15/08/2015, 00.00
VATICANO
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Papa: Mi oración por la población de Tianjin. Nuestra peregrinación en el signo de María

Papa Francisco expresa su participación por el desastre ocurrido en la ciudad china, donde 2 explosiones mataron a más de 50 personas y provocó unos 700 heridos, haciendo temer por la seguridad de la población, por la presencia en los depósitos explotados de 700 toneladas de sales de cianuro. “En la historia pesa la violencia de los prepotentes”, pero Dios no deja solos a sus hijos”. La vida “no es un vagabundear sin sentido, sino un peregrinar” hacia una meta segura, “la casa del Padre”. Una visita a la “Salus Populi Romani” en S. María la Mayor.

Ciudad del Vaticano (AsiaNews)- “Mi pensamiento va, en este momento hacia la población de la ciudad de Tianjin, en China septentrional, donde algunas explosiones en un zona industrial causaron numerosos muertos y heridos y enormes daños”. Es cuanto expresó el Papa Francisco hoy después de la plegaria del Ángelus recitada con los peregrinos reunidos en la plaza de S. Pedro.

Hace 2 días dos enormes explosiones en un depósito de substancias químicas han provocado más de 50 muertos y 700 heridos, destruyendo una entera zona de la ciudad. El temor de las autoridades y de la población es que haya exhalaciones letales, dado que en los depósitos que explotaron estaban almacenadas 700 toneladas de sales de cianuro, que son altamente venenosas.

“Aseguro-agregó el Papa- mi oración para aquellos que han perdido la vida y por todas las personas afectadas por este accidente. Que el Señor les dé alivio a ellas y sostenga a cuántos están tratando de aliviar sus sufrimientos”.

Precedentemente, el pontífice se detuvo sobre el sentido de la fiesta de hoy, solemnidad de la Asunción de María al cielo. Citando el Evangelio de la misa (Lucas 1, 35-56), Francisco dijo. “El Evangelio nos muestra… cuál es el más verdadero motivo de la grandeza de María y de su beatitud: es la fe…La fe es el corazón de toda la historia de María; Ella sabe- y lo dice- que en la historia pesa la violencia de los prepotentes, el orgullo de los ricos, la arrogancia de los soberbios. Sin embargo, María cree y proclama que Dios no deja solos a sus hijos, humildes y pobres, sino que los socorre con misericordia, con premura, derribando a los potentes de sus tronos, dispersando a los orgullosos en las tramas de sus corazones. Esta es la fe de nuestra Madre, es la fe de María”.

“Si la misericordia del Señor es el motor de la historia, entonces no podía “conocer la corrupción del sepulcro, aquella que generá al señor de la vida” (Prefacio de la solemnidad).

“Todo esto- agregó- no se refiere sólo a María. Las “grandes cosas” hechas en ella por el Omnipotente nos tocan profundamente, nos hablan de nuestro viaje en la vida, nos recuerdan la meta que nos espera: la casa del padre. Nuestra vida, vista a la luz de María asunta al Cielo, no es un vagabundear sin sentido, sino una peregrinar, que con todas sus incertidumbres y sufrimientos, tiene una meta segura: la casa de nuestro Padre, que nos espera con amor. Es bello pensar en esto, que allá arriba tenemos un Padre que nos espera con amor”.

“Mientras tanto- concluyó- mientras transcurre la vida, Dios hace resplandecer “para su pueblo, peregrino en esta tierra, un signo de consolación y de segura esperanza” (Ibidem). Aquel signo tiene un rostro y un nombre. El rostro luminoso de la Madre del Señor, el nombre bendito de María, la llena de gracia, beata porque creyó en la palabra del Señor. La gran creyente. Como miembros de la Iglesia, estamos destinados a compartir la gloria de nuestra Madre, por qué, gracias a Dios, también nosotros creemos en el sacrifico de Cristo en la cruz y mediante el bautismo, estamos dentro de tal misterio de salvación. Hoy todos juntos le rezamos, para que, mientras se desarrolla nuestro camino en esta tierra, ella dirija hacia nosotros sus ojos misericordiosos, nos aclare el camino, nos indique la meta y nos muestre después de este exilio a Jesús, el fruto bendito de su seno. Y digamos juntos: ¡Oh clemente, oh pía, oh dulce Virgen María!”.

En el momento del saludo a los peregrinos y a los romanos, el Papa Francisco invitó a todos a ir a visitar en la basílica de S. María la Mayor, el ícono de la “Salus Populi Romani”, de la cual es muy devoto en modo especial: normalmente, antes y después de cada viaje apostólico va a rezar delante de la imagen de la Virgen conservada en la basílica.

 

 

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