19/06/2015, 00.00
VATICANO
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La encíclica “verde” del Papa Francisco y la doctrina social de la Iglesia

de Bernardo Cervellera
Los “católicos de derecha” la rechazan como “comunista”, aquellos “de izquierda” aplauden a la novedad, pero cuánto dice Francisco en su “Laudato sí” está en la línea de la doctrina social de la Iglesia. En sintonía con Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo II. Benedicto XVI. Algún tono apocalíptico anuncia “el fin”, el fracaso “de la época moderna” y de su “antropocentrismo desviado”. La crítica a los poderes políticos, la invitación a la colaboración con todos.

Roma (AsiaNews)- No es un manifiesto ecologista de denuncias y utopías bucólicas, sino una apelación al mundo para cambiar estilo de vida en los consumos, en las basuras, en la energía y sobre todo en la acogida de sí, de los otros, de Dios. El punto fuerte de esta nueva encíclica del Papa francisco, de su poético título. “Laudato sí” es la de proponer a todos cristianos y no, ambientalistas y tecnócratas, jóvenes y viejos la “conversión” a una visión integral del concepto “ambiente” que dice sí a la naturaleza, pero también al hombre y a sus similares, la relación con los objetos y con las generaciones mirando al todo como un don, una “hermano” y una “hermana”, así como S. Francisco amaba llamar a cada cosa en su Cántico de las creaturas, que le da el título a esta obra del Papa.

Hay una urgencia en el escrito del pontífice que indica un posible apocalipsis: no sólo de la naturaleza corrupta por la contaminación, el deshacerse de los glaciares, el efecto sierra, sino también aquella de guerras de los ricos y potentes tecnócratas o las revueltas de los pobres descartados por el desarrollo junto a las basuras de la sociedad consumista.

El Papa Francisco no es tierno con el modelo de sociedad contemporánea, basado en un “antropocentrismo desviado”, enfermo de delirio de omnipotencia, que exprime los recursos para un siempre mayor provecho, sin mirar a las víctimas animales, humanas, naturales. Él cita a menudo a Romano Guardini y su “El fin de la época moderna”. En un cierto sentido esta encíclica anuncia el fin de este modelo, que fracasó en sus ideales poniendo la finanza contra el trabajo, la libertad de pocos contra la esclavitud de muchos; los intereses egoístas contra la solidaridad; el dominio sobre el mundo y sobre los hombres contra la comunión y la armonía.

Aún más fuerte es la crítica a los organismos internacionales y a los poderes políticos acusados de ser conniventes con tal modelo, débiles en el hacer respetar las leyes, ineptos en el tomar decisiones  a favor del bien común.

Pero él tampoco es tierno ni siquiera con los ecologistas utópicos, que sueñan un mundo sin máquinas, que se sacrifican en salvar un animal, pero hacen silencio sobre los pobres descartados, las muertes de seres humanos (aborto) y sobre las manipulaciones genéticas hacia los embriones humanos vivos.

Algunos medios ha  enfatizado la publicación de esta obra como la “primera encíclica de un Papa sobre el ambiente”. Diversos “católicos de derecha”, sobre todo en los EEUU, han ya rechazado la propuesta del Papa como “comunista”. Los “católicos de izquierda” se sienten en cambio coronados y justificados porque “finalmente” el Papa “les da razón a ellos”. En realidad cuánto dice francisco es parte de la doctrina social de la Iglesia, tanto que el mismo Papa recuerda su deuda hacia Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI, cuya “Caritas in veritate” reportaba ya diversos temas que Francisco ha presentado en modo más amplio y profundizado.

Católicos de derecha e izquierda están llamados a dar un paso adelante, hacia aquella “conversión” a la ecología global, en la cual el cuidado del ambiente es parte de la misión de la Iglesia, como lo es también la defensa de la vida, de la dignidad del hombre, de la relación entre varón y mujer, de la familia.

Una verdadera novedad es que esta encíclica, por primera vez ve declarado la contribución de un jefe ortodoxo, el patriarca ecuménico Bartolomé I de Constantinópolis. Además, según indiscreciones- muchas contribuciones a la obra vinieron de científicos de todo el mundo de otras religiones. Por otro lado, el papa Francisco invita a todos los cristianos y a todas las religiones a trabajar juntos para reconstruir el mundo, basándose en un respeto del planeta, de la vida, de la sociedad, de los jóvenes y esto no se puede obtener sin una referencia religiosa, que mire a la realidad como un don, un signo del amor de Dios para nosotros, no como un objeto manejable a su propio gusto.

 

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