28/06/2017, 17.52
LAOS
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El nuevo cardenal de Laos: ‘Pobreza, sufrimiento y persecución son las tres columnas que afianzan la Iglesia’

El primer cardenal laosiano narra cómo fue su elección y cuenta cómo es la vida de la Iglesia católica en Laos. Ella atraviesa la persecución y el testimonio de su fe en medio de mil adversidades. En el país, viven cerca de 45.000 católicos, hay 20 sacerdotes, 98 religiosos y 218 parroquias.  El cardenal fue llevado preso por el gobierno y estuvo en la cárcel durante tres años: “Lo acepté. Tenían razón, estaba ‘promocionando’ a Jesús. Era una acusación correcta”. El gobierno ejerce un control riguroso sobre las religiones. Son difíciles las relaciones entre la Iglesia y el Estado; “Podemos cambiar el modo de pensar del gobierno, y convencerlo de que no somos sus enemigos”. 

Belleville (AsiaNews) – “Nuestra pobreza, el sufrimiento y la persecución son las tres columnas que afianzan la Iglesia”. Citando las palabras del Papa Francisco, el cardenal Louis-Marie Ling Mangkhanekhoun, vicario apostólico de Pakse, explica las razones del pontífice para su nombramiento como primer purpurado laosiano en la historia de la Iglesia. El 21 de mayo pasado, al término del rezo del Regina Caeli, el pontífice anunció sorpresivamente la designación de cinco nuevos cardenales, entre ellos, del Card. Ling, que serán creados en el consistorio del día de hoy.

El 16 y 17 de junio pasado, cerca de 350 católicos de etnias Hmong, Kmhmu, Lao y Karen se reunieron en Belleville (Illinois, EEUU) para revivir y celebrar la vida de 17 mártires de Laos, su país natal, con gratitud y agradecimiento por su ejemplar vida de fe. En el evento también participaron el cardenal, que concedió una entrevista al National Catholic Reporter en la que hace referencia a su elección y a la vida de la Iglesia católica en Laos.

Durante la conversación, el purpurado cuenta el estupor que inmediatamente surgió en él y la ola de felicitaciones de todo el mundo que sobrevino luego de su nombramiento. Al preguntársele acerca de las motivaciones que empujaron a la Santa Sede a disponer de él, el Card, Ling recuerda la visita ad limina de los obispos de Laos y el encuentro con el Papa Francisco mantenido el 26 de enero pasado: “Durante la visita, el Papa nos dijo que ‘la fuerza de la Iglesia reside en la Iglesia local y, de manera particular, en aquella que es pequeña, débil y perseguida. Esta es la columna vertebral de la Iglesia universal’. Quedé algo perplejo. Al día siguiente celebramos la Misa con el Santo Padre y una vez más, él afirmó el mismo tema en su homilía. Me conmovió mucho. A partir de estas afirmaciones, he llegado a la conclusión de que la fuerza de la Iglesia viene de la paciencia, de la perseverancia y de la voluntad de aceptar la realidad de la fe. Esto me ha hecho pensar que nuestra pobreza, el sufrimiento y la persecución son las tres columnas que afianzan la Iglesia”.

En Laos viven cerca de 45.000 católicos, representan menos del 1% de una población de 6,4 millones de personas, que son servidos por 20 sacerdotes y 98 religiosos en 218 parroquias. En una entrevista brindada a AsiaNews en el año 2015, el Card. Ling había definido a la Iglesia laosiana como una “Iglesia niña, que vive el primer anuncio, dirigido sobre todo a los tribales y a los animistas”. Ella vive la persecución y testimonia su fe en medio de mil adversidades. Luego de que los comunistas del Pathet Lao tomaran el poder en 1975, los misioneros extranjeros fueron expulsados,  y los católicos, perseguidos. Sacerdotes y monjes fueron llevados a prisión o enviados a campos de “reeducación”. El mismo cardenal conoció la prisión: “Estuve preso durante tres años. El arresto, ser detenido, era algo que me aterraba al principio. Pensaba: ‘¿Por qué me han arrestado?’ Luego, me comunicaron el motivo del arresto. ‘Tú promocionas a Jesucristo’. Lo acepté, puesto que era verdad. Tenían razón, yo estaba ‘promocionando’ a Jesús. Era una acusación correcta”.

Hoy, Lao se ha abierto al mundo exterior. Sin embargo, a pesar de las reformas económicas, el país aún sigue siendo pobre y dependiente del la ayuda del exterior. El gobierno además ejerce un control riguroso sobre las religiones y los medios masivos de comunicación. Las difíciles relaciones entre la Iglesia y el Estado, que ha llegado a prohibir la enseñanza eclesial, se acentúan sobre todo en los gobiernos locales y de las ciudades. “Cada región dispone de normas referidas a la libertad religiosa, que se aplican de manera diversa. Los sacerdotes pueden desplazarse para celebrar la Misa en cualquier pueblo donde exista una parroquia o una iglesia, con esto no hay ningún problema. Sin embargo, las dificultades surgen si estás construyendo una nueva iglesia o una fundación. En un lugar es fácil hacerlo, pero podría no ser así en otro lado”.  

La elección del primer cardenal de Laos es, para la comunidad local, un motivo de esperanza de que haya un progreso en las relaciones entre el Vaticano y el gobierno de Vientián. “De todos los países del sudeste asiático, Laos es el único que no tiene relaciones diplomáticas con la Santa Sede. Hay un signo de interrogación en lo que respecta a esta relación, y yo estoy trabajando en la cuestión. Podemos cambiar el modo de pensar del gobierno, convencerlo de que no somos sus enemigos. Somos amigos. Debemos construir nuestra amistad. Si ambas partes trabajan juntas, las cosas mejorarán a futuro”.  

En lo que respecta a las relaciones con las otras confesiones religiosas, en el país la mayoría de la población es budista, como cuenta el Card. Ling: “No hay problemas en las relaciones con nuestros hermanos y hermanas budistas. Pero entre los católicos y los demás cristianos, hay algunas dificultades. Cada uno de nosotros tiene una manera distinta de entender la evangelización. Nuestros hermanos cristianos protestantes pueden tener un programa desarrollado y a partir del mismo obtienen grandes números. Nuestro programa, por el contrario, es simple y de bajo perfil. El problema está en la comprensión de la tradición y de las culturas locales. Por ejemplo, nosotros pensamos que una ceremonia en la que la gente se besa [o se toma de las manos y ruega a alguien] es un evento tradicional de personas que se reúnen en diversas ocasiones para rezar por determinados individuos. Los otros grupos de cristianos ven este tipo de ceremonias como una adhesión al animismo. Bueno, cada uno tiene una manera de pensar distinta con respecto a esto, por lo tanto, el solo diálogo no resuelve todo”. 

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