15/10/2018, 16.52
CHINA
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El Partido comunista chino, en crisis de legitimidad, exige la reforma del sindicato estatal

En la sociedad china, crece la disparidad entre ricos y pobres a la par de las manifestaciones  masivas. Xi Jinping ha estado reclamando a la Federación de Sindicatos un cambio de estilo y de objetivos, pero hasta ahora todo ha sido en vano. El análisis del  China Labour Bulletin.

Hong Kong (AsiaNews) – En la China del “socialismo con características chinas”, el Partido Comunista parece estar deslizándose hacia una crisis de legitimidad. La razón de ello es la enorme brecha que rige entre ricos y pobres en el país. El magnífico desarrollo registrado en las últimas décadas no se ha extendido a la mayoría de la población.

Según una investigación del Centro de Estudios en Ciencias Sociales de la Universidad de Beijing, el 1% de las personas más ricas del país posee un tercio de las riquezas de la nación. Al mismo tiempo, el 25% de los más pobres posee tan sólo el 1% de las riquezas. La situación que rige en el país está llevando a un crecimiento de huelgas y manifestaciones masivas de trabajadores. Para evitar la polarización social, el Partido comunista chino está ejerciendo presiones sociales, políticas y económicas sobre la Federación unitaria de los sindicatos chinos  (All-China Federation of Trade Unions, ACFTU), en plenos preparativos para su congreso nacional en Beijing, que se celebra cada cinco años. Se acusa a la ACFTU de someterse a las directivas del Partido y de no defender a los trabajadores en sus disputas, protegiendo la alianza existente entre empresariado y Partido, entre economía y poder político.  

A continuación, transcribimos algunos fragmentos de un análisis de situación que fue publicado en el China Labour Bulletin el 10 de octubre pasado.

 

 ¿Por qué debe reformarse la ACFTU?

1. La creciente disparidad entre ricos y pobres ha llevado a una crisis de legitimidad del Partido

Sin lugar a dudas, el tan elogiado “milagro económico” de China ha fortalecido a la nación, ha incrementado la productividad y ha mejorado la vida material de millones de personas. Pero todo esto fue logrado con la sangre, el sudor y las lágrimas de los trabajadores chinos. Si bien el número de personas en situación de pobreza se ha reducido y se ha expandido la clase media, el crecimiento más importante a nivel riqueza ha impactado en apenas el 1% [de la población].  Según una investigación del Centro de Estudios en Ciencias Sociales de la Universidad de Beijing, en el año 2014, el 1% de las personas más ricas del país poseía un tercio de las riquezas de la nación. Al mismo tiempo, el 25% de las personas más pobres, poseía sólo un 1%.  Oficialmente, desde el 2008, el coeficiente de Gini ha descendido, pero lo cierto es que en el año 2016 éste seguía en 0,465, es decir, muy por encima del nivel de peligro, 0,4. La extrema disparidad entre ricos y pobres plantea un desafío muy serio a la legitimidad política del Partido comunista.

Desde que se inició el período de reformas hace 40 años, los líderes chinos siempre basaron su legitimidad en un crecimiento económico que garantizase resultados, pero que ha sido conseguido a costas de salarios bajos, seguridad social inadecuada y la degradación del medio ambiente. Los trabajadores comunes ya no soportan más que continúe creciendo el desequilibrio entre ricos y pobres. Si a los trabajadores no se les permite compartir los frutos del desarrollo económico, mientras ellos son testigos de la ensordecedora connivencia entre grandes empresas y gobierno, el crecimiento del eje que une dinero y poder, ellos podrían poner el tela de juicio la legitimidad del gobierno y su promesa de una vida feliz. Como resultado, continuarán estallando desórdenes sociales e incluso conflictos laborales. Ahora el Partido está comprendiendo a la perfección la amenaza inminente que se cierne sobre su legitimidad y ha lanzado una propuesta abarcadora para cambiar el rumbo de las reformas, de modo de focalizarse en una distribución de la riqueza que se más racional y equilibrada.  

 

2. Los caminos divergentes del desarrollo económico y de la igualdad social

En los primeros estadios del programa de reforma económica, el Partido y el gobierno habían adoptado la política de “dar prioridad al desarrollo económico, tomando en debida consideración la igualdad social”. En aquella época, esto resultaba comprensible, pero hoy, casi 40 años después, ya no podemos seguir aceptando que el gobierno permita que los grandes negocios exploten mano de obra a bajo costo, negándose a establecer un sistema de contratación colectiva. La situación va en contra de la necesidad de mejorar el nivel de vida de la gente. Mientras la economía continúa creciendo, la proporción entre salarios y PIB se ha reducido, y los salarios no han marchado a la par del desarrollo social y económico.  Si seguimos ateniéndonos al principio de “dar prioridad al desarrollo económico, tomando en debida consideración la igualdad social” indefectiblemente, la gente común será dejada cada vez más atrás.

La dirigencia del Partido, al comprender que si se mantiene sobre este camino, verá amenazada su legitimidad política, en el año 2013 decidió hacer hincapié en asegurarse de que el crecimiento de salarios acompañe el incremento de productividad, elevando el salario mínimo, combatiendo el atraso en el pago de salarios, mejorando las negociaciones colectivas, llevadas adelante por los sindicatos en las empresas. El 13er Plan quinquenal (2016-2020) incluía propuestas para mejorar la propagación de la riqueza, y en el 19º Congreso del Partido, celebrado en 2017, Xi Jinping marcó un importante cambio en la política: el mantra del 18º Congreso –que alentaba a la liberación y al desarrollo de las fuerzas sociales productivas, para afrontar “las contradicciones entre las crecientes necesidades materiales y culturales de las personas y la roída productividad social de China”- debiera virar hacia “las contradicciones entre el deseo de muchas personas por un vida mejor, y el insuficiente y desigual desarrollo que rige en China”.  En lugar de resaltar el desarrollo económico y la creación de riqueza, ahora el Partido se concentra en un desarrollo económico equilibrado y en una distribución de la riqueza basada en un criterio racional.   

Podemos ver que, antes de que asumiera Xi la administración de gobierno en 2013, la cuestión de la distribución de la riqueza no recibía la atención que ameritaba por parte de los máximos líderes en China. El gobierno introdujo el sistema del salario mínimo en el año 1993, la ley laboral en 1994 y la de indemnizaciones en 1999. De todos modos, estos mecanismos apenas garantizan un mínimo necesario y resultan inútiles a la hora de afrontar el problema fundamental, la distribución de la riqueza, o cuando se trata de asegurar un nivel de vida decente para los operarios comunes. Además, estas medidas administrativas han fracasado para revertir el abrumador desequilibrio de poder que aún sigue existiendo en China en las relaciones laborales. Las protestas frecuentes y generalizadas de los operarios chinos son una respuesta directa a esta inicua distribución de la riqueza y al hecho de que los obreros no tienen voz ni voto en el proceso de distribución.  

 

3. El Partido espera mucho de la ACFTU

En octubre de 2013, Xi Jinping rompió con la tradición y reprendió a los líderes del sindicato unitario (ACFTU), que acababan de ser nombrados, invitándolos a entablar un debate en el cuartel general del Partido en Zhongnanhai. El secretario general Xi les dijo que se abocaran a “integrar plenamente el ‘Sueño chino’ en los ideales y en el trabajo de cada operario”, proponiendo que el sindicato se enfocase en los “temas de mayor preocupación y en los intereses directos de los trabajadores”.

En la práctica, ello significa que el nivel de vida y la calidad del trabajo debieran mejorar a la par del desarrollo económico, para que los operarios puedan finalmente gozar de los beneficios del milagro económico que ha logrado China. Es claro que al inicio de su mandato como secretario general, Xi Jinping estaba descontento con el trabajo desarrollado por la ACFTU, pero que también tenía grandes expectativas y muchas esperanzas de que la asociación asumiese el desafío y ayudase a resolver los problemas que atraviesan cientos de millones de operarios en toda China.

Desde el punto de vista del Partido, la ACFTU debiera representar los intereses de los trabajadores chinos y organizarlos a fin de proteger sus derechos e intereses fundamentales. A nivel empresarial, el sindicato debiera mejorar la paga de los empleados así como sus beneficios, mediante una contratación colectiva con la administración, estableciendo relaciones laborales armoniosas y estables.

A nivel político, los sindicatos locales debieran ayudar al gobierno a idear soluciones macro-económicas tendientes a reducir la brecha entre ricos y pobres. En otras palabras, el Partido espera que el sindicato ayude a los trabajadores a realizar el “Sueño chino” y a matar dos pájaros de un tiro, mejorando el nivel de vida de las personas y fortaleciendo la legitimidad política del Partido. Lamentablemente, los dirigentes de la ACFTU han llegado a una interpretación propia de las instrucciones que diera Xi Jinping, basada en sus propios intereses, lo cual ha venido a reforzar los sistemas existentes, continuando con las políticas introspectivas que datan de muchísimos años.  

Si la ACFTU y sus federaciones locales continúan sin hacer nada frente al creciente activismo de los operarios y frente a los reclamos de reformas provenientes del Partido, y si adoptan el enfoque tradicional sobre el programa de reformas, siguiendo con la modalidad que ya es habitual, el sindicato perderá una oportunidad real de ayudar a los trabajadores y simultáneamente arrojará al Partido a una crisis de legitimidad. En tanto, los trabajadores continuarán protestando y tomando medidas de fuerza colectivas, cuyo número será cada vez mayor.

(En la foto: manifestación de miles de trabajadores de las minas del carbón en huelga, porque llevaban meses sin cobrar sus salarios. Fotografía tomada en Shuangyashan, año 2016)

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