28/11/2017, 13.14
MYANMAR – VATICANO
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Papa en Myanmar: para un futuro de paz se necesita la contribución de todos, 'sin excluir a nadie'

Reunido con las autoridades del país, Francisco no nombró explícitamente a los Rohingya, un hecho que a las autoridades del país "habría disgustado", pero gran parte de su discurso tocó temas relacionados con su historia. "El futuro de Myanmar debe ser la paz, una paz basada en el respeto por la dignidad y los derechos de cada miembro de la sociedad, el respeto por cada grupo étnico y su identidad".

 

 

Yangon (AsiaNews) – Que Myanmar construya su futuro en paz, basado en la paz basada en el respeto a la dignidad y los derechos de cada grupo étnico, "sin excluir a nadie", sobre la coexistencia entre diferentes religiones, sobre formación técnicos, pero también ética de la juventud. Es la esperanza del Papa Francisco para el futuro de este país expresada en el discurso pronunciado durante la reunión con las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático en el Centro Internacional de Myanmar International Convention Center de Nay Pyi Taw, seguido al del presidente Htin Kyaw (en la foto).

En su discurso, el Papa no nominó explícitamente a los Rohingya, un hecho que habría sido "desagradable" a las autoridades del país, pero gran parte de su discurso tocó temas que conciernen a su historia. No los nombró Aung San Suu Kyi, quien dio la bienvenida a Francisco en su papel de Consejera de Estado y Ministro de Asuntos Exteriores. En su saludo, la "Dama", sin mencionar a los Rohingya, se refirió a la "situación en Rakhine", hablando de "cuestiones de larga data, cuestiones sociales, económicas y políticas que erosionaron la confianza y la comprensión, la armonía y cooperación entre diferentes comunidades". "El propósito de nuestro gobierno -añadió- es resaltar la belleza de nuestra diversidad y convertirla en nuestra fortaleza, proteger nuestros derechos, promover la tolerancia y garantizar la seguridad para todos".

Por su parte, el Papa, saludado por algunos niños con vestimenta tradicional perteneciente a diferentes grupos étnicos, mencionó por primera vez el establecimiento de relaciones diplomáticas entre Myanmar y la Santa Sede. "Me gustaría ver esta decisión como una señal del compromiso de la nación para buscar el diálogo y la cooperación constructiva dentro de una más grande comunidad internacional, así como para renovar el tejido de la sociedad civil".

"También me gustaría -  prosiguió - en esta visita abrazar a toda la población de Myanmar y ofrecer una palabra de aliento a todos aquellos que están trabajando para construir un orden social justo, reconciliado e inclusivo. Myanmar ha sido bendecido con el don de una belleza extraordinaria y de numerosos recursos naturales, pero su mayor tesoro es sin duda su gente, que ha sufrido y sigue sufriendo a causa de los conflictos civiles y de las hostilidades que durante demasiado tiempo han creado profundas divisiones. Ahora que la nación está trabajando por restaurar la paz, la curación de estas heridas ha de ser una prioridad política y espiritual fundamental. Quiero expresar mi agradecimiento al Gobierno por los esfuerzos para afrontar este desafío, de modo particular a través de la Conferencia de Paz de Panglong, que reúne a representantes de los diversos grupos con el objetivo de poner fin a la violencia, generar confianza y garantizar el respeto de los derechos de quienes consideran esta tierra como su hogar."

"De hecho, el difícil proceso de construir la paz y la reconciliación nacional sólo puede avanzar a través del compromiso con la justicia y el respeto de los derechos humanos".

"El futuro de Myanmar debe ser la paz, una paz basada en el respeto a la dignidad y los derechos de cada miembro de la sociedad, el respeto por cada grupo étnico y su identidad, el respeto por el estado de derecho y un orden democrático que permita que cada individuo y cada grupo – sin excluir a nadie – ofrecer su contribución legítima al bien común".

En el gran trabajo de reconciliación e integración nacional, las comunidades religiosas "tienen un papel privilegiado que desempeñar. Las diferencias religiosas no deben ser una fuente de división y desconfianza, sino más bien un impulso para la unidad, el perdón, la tolerancia y una sabia construcción de la nación. Las religiones pueden jugar un papel importante en la cicatrización de heridas emocionales, espirituales y psicológicas de todos los que han sufrido en estos años de conflicto. Inspirándose en esos valores profundamente arraigados, pueden contribuir también a erradicar las causas del conflicto, a construir puentes de diálogo, a buscar la justicia y ser una voz profética en favor de los que sufren. Es un gran signo de esperanza el que los líderes de las diversas tradiciones religiosas de este país, con espíritu de armonía y de respeto mutuo, se esfuercen en trabajar juntos en favor de la paz, para ayudar a los pobres y educar en los auténticos valores humanos y religiosos. Al tratar de construir una cultura del encuentro y la solidaridad, contribuyen al bien común y sientan las bases morales indispensables en vistas de un futuro de esperanza y prosperidad para las generaciones futuras.”

“Ese futuro está todavía en manos de los jóvenes de la nación. Ellos son un regalo que hay que apreciar y alentar, una inversión que producirá un fruto abundante si se les ofrecen oportunidades reales de empleo y una educación de calidad”.  Pero la formación de los jóvenes ha afirmado Francisco, no debe mirar sólo al “campo de la técnica”, sino sobre todo en “los valores éticos de la honestidad, la integridad y la solidaridad humana, que aseguran la consolidación de la democracia y el aumento de la unidad y la paz en todos los niveles de la sociedad. La justicia intergeneracional también exige que las generaciones futuras reciban en herencia un entorno natural que no esté contaminado por la codicia y la rapacería humana. Es esencial que no se les robe a nuestros jóvenes la esperanza y la posibilidad de emplear su idealismo y su talento en remodelar el futuro de su país, es más, de toda la familia humana.”

El Papa ha concluido volviendo a la pequeña pero ferviente comunidad católica de la nación el primer destinatario de su visita, a quien quiere alentar “a perseverar en su fe y a seguir anunciando su mensaje de reconciliación y fraternidad a través de obras de caridad y humanitarias, que beneficien a toda la sociedad en su conjunto. Espero que, en cooperación respetuosa con los seguidores de otras religiones y de todos los hombres y mujeres de buena voluntad, contribuyan a abrir una nueva era de concordia y progreso para los pueblos de esta querida nación.”

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