01/04/2020, 12.34
IRAK - ITALIA
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Padre Samir: Como Jesús en el desierto, en cuarentena, para curarse del mal (II)

de Samir Youssef*

El sacerdote iraquí traza un paralelo entre los límites que impone la pandemia y el exilio de Cristo antes de la Pascua.  Misas y oraciones por Italia. En un momento de sufrimiento, la fe es el elemento en el cual apoyarse. Los daños en la economía, las fábricas cerradas y el sostén obligado de las autoridades. Segunda parte del testimonio. 

 

Erbil (AsiaNews) - La cuarentena guarda “una similitud con el exilio de Jesús en el desierto”, para “curarse y purificarse de todo mal”, de todo virus “que azota el corazón y la mente, nuestro espíritu”. Es lo que escribe el Pbro. Samir Youssef, un sacerdote caldeo del norte de Irak, en la segunda parte de su testimonio, confiado a AsiaNews en plena emergencia por coronavirus. Hace tiempo que “celebramos la misa por Italia”, luego “me arrodillo delante del crucifijo y rezo en árabe y en italiano”. En un período de grandes pruebas y sufrimiento, el re-descubrimiento de la fe se vuelve un elemento que confiere fuerza y sostiene. Y afirma: “Realmente creo que solo con la ayuda de Dios, a través de la cruz de Jesús, podremos salir de esta situación”. 

A continuación, la segunda parte del texto enviado por el Padre Samir. Para acceder a la primera parte, cliquee aquí.  

La cuarentena guarda una similitud con el exilio de Jesús en el desierto, para curarse y purificarse de todo mal, de todos los virus que azotan el corazón y la mente, nuestro espíritu. No debemos tener miedo de quienes solo matan el cuerpo, pero sí debemos temer aquello que termina matando el espíritu; pensemos en las persecuciones en el mundo, en aquellas de tipo religioso y social, económico, en el crimen, las drogas… cuántas personas mueren por estos virus.  

Desde que la epidemia comenzó a azotar a Italia, y luego a otros países, hemos continuado rezando de rodillas, a los pies de Jesús crucificado, y tocando a la puerta de su corazón misericordioso para pedir la gracia de salvar al mundo. Todos necesitamos de su misericordia. Por eso yo celebro la misa todos los días, siguiendo el rito latino y en idioma italiano; me gusta y también es bello hacer esto solo. El domingo celebramos las misas y las difundimos on-line, por Internet, y los únicos presentes son los miembros del coro, pero ahora el gobierno también ha impedido esto. Por la noche, rezo el Rosario con mi mamá y mi tía; luego vuelvo a la parroquia y rezo el Rosario de la misericordia, pidiendo por Italia y por el mundo entero. 

La economía, como sucede en todo el mundo, está en dificultades, todo está parado; pienso que los daños se prolongarán por años. Aquí, las fábricas están cerradas y para reanudar su actividad necesitarán el sostén de las autoridades. En Irak, la situación nos está afectando de una manera fuerte, porque la mayor parte de nuestra economía está basada en el precio del petróleo y hoy está muy bajo. Se teme que el virus permanezca y se convierta en algo estacional. El mundo después del virus ya no volverá a ser lo que era antes y muchos hábitos seguirán. Ya estamos tan habituados a lavarnos las manos y a desinfectarlas, que un amigo sacerdote, en vez de agregar azúcar al té, ¡le puso desinfectante! 

Realmente creo que solo podremos salir de esta situación con la ayuda de Dios, a través de la cruz de Jesús. Sin Él, no podemos hacer nada. Es por eso que el Papa, hace una semana, visitó la cruz milagrosa en la iglesia de San Marcelo, pidiendo la gracia de salvar a Italia y al mundo de esta epidemia. Luego la transportaron hasta Plaza San Pedro, para alzarla como símbolo de la Iglesia universal, con los brazos extendidos hacia el mundo.

Para muchos, la suspensión de la misa es una prueba dura: todos los ritos comunitarios - la celebración dominical, funerales, matrimonios, bautismo, confirmaciones y comuniones - están suspendidos. Sin embargo, creo que las oraciones se pueden rezar en todas partes, y en este momento la Iglesia está por doquier, uno puede encontrarla en las casas y en los hospitales. Y cualquier cosa que hagamos por los enfermos y los débiles, es como si fuera una misa celebrada de modo místico. Nuestro patriarca ha difundido una oración por Italia y celebra las misas en directo, on-line, para permitir que todos puedan asistir desde sus casas. 

En mi diócesis, el obispo también celebra solo, y la misa se difunde a través de la web. En lo que concierne a nuestra parroquia, yo celebro por la noche, con la presencia de tres personas y nosotros también la difundimos en las redes sociales, así toda la parroquia se une de un modo ideal. Escuchan la palabra de Dios y quedamos en contacto, unidos en un cuerpo místico. Hace tiempo que también celebramos una misa por Italia. Luego de la misa, me arrodillo delante del crucifijo, y rezo, en árabe y en italiano, la letanía que me traje de la iglesia de San Marcelo, donde se encuentra la cruz milagrosa. La Iglesia italiana, con todo el pueblo, han estado a nuestro lado en los momentos difíciles, durante la guerra y las persecuciones, bajo la ocupación del ISIS. Hoy rezamos todos por Italia; somos todos italianos.

* sacerdote de la diócesis de Zakho y Amadiya

(Fin de la segunda y última parte)

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