29/08/2016, 14.46
CHINA - ASIA CENTRAL
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La “silenciosa expansión” de China en Asia central

de Paul Goble

Beijing ha desterrado tanto a Rusia como a los Estados Unidos en una región de importancia estratégica. Aprovechando las debilidades internas de los países, China toma el control de las empresas y de los terrenos agrícolas. Analista de Tayikistán: “El número de ciudadanos chinos que trabajan en lugar nuestro se ha incrementado un 30% desde el año pasado. Los tayikos ya no son dueños de su país”. Por gentil concesión de la Jamestown Foundation. Traducción a cargo de  AsiaNews.

Dusambé (AsiaNews) – A partir de 1991, la influencia de la Federación Rusa en Asia Central comenzó a tener un declive, y muchos países pensaron que Estados Unidos se pondría en marcha para llenar ese vacío. En efecto, la influencia de los EEUU aumentó, al menos en algunos países de esta región que tiene una importancia estratégica.  Pero China actualmente es un actor externo mucho más importante, desarrollando la que algunos observadores han dado en llamar una “expansión silenciosa” e incluso “la sinización” de los países de Asia Central (ver China Brief, 29 julio 2011; EDM, 24 enero 2011; 3 noviembre 2015; 10 febrero 2016; 10 marzo 2016; 8 abril 2016).

China tiene algunas ventajas significativas a este fin, aún cuando éstas sean a menudo desestimadas. Está en una situación de cercanía en términos geográficos, es asiática y por lo tanto no está asociada a imperios del pasado, sean estos rusos u occidentales: no tiene aparejado el problema de Rusia en el sentido de conservar el control a cualquier costo, ni el de los Estados Unidos de promover la democracia y los derechos humanos. Y, al contrario de los otros dos actores, posee enormes recursos financieros que puede poner en juego para ayudar a los países de Asia Central que atraviesan dificultades.   

Tayikistán es el lugar donde la influencia de China es mayor. El analista Arkady Barayev, que vive en Dusambé, afirma que esto es el resultado de un cálculo a largo plazo: China siempre ha buscado expandirse, ante todo, en los países limítrofes e internamente débiles. Ella establece su influencia tomando el control de las empresas industriales y de los recursos naturales. Sólo luego de haber hecho esto, se vuelca a dominar la esfera política o a “conquistar” el territorio (Centrasia.ru, 27 julio).

 

El analista afirma que Tayikistán estaba ya lo suficientemente maduro para ser aferrado por China, siendo que esta pequeña república montañosa ha sufrido una década de guerra civil luego de su independencia; porque no posee una base industrial o recursos naturales a no ser por el agua; porque es continuamente amenazada por su vecina Afganistán; porque Dusambé ha fracasado en desarrollar la economía, aún cuando podría haberlo logrado.  

Como consecuencia, Beijing “comenzó a extender su influencia financiera en varias esferas de la economía [de Tayikistán], a comprar industrias y a tomar el control de los terrenos agrícolas. El resultado de ello, destaca Barayev, es que “nos hemos vuelto totalmente dependientes de China”, porque el país está “lleno de empresarios chinos”.

Para no llamar la atención de la conducción de los trabajadores, del dinero y de los hombres de negocio chinos, Dusambé ha tratado de minimizar los números. Pero incluso los números oficiales del gobierno, en los últimos años, exhiben un crecimiento dramático en todas las categorías. Según las autoridades, el número de ciudadanos chinos que vive y trabaja en Tayikistán ha aumentado un 30% desde 2015; números no oficiales sugieren que en realidad son 150.000 los chinos que se desempeñan en el país, aunque el gobierno afirme que el techo máximo anual alcanzado sea de 8.000 trabajadores extranjeros.

Barayev continúa diciendo que para cualquier visitante de cualquier ciudad de Tayikistán ya pasa a ser una obviedad que las empresas chinas están adquiriendo las tayikas. Para esto, basta con mirar los nombres de las industrias o los rostros de aquellos que trabajan en las oficinas, al frente de las compañías. Pero, dadas las reducidas dimensiones del sector industrial de esta república centro-asiática, un influjo bastante mayor de China ha sido registrado en las zonas rurales, donde la autoridades arrendan terrenos cada vez más vastos a los campesinos chinos, con contratos con una duración de 49 años.  

En el óblast de Khatlon, informa Barayev, la cantidad de tierra controlada por China ha aumentado un 3000% en los últimos años. Aún si esto fuera una exageración, sugiere que los chinos están jugando un rol mucho más relevante en el sector económico más importante de Tayikistán.  

Según el analista, más nefasto aún es el hecho de que hay pruebas de que los chinos están obteniendo las mejores tierras y al mismo tiempo las que son más ricas en recursos hídricos, muy probablemente a través de sobornos otorgados a los funcionarios locales. En Tayikistán el acceso al agua suele ser un factor clave para el control (Elizabeth Bacon, “Central Asians under Russian Rule”, Cornell, 1966). La población local dice que los chinos son tan hábiles que en cada hectárea logran producir más que cualquier campesino tayiko, y que pueden rebajar los precios de los bienes, obligando así a cada vez más locales a abandonar sus tierras. Como contraparte, esto permite a los chinos hacerse de más tierras a precios regalados. Al mismo tiempo, los residentes de Tayikistán admiten que los campesinos chinos trabajan duramente y logran desempeñarse mejor que los pobladores locales, obteniendo la misma calidad de productos y utilizando la misma extensión de terrenos.

 

No es ninguna novedad que esta tendencia haya avivado “conflictos entre tayikos y chinos”, continúa Barayev, los cuales se han vuelto cada vez más frecuentes dado que los terratenientes chinos, no obstante a nivel formal alquilan las tierras al Estado, emplean a trabajadores tayikos para luego tratarlos como gente de “segunda clase”, ya sea maltratándolos o pagándoles menos que a los operarios chinos.  Estos enfrentamientos se han mantenido en una escala local, pero podrían tornarse una avalancha en el camino de la “sinización” de Tayikistán y de otros países de Asia central.

Por el momento, “esta expansión silenciosa ya ha llevado a una situación en la cual, poco a poco,  la mayor parte de las empresas más redituables de Tayikistán han ido pasando a manos chinas”. Como resultado, concluye el analista de Dusambé, “los tayikos han dejado de ser dueños de su propio país”, y la que en otro tiempo era su patria independiente “ha sido transformada en una colonia de un país vecino cada vez más consolidado”. 

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