18/06/2020, 12.54
CHINA-EEUU
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En Hawái, Beijing y Washington dialogan, pero el conflicto se agrava

de Emanuele Scimia

El encuentro en Hawái, entre Yang Jiechi y Mike Pompeo fue “constructivo” para los chinos; fría respuesta de los EEUU. El acuerdo comercial de enero no termina de despegar y la guerra tecnológica se exacerba. La Casa Blanca ataca a Xi Jinping por la situación en Xinjiang, Hong Kong y Taiwán. Dos portaviones de los EEUU y un grupo de submarinos de guerra se posicionan en el Asia oriental. Trump podría explotar las dificultades internas y externas de Xi en la campaña para las elecciones presidenciales. 

Roma (AsiaNews) – Para China, fue “constructivo” el encuentro de ayer en las islas Hawái, entre el miembro del Politburó Yang Yechi y el secretario de Estado de los EEUU, Mike Pompeo. En la jerga diplomática esto significa que las dos partes, que se baten en un conflicto político y económico en todos los niveles, no han llegado a ningún resultado concreto. 

El frío comentario del Departamento de Estado da testimonio de ello con claridad: “El secretario [Pompeo] ha resaltado los intereses primarios de los Estados Unidos y la necesidad de mantener relaciones plenamente recíprocas entre los dos países, a través de interacciones comerciales, diplomáticas y en el ámbito de la seguridad”. 

Lo cierto es que más que las declaraciones oficiales, lo que cuentan son los hechos en el conflicto de poder entre la “decadente” súper potencia de EEUU y una china “en ascenso”. En este sentido, cabe destacar que la “Fase Uno” del acuerdo no termina de despegar: ésta debiera poner fin a la guerra de aranceles entre EEUU y China, acordada en enero por la administración Trump y el gobierno chino. Según datos de los EEUU, hasta ahora China ha adquirido productos y servicios estadounidenses por 10 millardos de dólares; sin embargo, Beijing se había comprometido a importar 200 millardos de dólares en los próximos dos años. 

En la guerra por la supremacía tecnológica, Trump ha señalado a Huawei como “un peligro para la seguridad nacional”, amenazando con dictar sanciones contra aquellas empresas que entablen negocios con el coloso chino de las telecomunicaciones, líder en el desarrollo de las redes 5G.

Ayer, el presidente Trump confirmó con su firma la ley en base a la cual el Congreso puede imponer sanciones a los funcionarios chinos involucrados en la gestión de campos de concentración y reeducación para los uigures, una minoría de habla turca y fe islámica que se concentra fundamentalmente en la región de Xinjiang. Por aquellas mismas horas,  el Team Telecom, un comité técnico del gobierno de los EEUU, declaró que la nueva red de Internet submarina entre los Estados Unidos y Asia Oriental (Pacific Light Cable Network) no debiera conectarse con Hong Kong. La recomendación se basa en los problemas de seguridad nacional ligados a las actividades chinas de espionaje, que se han visto incrementadas por la voluntad de Beijing de imponer una draconiana ley de seguridad sobre la ex colonia británica. 

En el plano militar, el choque de poder entre los dos países tiende a endurecerse. Washington acusa a Beijing de explotar la crisis pandémica para ocupar otras áreas del Mar de China meridional. En los últimos años, China ha militarizado una serie de islotes y arrecifes de la región, provocando las protestas de Vietnam, Filipinas, Brunei, Malasia y Taiwán. 

Por su parte, con un editorial publicado el 14 de junio sobre su sitio web, el Ejército de Liberación del Pueblo (PLA) atacó a los Estados Unidos por el despliegue de tres portaviones en el Pacífico. Dos de ellos  – el USS Ronald Reagan y el USS Theodore Roosevelt – operan en la margen occidental del océano, junto con un grupo de submarinos de guerra. En tanto, los buques y aviones de guerra estadounidenses continúan aproximándose o sobrevolando el Mar de China meridional, el Mar de China oriental y el estrecho de Taiwán, en un evidente intento de desarticular la retórica de Beijing sobre el posible debilitamiento de las Fuerzas Armadas de EEUU por efecto de la pandemia. 

En síntesis, la reunión en las islas Hawái clama que Washington y Beijing continuarán dialogando, pero siempre conservando sus posiciones actuales (distantes). La Casa Blanca está embarcada en una ofensiva contra Xi Jinping,  cuyo poder ya no parece monolítico como en otros tiempos. Según se ha podido constatar, el líder chino es cuestionado por el premier Li Keqiang, paladín de un retorno a las políticas de apertura económica de Deng Xiaoping y Jiang Zemin, para superar los efectos recesivos del Covid-19.

A nivel internacional, para Xi el cuadro se presenta tanto o más complicado. Las tropas indias y chinas se enfrentan desde hace un mes en la frontera con el Himalaya. En los enfrentamientos del día 15 de junio, murieron o resultaron heridos decenas de militares de los dos ejércitos. En el Mar de China meridional, Indonesia se ha alineado con los países que se oponen a las reivindicaciones territoriales chinas. Las Filipinas han renovado su compromiso militar con Washington, tras haber anunciado -en enero- su deseo de anularlo para reforzar las relaciones con China.

Con respecto a Beijing, que por primera vez desde su ascenso mundial se encuentra asediada en varios frentes a la vez, es muy probable que Trump quiera usar la demonización del gigante chino y el decoupling (separación) de su economía, en la campaña por las elecciones presidenciales de noviembre. 

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