20/11/2019, 15.37
JAPON-VATICANO
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Hiroshima: ‘Espero la bendición del Papa Francisco a los hibakushi’

de Yurie Miyawaki

Testimonio de Setsuko Hattori, señora de 92 años, sobreviviente a la bomba atómica. A causa de una enfermedad de una enfermedad en la médula. “A través de mi pobre vida diversas personas han podido conocer a la Iglesia católica”.

 

Hiroshima (AsiaNews) – “Espero tanto la bendición del Papa más que las palabras que dirá en Hiroshima. Y ciertamente lo seguiré con la oración”. Es el deseo de Setsuko Hattori, señora de 92 años. hibakusha (sobreviviente a la bomba atómica). A causa de las enfermedades tardías, la señora Hattori no puede no puede levantarse de la cama y no podrá estar presente en la misa que el Papa Francisco celebrará el 24 de noviembre próximo. Después de la explosión de la bomba, el 6 de agosto de 1945, la señora se hizo católica. “A través de mi pobre-dice- vida diversas personas han podido conocer a la Iglesia católica”. A continuación su testimonio.

Nací en Hiroshima, a 2 Km al norte del centro de la explosión. Siempre he vivido aquí, antes y después de la guerra y también después de mi matrimonio.

En 1945 estaba en la clase de tercer año de la escuela femenina, pero en vez de ir a la escuela debíamos ir a una fábrica para producir los proyectiles de los cañones. El día de la bomba atómica, era un lunes 6 de agosto, podía quedarme en casa a causa de la rotación, así que desayuné tranquilamente. Pero mientras comía, aconteció la deflagración atómica. En nuestra casa había tantas grandes ventanas, que se rompieron y la casa se derrumbó completamente.

Mi mamá y yo salimos salvas de debajo de tanto palos de madera si bien muchas astillas de vidrio se me clavaron en la parte derecha del cuerpo. La más grande astilla de vidrio que se me clavó, era grande como un cuadrado de 15-40 cm, que me dejó un signo para toda la vida. 

Mi papá, tenía un negocio de artículos varios, pero como faltaban a causa de la guerra también él iba a trabajar a la fábrica. Aquella mañana debía ir a recoger las maderas intactas de las casas destruidas, para usar en la cocina y para calentar el agua para bañarnos. Alguien nos dijo que él estaba llevando el carro hacia el centro de la ciudad. Desde entonces no supimos más nada de él. Ni siquiera vimos su cadáver.

Hacia 1950-51, después del trabajo, inicié a frecuentar la escuela musical católica (que está en el origen de la universidad musical lizabeth). Aquí conocí a una amiga y cantábamos con alegría: era un modo para cancelar todas las horribles memorias. Un día, antes de la lección, entré en un iglesia que desde hacía un poco de tiempo atraía mi interés. Estaba el p. Hubert Cieslik, y le dije: “Vine a encontrar a alguien”. Y él, con una gran sonrisa, me dijo: “Ven, ven”. Así comencé a frecuentarla siempre más. En julio, en el día de S. Ignacio de Loyola, recibí el bautismo con otras 9 muchachas.

En 1953, me enfermé y tuve mucho miedo. Pero el p. Toyota me llevaba siempre la eucaristía, venía con una motocicleta.¡Cómo me alentaba la eucaristía! De este modo, cada vez que la recibía, sentía que mi fe crecía.

Más tarde conocí al hermano de una amiga mía que se convirtió en mi marido. Tuvimos una hija y 3 hijos.

Me recuerdo muy bien d cuando recibí mi primera comunión. La mañana después, me di cuenta que todo había cambiado: el color del cielo, el verde de las hojas, propiamente todo.

Hasta hoy no pasaron días sin equivocaciones o sin errores. Pero aprendí a rezar: “Quiero probar todavía, mañana ‘seré’ mejor”. Pienso que la oración sea siempre la primer cosa, así como me habían enseñado los sacerdotes. En estos tiempos tengo una grave enfermedad en la médula y paso mi jornada casi siempre en la cama. Me quedó una cosa preciosa que es la oración.

Como pide siempre el Papa, yo rezo tanto por la paz y para que terminen las armas nucleares. Además no puedo olvidar también por la dignidad humana de cada persona.

Después de mi bautismo, muchas personas me decían: “Te volviste más alegre”, y yo respondía siempre: “Ciertamente. ¡una que es abrazada por Dios, se vuelve así!”. De este modo a través de mi pobre vida diversas personas han podido conocer a la Iglesia católica.

Espero tanto la bendición del Papa más que las palabras que dirá en Hiroshima. Y ciertamente lo seguiré con la oración.

 

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