08/02/2015, 00.00
VATICANO
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Papa: La explotación de las personas es una "vergonzosa plaga, indigna de una sociedad civil"

En la Jornada contra la trata de las personas, Francisco pide a los gobernantes que se ocupen "con decisión" para "quitar esta plaga". Llevar "la luz de la Palabra de Dios y la fuerza de la gracia" a los enfermos y a aquellos que los asisten. "Cuidar a un enfermo, recibirlo, servirlo es servir a Cristo, es la carne de Cristo, el enfermo. Esto sucede también en nuestro tiempo, cuando no obstante los grandes progresos de la ciencia, el sufrimiento interior y físico de las personas suscita fuertes interrogativos sobre el sentido de la enfermedad y del dolor y sobre el porqué de la muerte"

Ciudad del vaticano (AsiaNews)- La explotación de las personas es "una plaga vergonzosa, indigna de una sociedad civil". Lo dijo el Papa Francisco antes del Ángelus de hoy, memoria litúrgica de S. Josefina Bakhita, "la monja africana que desde niña sufrió la dramática experiencia de ser víctima de la trata". Una Jornada que, recordó, la Unión de las superioras y de los superiores generales de los Institutos religiosos han querido dedicar a la oración y a la reflexión contra la trata de personas. "Aliento- dijo- a cuántos están comprometidos en ayudar a hombres, mujeres y  niños esclavizados, explotados, abusados como instrumentos de trabajo o de placer y a menudo torturados y mutilados. Deseo que cuántos tengan responsabilidades de gobierno se adopten con decisión en quitar o remover eliminando las causas de esta vergonzosa plaga, es verdad, una plaga vergonzosa, una plaga indigna de una sociedad civil. Cada uno de nosotros se sienta comprometido en ser voz de estos hermanos y hermanas, humillados en su dignidad. Recemos todos juntos a la Virgen por ellos y sus familiares".

Antes de recitar la plegaria mariana, delante de las 50 mil personas presentes en la plaza de S. Pedro, el Papa habló del deber de llevar "la luz de la Palabra de Dios y la fuerza de la gracia" a los enfermos y a aquellos que los asisten. El Evangelio de hoy, de hecho, "nos presenta a Jesús que, después de haber predicado siendo sábado en la sinagoga, cura a muchos enfermos. Predicar y curar: esta es la actividad principal de Jesús en su vida pública. Con su predicación Él anuncia el Reino de Dios y  con las curaciones demuestra que Él está cerca, está en medio de nosotros. Habiendo entrado en la casa de Simón Pedro, Jesús ve que su suegra está en cama con fiebre, inmediatamente le toma la mano, la cura y la hace levantar. Después del crepúsculo, cuando ya finalizó el sábado y la gente puede salir de sus casas, le llevan los enfermos, sana a una multitud de personas afligidas de todo tipo de enfermedades: físicas, psíquicas, espirituales. Vino a la tierra para anunciar y realizar la salvación de todo hombre y de todos los hombres. Jesús tiene una particular predilección por aquellos que están heridos en el cuerpo y en el espíritu: los pobres, los pecadores, los endemoniados, los enfermos y los marginados. Él se revela así como médico de las almas y de los cuerpos, buen Samaritano del hombre. Es el verdadero Salvador, Jesús salva, Jesús cura, Jesús sana".

"Tal realidad de la curación de los enfermos por parte de Cristo, nos invita a reflexionar sobre el sentido y el valor de la enfermedad. A esto nos lleva también la Jornada Mundial del Enfermo que celebraremos el próximo 11 de febrero, memoria litúrgica de la Virgen de Lourdes. Bendigo las iniciativas preparadas para esta Jornada, en particular por la Vigilia que se realizará en Roma la vigilia del 10 de febrero. Y aquí me detengo para recordar al presidente del Pontificio  concejo de la salud, mons. Zimowski, que está muy enfermo en Polonia. Una oración por su salud, porque fue él quien preparó esta Jornada y él nos acompaña con su sufrimiento.

"La obra salvífica de Cristo no se agota con su persona y en el arco de su vida terrena; ésta continúa mediante la Iglesia, sacramento del amor y de la ternura de Dios por los hombres. Enviando a misionar a sus discípulos, Jesús les confiere un doble mandato: anunciar el Evangelio y sanar a los enfermos (Cfr. Mt 10,7-8). Fiel a esta enseñanza, la Iglesia siempre consideró la asistencia a los enfermos como parte integrante de su misión. "Los pobres y los que sufren los tendréis siempre con vosotros", dice Jesús (Cfr. Mt 26,11), y la Iglesia continuamente los encuentra en su camino, considerando a las personas enfermas como una vía privilegiada para encontrar a Cristo, es la carne de Cristo, el enfermo. Esto sucede también en nuestro tiempo, cuando. No obstante los múltiples avances de la ciencia, el sufrimiento interior y físico de las personas suscita fuertes interrogativos sobre el sentido de la enfermedad y el dolor y sobre el porqué de la muerte.

Se trata de preguntas existenciales, a las cuales la acción pastoral de la Iglesia debe responder a la luz de la fe, teniendo delante de los ojos al Crucifijo, en el cual aparece todo el misterio salvífico de Dios Padre, que por amor de los hombres no ahorró a su propio Hijo (Cfr. Rm 8,32). Por lo tanto, cada uno de nosotros es llamado a llevar la luz de la Palabra de Dios y la fuerza de la gracia a aquellos que sufren y a cuántos los asisten, familiares, médicos, enfermeros, porque el servicio al enfermo se realice siempre más con humanidad, con dedicación generosa, con amor evangélico, con ternura. La Iglesia madre, a través de nuestras manos cura a los enfermos, y lo hace con ternura. Recemos a María, Salud de los enfermos, para que cada persona enferma pueda experimentar, gracias a la asistencia de quien le está al lado, la potencia del amor de Dios y la confortación de la ternura paterna".

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