31/05/2019, 18.11
RUMANIA-VATICANO
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Papa en Rumania: ortodoxos y católicos deben 'caminar juntos'

El encuentro con el Patriarca y el Sínodo ortodoxo en el centro de la primera jornada de la visita de Francisco: recordar no las equivocaciones ni los prejuicios, sino las comunes raíces. En el encuentro con las autoridades políticas y civiles la investigación del bien común para “construir una sociedad inclusiva” donde “los más débiles y los últimos son vistos como no deseados”.

 

Bucarest (AsiaNews) – “Caminar juntos”, ortodoxos y católicos, en un tiempo en el cual “los más quedaron inexorablemente excluidos” del bienestar llegado con el desarrollo tecnológico que, junto al progreso, promueve “una cultura del odio” e individualista que, quizás no es más ideológica como en los tiempos de la persecución atea es todavía más persuasiva y no menos materialista”. El Papa Francisco está en Rumania, donde llegó esta mañana, para una visita con un fuerte valor económico en uno de los países donde, como en Ucrania, la Iglesia griego-católica vivió las persecuciones por parte del régimen comunista, hasta ser eliminada por ley, mientras que sus bienes y sus fieles eran “cedidos” a la Iglesia ortodoxa.

Un pasado del cual el domingo próximo en Blaj, en Transilvania, habrá un testimonio, con la beatificación de 7 obispos que en aquellos años fueron martirizados, pero que hoy ha visto en cambio prevalecer los valores de una fraternidad que busca el camino hacia la unidad. Es este el sentimiento que ha dominado el encuentro, en Bucarest, con el patriarca de Rumania, Daniel y luego con el Sínodo permanente de la Iglesia ortodoxa rumana y terminado con el rezo, juntos, del Padre Nuestro, en la catedral ortodoxa. “Como oración”, subrayó el Papa, en la cual “está contenida nuestra identidad de hijos y hoy en modo particular, de hermanos que rezan el uno al lado del otro”.

Fue la segunda cita de Francisco en Rumania, después del de la bienvenida, con la visita al presidente de la República, Klaus Werner Ihoannis y el encuentro con las autoridades políticas, sociales y diplomáticos del país.

Este encuentro, también marcado por la invitación para “caminar juntos” por el bien común del pueblo rumano, recordando que esto “exige la nobleza de renunciar a algo de la propia visión o del propio específico interés en favor de un designio más amplio”, para “construir una sociedad inclusiva” donde “los más débiles, los más pobres y los últimos no son vistos como indeseados”

Recordando luego los tiempos de la dictadura y 30 años transcurridos desde la caída del régimen de Ceaucescu, que “oprimía la libertad civil y religiosa”  y aislaba a Rumania, Francisco dijo que “durante este tiempo Rumania se comprometió en la construcción de un proyecto democrático a través del pluralismo de las fuerzas políticas y sociales y su recíproco diálogo, por el fundamental reconocimiento de la libertad religiosa y por la plena inserción del país en el más amplio escenario internacional. Es importante reconocer los muchos pasos en adelante realizados en este camino, también en medio de grandes dificultades y privaciones”. Es así que el camino produjo consecuencias como la “migración, que involucró a diversos millones de personas que han dejado sus casas y su patria para buscar nuevas oportunidades de trabajo y de una vida digna”.  

“Para afrontar los problemas de esta nueva fase histórica”, afirmó el Papa “es necesario caminar juntos”. “Caminar juntos, como modo de construir la historia, requiere la nobleza de renunciar a algo del propio punto de vista, o del interés personal específico, en favor de un proyecto más amplio, de tal manera que se pueda forjar una armonía que permita avanzar con seguridad hacia metas comunes”. Una contribución a tal objetivo la pueden ofrecer las Iglesias cristianas, comprometiéndose “en dar un testimonio atrayente de la acción de Dios, promoviendo entre ellos una verdadera amistad y colaboración”.

Son estos lo temas que estuvieron en el centro de la visita que el Papa realizó durante la tarde al Patriarca y al Sínodo ortodoxo.

Recibido por el Patriarca Daniel en el ingreso del Palacio del Patriarcado, Francisco tuvo un coloquio privado con el Patriarca, antes del encuentro con el Sínodo, al cual dirigió un discurso. “Aquí. como en muchos otros lugares en nuestros tiempos- han experimentado la Pascua de muerte y Resurrección: tantos hijos e hijas de este país, de varias iglesias y comunidades cristianas, han pasado el viernes de la persecución, han atravesado el sábado del silencio, han vivido el domingo del renacimiento. ¡Cuántos mártires y confesores de la fe! Muchos, de diversas confesiones, fueron en tiempos recientes el uno junto al otro en las prisiones ayudándose mutuamente. El ejemplo de ellos está hoy delante de nosotros y de las nueve generaciones que no han conocido aquellas dramáticas condiciones. Esto, por lo que han sufrido, hasta ofrecer la propia vida es un herencia demasiado preciosa para ser olvidada y deshonrada. Y es una herencia común, que nos llama a no tomar distancias del hermanos que la comparte”.

Y ahora: “Caminar juntos con la fuerza de la memoria”. “No la memoria de los males sufridos e infligidos, de juicios y prejuicios, que nos encierran en un círculo vicioso y conducen a actitudes estériles, sino la memoria de las raíces: los primeros siglos en los que el Evangelio, anunciado con parresia y espíritu de profecía, encontró e iluminó a nuevos pueblos y culturas”. “El recuerdo de los pasos realizados juntos- concluyó- nos alienta a continuar hacia el futuro en la conciencia- ciertamente-de la diferencias pero sobre todo en la acción de gracias de una atmósfera familiar que hay que redescubrir, en la memoria de la comunión que hay que reavivar, que como una lámpara irradie luz sobre los pasos de nuestro camino”

Particularmente significativa en tal perspectiva, la recitación del Padre Nuestro, realizada juntos en la Nueva Catedral ortodoxa de la Salvación del Pueblo. “Jesús-dijo Francisco antes de recitar la oración-  invitó a los hermanos Andrés y Pedro a abandonar las redes para convertirse en pescadores de hombres (cf. Mc 1,16-17). La llamada de uno de ellos no está completa sin la de su hermano. Hoy queremos elevar, los unos junto a los otros, desde el corazón de este país, la oración del Padre Nuestro. En ella está contenida nuestra identidad de hijos y, hoy de manera particular, de hermanos que rezan uno al lado del otro. La oración del Padrenuestro contiene la certeza de la promesa hecha por Jesús a sus discípulos: «No os dejaré huérfanos» (Jn 14,18), y nos brinda la confianza para recibir y acoger el don del hermano.

“Cada vez que decimos ‘Padre nuestro’ reiteramos que la palabra Padre no puede ir sin decir nuestro. Unidos en la oración de Jesús, nos unimos también en su experiencia de amor y de intercesión que nos lleva a decir: Padre mío y Padre vuestro, Dios mío y Dios vuestro (cf. Jn 20,17). Es la invitación a que lo “mío” se transforme en nuestro y lo nuestro se haga oración”. (FP)

 

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