31/08/2020, 14.33
LÍBANO
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Hezbolá está abierto a la reforma ‘laica’ del Líbano que invoca Aoun

En la vigilia del centenario del Gran Líbano, el presidente expresa su anhelo por un cambio que trascienda el actual equilibrio de etnias y confesiones. Los líderes religiosos y políticos deben hallar una fórmula válida “para todos”. Nasrallah: estamos dispuestos a debatir para llegar a un nuevo “pacto político” y a la distribución de poderes. 

 

Beirut (AsiaNews/Agencias) - Actualmente regida por un (frágil) equilibrio entre etnias y confesiones, el Líbano debe convertirse en un “Estado laico”, a través de un diálogo entre las partes, que dé vida a una nueva “fórmula” de gobernanza del país. Es la propuesta que ayer planteó el presidente Michel Aoun, en la vigilia de las celebraciones por el centenario del “Gran Líbano”. 

“Para que el primero de septiembre de 2020 sea una culminación del primero de septiembre de 1920, y porque estoy convencido de que solo un Estado laico es capaz de proteger el pluralismo, de transformarlo en una unidad real, pido que el Líbano sea declarado Estado laico”. En el discurso de pocos días atrás, el presidente se dirigió a las autoridades espirituales y a los dirigentes políticos para que hallen “una fórmula [que sea] aceptable para todos”, que pueda ser actuada “a través de oportunas enmiendas constitucionales”. 

Retomando los eventos y las celebraciones por el centenario del Gran Líbano, el presidente Aoun recordó que el pueblo, “que ha atravesado muchas crisis y guerras”, jamás conoció “una estabilidad y una seguridad duraderas”. El mismo acuerdo de Taif, que puso fin a la guerra civil libanesa en el año 1989, presenta “puntos fuertes y débiles”. 

Las palabras del jefe de Estado y las celebraciones por el centenario llegan en un momento de profunda inestabilidad. El país continúa sumido en cuatro crisis, los “cuatro pilares” del derrumbe del Líbano: la crisis económica, sin precedentes; la crisis del Covid-19; la que desataron las explosiones en el puerto de Beirut; la infinita crisis política, con la dimisión del gobierno. El mandatario advierte que ya es tiempo de “mejorar, enmendar o cambiar el sistema libanés”, para gestionar mejor los asuntos, basándose “en la ciudadanía y en un Estado laico”, ya que “los derechos comunitarios y los cupos” que regían hasta ahora “hoy son un obstáculo para el progreso, las reformas y la lucha contra la corrupción”. 

La unidad y la salvación del Líbano son un tema recurrente en este período de profunda crisis, que involucra a todas las facciones y sectores políticos, sociales, confesionales de una nación asentada en un delicado equilibrio. En el último tiempo ha intervenido en numerosas oportunidades el patriarca maronita, el card. Beshara Raï, quien planteó enérgicamente el principio de la “neutralidad activa” para contener las divisiones y los intereses contrapuestos entre las facciones, y para limitar el alcance de sus aliados regionales e internacionales. Además, las declaraciones y las homilías del purpurado abrieron un (inusual) y durísimo frente de choque con el sector chiíta y los movimientos de Hezbolá y Amal. 

Una de las primeras reacciones a las palabras del jefe de Estado provino justamente del secretario general del Hezbolá, Hassan Nasrallah, quien anunció que el movimiento está dispuesto a debatir sobre un nuevo “pacto político”. Este podría prever una nueva distribución de poderes entre las comunidades religiosas del país de los cedros, aún cuando esto suponga menores ventajas para los chiítas, que representan una mayoría. 

“Estamos abiertos a cualquier tipo de debate que sea constructivo en la materia - dijo Nasrallah - pero a condición de que haya una voluntad de todos los partidos libaneses”. En cuanto al pasado, prosigue, “no he invocado un nuevo pacto político, sino solo un mejoramiento del acuerdo de Taif, que ya está en vigor, y una Asamblea Constituyente. En cuanto a las críticas, preferí pasarlas por alto”. Por último, criticó la injerencia del presidente francés Macron en los asuntos internos del país, y se preguntó cuál hubiera sido la reacción - y las acusaciones de injerencia - si la invitación a las reformas hubiera llegado “de otros países” (léase Irán). “Esto constituye un problema en el plano de la vida política - concluyó -  y en las costumbres de la política” nacional.

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