre la oportunidad de cumplir los sueños de un país mejor, pero...unidos. Qué importante es no olvidar que ‘la enemistad social destruye. Y una familia se destruye por la enemistad. Un país se destruye por la enemistad. El mundo se destruye por la enemistad. Y la mayor enemistad es la guerra. Porque son incapaces de sentarse y hablar. Sed capaces de crear la amistad social. No es fácil, siempre hay que renunciar a algo, se debe negociar, pero si lo hacemos pensando en el bien de todos, podremos realizar la magnífica experiencia de poner a un lado las diferencias para luchar juntos por un objetivo en común. Si logramos hallar los puntos de coincidencia en medio de tantas divergencias, en esta tarea artesanal y a veces ardua de tender puentes, de construir una paz que sea buena para todos, este es el milagro de la cultura del encuentro”. 

Previo a ello, al dirigirse a los políticos, el pontífice había recordado que “la paz, [lo] sabemos, no sólo es ausencia de guerra sino el compromiso incansable —especialmente de aquellos que ocupamos un cargo de más amplia responsabilidad— de reconocer, garantizar y reconstruir concretamente la dignidad tantas veces olvidada o ignorada de hermanos nuestros, para que puedan sentirse los principales protagonistas del destino de su nación. No podemos perder de vista que «sin igualdad de oportunidades, las diversas formas de agresión y de guerra encontrarán un caldo de cultivo que tarde o temprano provocará su explosión. Cuando la sociedad —local, nacional o mundial— abandona en la periferia una parte de sí misma, no habrá programas políticos ni recursos policiales o de inteligencia que puedan asegurar indefinidamente la tranquilidad» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 59).

Francisco advirtió que pese a ello, la paz necesita ser construida, asimismo, gracias a la unidad de la cultura y a la defensa de la “casa común”. “El camino tiene que ser el que propicie la cultura del encuentro y pueda impregnarlo todo: reconocer al otro, estrechar lazos, tender puentes. En este sentido, es imprescindible mantener viva la memoria como camino que abre futuro; como caminar que lleve a buscar metas comunes, valores compartidos, ideas que favorezcan levantar la mirada sobre intereses sectoriales, corporativos, o partidarios de manera tal que las riquezas de vuestra nación sean puestas al servicio de todos, especialmente de los más pobres”.

“La paz nos invita también a mirar nuestra casa común. En este sentido, Mozambique es una nación bendecida, que estáis invitados especialmente a cuidar. La defensa de la tierra, es también la defensa de la vida que reclama una especial atención cuando se constata una tendencia a la expoliación y al despojo guiados por un afán acumulativo que, en general, ni siquiera es de personas que habitan estas tierras, y no está motivado por el bien común de vuestro pueblo. Una cultura de paz implica un desarrollo productivo, sustentable e inclusivo, donde cada mozambiqueño pueda sentir que este país es suyo y en el cual puede establecer relaciones de fraternidad y equidad con su prójimo y con todo lo que lo rodea”.

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