08/07/2016, 14.29
TIERRA SANTA
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Mons. Pizzaballa: Solo la misericordia salvará a Oriente Medio del fundamentalismo

de Dario Salvi

El nuevo Administrador apostólico del Patriarcado de Jerusalén para los latinos habla acerca de los desafíos de su misión. La relación  con los miembros de la cúspide israelí y la derivación fundamentalista, a la cual se responde con “el encuentro y el diálogo”. Aborda incluso la pastoral para los migrantes y la acogida de quienes huyen de la guerra. La incapacidad para perdonarse, “el principal problema” del Oriente Medio.

Roma (AsiaNews) – Uno de los problemas, o quizás el “principal problema” del Oriente Medio es la “incapacidad para perdonarse”. Es por ese motivo que la misericordia es la única fuerza capaz de romper este “círculo vicioso”. Para los cristianos, se trata del “testimonio” más grande que pueden dar a los demás pueblos de esta tierra, en un contexto a menudo caracterizado por la violencia, el extremismo y el terror. Quien lo afirma, en una entrevista con AsiaNews, es el nuevo Administrador apostólico del Patriarcado de Jerusalén para los latinos, Mons. Pierbattista Pizzaballa, que en las últimas semanas estuvo en Roma y ahora espera regresar a Tierra Santa. El flamante obispo explica que el perdón no es fruto del “sentimentalismo”, sino hijo de “un camino, de una toma de conciencia del mal” y del “acogimiento en común, recíproco”.

El 24 de junio pasado, el ex custodio de Tierra Santa, Mons. Pierbattista Pizzaballa, fue nombrado Administrador Apostólico del Patriarcado de Jerusalén para los latinos, por haber quedado vacante dicha sede tras la dimisión del patriarca Fouad Twal, que llegó al límite de edad. El nuevo obispo de 51 años recibirá la consagración episcopal el próximo 10 de septiembre en la catedral de Bérgamo, Italia, en su diócesis de origen.

Trabaja en Tierra Santa desde el año 1999 y en mayo de 2004 es elegido custodio. El 22 de marzo de 2010 es nombrado para un segundo mandato. En el año 2013 fue postulado para otro trienio más. Su mandato se concluyó en abril de 2016. Fino conocedor de la cultura hebrea, ha enseñado hebreo bíblico en la Facultad franciscana de Ciencias Bíblicas y Arqueológicas de Jerusalén, y mantiene muchos vínculos con personalidades judías israelíes de relevancia.

A continuación, la entrevista que Mons. Pizzaballa brindó a AsiaNews:

 

Su Excelencia, ¿cuáles serán sus prioridades en el ámbito pastoral?

En el ámbito pastoral, el territorio de la diócesis está muy diversificado: Jordania, Israel y Palestina son realidades diferentes entre sí, por lo tanto, será necesario prestar atención a las diversas dinámicas sociales, que abarcan el mundo de la familia, del trabajo, de los jóvenes, y que tienen necesidad de respuestas distintas según el territorio de que se trate. También hay un problema evidente que surge, y que también afecta al territorio de nuestra diócesis: se trata de la relación y el diálogo con las otras religiones, sobre todo el islam, que en este contexto de creciente fundamentalismo se ha vuelto más importante aún. Y luego el trato con Israel, la relación con las otras Iglesias, la inmigración y las persecuciones, todo lo que está ocurriendo obliga a la Iglesia a estar mejor coordinada a nivel pastoral, y eso no es todo. En suma, diría que hay mucho por hacer.

 

¿Y cómo se combina la exigencia de salvaguardar a la comunidad árabe originaria con los nuevos cristianos, hijos de la inmigración, que ya incluso superan a los  locales?

Es errado hacer una lectura antitética, como si un factor fuese contrario al otro. El elemento universal no es contrario al local, y viceversa. Habrá que trabajar juntos partiendo, no de la pertenencia étnica, sino más bien de la religiosa. San Pablo dice que somos de Cristo, y debemos partir desde este punto. Luego, es claro que en todas las cosas se necesita ser concretos, diversificar las actividades de acuerdo a las exigencias, que pueden ser incluso diferentes, pero nunca antitéticas. Somos una sola Iglesia.  

 

Además, el Patriarcado Latino hace tiempo que está a la vanguardia en lo que se refiere al trabajo de acogimiento…

Sí, y también aquí se desarrolla de maneras muy diferentes. Una cosa son los inmigrantes en Israel, y otra muy distinta son los refugiados que vienen de Siria y de Irak que se han establecido en Jordania;  son realidades muy diversas, que necesitan de respuestas distintas entre sí, pero dentro de un único contexto eclesial.

 

¿Cómo han cambiado Tierra Santa y Oriente Medio en los últimos 12 años, período en el cual usted se ha desempeñado en el cargo de Custodio?

Desde el punto de vista político, los cambios son evidentísimos. Y también muy claros. En todo el Oriente Medio, en Tierra Santa, en Jordania, la política se ha vuelto muy débil, e incapaz de brindar perspectivas. Desde el punto de vista social, la llegada de los inmigrantes, y luego de los refugiados, ha llevado a cambios enormes, e incluso al deterioro económico. Desde el 2004 hasta hoy, este cambio se ha visto en un crecimiento de la angustia, del miedo, y justamente es en función de ello que requieren una respuesta muy clara por parte de la Iglesia. Desde el punto de vista político, la pérdida de perspectivas es fuerte, y es allí donde debemos intervenir. Mientras que en el plano religioso, será importante contrastar el crecimiento del fundamentalismo, islámico por una parte,  y judío por otra.  Hemos sido testigos de acontecimientos que eran impensables en el pasado reciente, y frente a éstos, debemos reaccionar de manera equilibrada, sabia, siempre dispuestos a acoger, pero sin renunciar a nada de nuestra historia, de nuestra pertenencia.

 

¿Cuáles con los medios para contrastar el extremismo, el uso de la religión para fines de guerra, terrorismo, de violencia?

Frente a todo esto, la única respuesta es hacer exactamente lo contrario. Los fundamentalismos buscar encerrar a cada uno en su propio gueto, y evitar así toda forma de diversidad, de diferencia; nosotros, en cambio, queremos demostrar que el Oriente Medio tiene una historia diversa, y queremos insistir obstinadamente en esto, con claridad, denunciando el uso instrumental que se hace de la religión y favoreciendo todas las formas de encuentro y diálogo posibles.  Un diálogo que no es una actitud “buenista”, sino un modo de obrar concreto que está ligado a la vida de todos. Debemos trabajar en este ámbito con esta perspectiva, de otro modo vencerán los prejuicios y las desconfianzas recíprocas.  

 

Con el Estado israelí hay algunas cuestiones irresueltas; el Monasterio de Cremisán, los fondos para las escuelas cristianas que jamás legaron…

También en este caso, es necesario hablar con mucha claridad y determinación, reivindicando nuestros derechos y la libertad de todos, sin ningún compromiso y sin dar nada por descontado, permaneciendo siempre dispuestos a una discusión serena. Particularmente en lo referido a los fondos para las escuelas cristianas, la situación [en parte debido al receso escolar, por las vacaciones] está parada. Sin embargo, la cuestión sigue abierta, y trataremos de resolverla a través de la discusión y el diálogo, permaneciendo firmes en nuestros derechos como comunidad cristiana.

 

Son muchos los desafíos que le aguardan en esta nueva tarea. ¿Qué significado adquiere el Año de la Misericordia, tan caro al Papa Francisco, en este contexto tan controvertido?

Creo que puede representar una indicación de método muy importante. Uno de los problemas, sino el problema principal del Oriente Medio es la incapacidad para perdonarse.  Justamente, se trata de un círculo vicioso que sólo puede ser roto por el perdón, por la misericordia. Y con respecto a nosotros, los cristianos, éste es el principal testimonio que podemos dar. Por supuesto que el perdón no es algo simple, no es un gesto basado en el sentimentalismo, sino que debe ser fruto de un camino, de una toma de conciencia del mal, de una toma de conciencia de sí, del otro, del acogimiento común, recíproco. No es “hacer como si nada hubiera pasado”, sino un objetivo que tenemos ante nosotros y al cual ha de llegarse, llevando tras de sí a la comunidad entera. Los tiempos no los decidimos nosotros solos, sino que es algo que debemos hacer juntos.

 

En conclusión, ¿cuáles son los principales desafíos para el futuro inmediato?

Lo primero que debo hacer es encontrarme con la diócesis desde otra perspectiva, escuchar mucho, favorecer la involucración y la participación, éstos son los primeros desafíos como Iglesia. Y el resto ya vendrá solo…

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