26/11/2013, 00.00
VATICANO
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Papa: "conversión pastoral y misionera" para una Iglesia abierta para cambiar sus estructuras

de Franco Pisano
La Exhortación apostólica "Evangelii Gaudium". La evangelización, manifiesto programático del papado, debe encontrar "nuevas vías" y "métodos creativos". Una "descentralización saludable". Un sistema económico "injusto en la raíz". "Autentico taque a la libertad religiosa". "Existe un vínculo inseparable entre la fe y a los pobres". "Nadie puede exigir que releguemos la religión a la secreta intimidad de las personas". Los países islámicos " garanticen la libertad para que los cristianos puedan celebrar su culto y vivir su fe."

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) - Una Iglesia que en la misión "el paradigma de cada obra", que está abierta a la acción del Espíritu, y por lo tanto la recepción -"hasta las puertas de los Sacramentos deben cerrarse por algunos motivos"- debe estar preparada para enfrentar los retos que presenta una cultura que tiende a "descartar" los débiles y pobres, tanto "una reforma de estructuras eclesiales", incluso del papado.

Es, en pocas palabras, la exhortación apostólica "Evangelii Gaudium" del Papa Francisco, simbólicamente entregada el domingo pasado, cerrando el Año de la Fe, a 36 representantes del Pueblo de Dios y hecha pública hoy.

"La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida de los que se reúnen con Jesús": así comienza la "Evangelii Gaudium", que también recoge las conclusiones del Sínodo 2012 sobre "La nueva evangelización para la transmisión de la fe". Al mismo tiempo el documento es el manifiesto programático del papado. "Destaco -lo leemos en el nº 25 - que trataré de expresar aquí tiene un sentido programático y consecuencias importantes. Espero que todas las comunidades procuren poner los medios necesarios para avanzar en el camino de una conversión pastoral y misionera, que no puede dejar las cosas como están. Ya no nos sirve una «simple administración». Constituyámonos en todas las regiones de la tierra en un «estado permanente de misión».

Es una "conversión pastoral" en que debe caber todas las "estructuras" de la Iglesia revisando también costumbres que " no directamente ligadas al núcleo del Evangelio, algunas muy arraigadas a lo largo de la historia" (núm. 43), la lógica de una "descentralización saludable. "Aunque el papado y las estructuras centrales de la Iglesia universal necesitan escuchar el llamado a una conversión pastoral. El Concilio Vaticano II expresó que, de modo análogo a las antiguas Iglesias patriarcales, las Conferencias episcopales pueden «desarrollar una obra múltiple y fecunda, a fin de que el afecto colegial tenga una aplicación concreta». Pero este deseo no se realizó plenamente, por cuanto todavía no se ha explicitado suficientemente un estatuto de las Conferencias episcopales que las conciba como sujetos de atribuciones concretas, incluyendo también alguna auténtica autoridad doctrinal." (n. 32).

Y "no creo que deba esperarse del magisterio papal una palabra definitiva o completa sobre todas las cuestiones que afectan a la Iglesia y al mundo. No es conveniente que el Papa reemplace a los episcopados locales en el discernimiento de todas las problemáticas que se plantean en sus territorios.

 (n.. 16). En la misma lógica, debemos darnos completamente cuenta de las estructuras de participación para hacer crecer la responsabilidad de los laicos, tenidos "al margen de las decisiones" de "un clericalismo excesivo" y " todavía es necesario ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva en la Iglesia." (Nº 103). Pero " El sacerdocio reservado a los varones, como signo de Cristo Esposo que se entrega en la Eucaristía, es una cuestión que no se pone en discusión, pero puede volverse particularmente conflictiva si se identifica demasiado la potestad sacramental con el poder." (no. 104).

En este contexto, el punto de partida es una invitación a "recuperar la frescura original del Evangelio", encontrando "nuevos caminos" y "métodos creativos", Jesús no puede ser encarcelado en nuestros "esquemas aburridos". Y proclamar el Evangelio es "alegría", "un evangelizador no debería tener constantemente una cara de funeral" (Nº 10). Y la homilía debe saber decir "palabras que hacen arder los corazones", evitando una " La predicación puramente moralista o adoctrinadora" (núm. 142).

En la "misionera transformación" de la Iglesia, que parece ser el objetivo del pontificado, el primer punto indicado por el documento es que "en la palabra de Dios aparece constantemente el dinamismo de 'salida' que Dios quiere provocar en los creyentes", comenzando con Abraham. "la mayor amenaza" es, pues,"el gris pragmatismo de la vida cotidiana de la Iglesia en el cual aparentemente todo procede con normalidad, pero en realidad la fe se va desgastando " (n. 83).

"Fiel al modelo del Maestro, es vital que hoy la Iglesia salga a anunciar el Evangelio a todos, en todos los lugares, en todas las ocasiones, sin demoras, sin asco y sin miedo. La alegría del Evangelio es para todo el pueblo, no puede excluir a nadie." (n. 23). La Iglesia, pues, debe " Acompaña a la humanidad en todos sus procesos, por más duros y prolongados que sean" (n. 24). "Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades. No quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que termine clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos." (n. 49).

En la demanda están los retos del mundo contemporáneo en el que el sistema económico es "injusto a la raíz". "Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil. Como consecuencia de esta situación, grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida. Se considera al ser humano en sí mismo como un bien de consumo, que se puede usar y luego tirar. Hemos dado inicio a la cultura del «descarte» que, además, se promueve. Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y de la opresión, sino de algo nuevo: con la exclusión queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está en ella abajo, en la periferia, o sin poder, sino que se está fuera. Los excluidos no son «explotados» sino desechos, «sobrantes»." (n. 53).

El marco incluye también los "auténticos ataques a la libertad religiosa" o "nuevas situaciones de persecución de los cristianos, que en algunos países han alcanzado niveles alarmantes de odio y violencia. En muchos lugares se trata sobre todo de una difusa  indiferencia relativista, conectado con la desilusión y la crisis de las ideologías que se produjo como reacción a todo lo que parece totalitario". Junto a ' una cultura, donde todo el mundo quiere ser un portador de su propia verdad subjetiva"(No. 61), que puso a la familia en crisis.

Para estos desafíos la "Evangelii Gaudium" afirma que " Desde el corazón del Evangelio reconocemos la íntima conexión que existe entre evangelización y promoción humana, que necesariamente debe expresarse y desarrollarse en toda acción evangelizadora. La aceptación del primer anuncio, que invita a dejarse amar por Dios y a amarlo con el amor que Él mismo nos comunica, provoca en la vida de la persona y en sus acciones una primera y fundamental reacción: desear, buscar y cuidar el bien de los demás." (n. 178). " Por consiguiente, nadie puede exigirnos que releguemos la religión a la intimidad secreta de las personas, sin influencia alguna en la vida social y nacional, sin preocuparnos por la salud de las instituciones de la sociedad civil, sin opinar sobre los acontecimientos que afectan a los ciudadanos. ¿Quién pretendería encerrar en un templo y acallar el mensaje de san Francisco de Asís y de la beata Teresa de Calcuta?" (n. 183).

Y "Hay que decir sin vueltas que existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres" (núm. 48), el documento reitera el hallazgo de "una Iglesia pobre de los pobres", porque "hasta resolver radicalmente el problema de pobres... no se resolverá los problemas del mundo". " La necesidad de resolver las causas estructurales de la pobreza no puede esperar, no sólo por una exigencia pragmática de obtener resultados y de ordenar la sociedad, sino para sanarla de una enfermedad que la vuelve frágil e indigna y que sólo podrá llevarla a nuevas crisis" (nº 202).

Pero por pobres la Exhortación entiende no sólo a los indigentes, sino también a los "nuevos pobres": " los sin techo, los toxico-dependientes, los refugiados, los pueblos indígenas, los ancianos cada vez más solos y abandonados, etc", los migrantes (Nº 210) y también los "esclavos" que están " en el taller clandestino, en la red de prostitución, en los niños que utilizas para mendicidad, en aquel que tiene que trabajar a escondidas porque no ha sido formalizado" (no. 211). " Doblemente pobres son las mujeres que sufren situaciones de exclusión, maltrato y violencia, porque frecuentemente se encuentran con menores posibilidades de defender sus derechos." (no. 212).

"Los más vulnerables e inocentes de todo", son "los niños por nacer", "a quién hoy se les quiere negar la dignidad humana" (213). "No debe esperarse que la Iglesia cambie su postura sobre esta cuestión... No es progresista pretender resolver los problemas eliminando una vida humana." (214). Afirmando el vínculo entre evangelización y promoción humana, la exhortación afirma que esa evangelización también es diálogo. A partir de lo ecuménico. "el empeño por una unidad que facilite la acogida de Jesucristo deja de ser mera diplomacia o cumplimiento forzado, para convertirse en un camino ineludible de la evangelización." (no. 246). "Cuántas cosas podemos aprender uno del otro!". "por ejemplo en diálogo con los hermanos ortodoxos, los católicos tenemos la posibilidad de aprender algo más sobre el sentido de la colegialidad episcopal y sobre su experiencia de la sinodalidad. (246). y "el diálogo y la amistad con los hijos de Israel son parte de la vida de los discípulos de Jesús" (248).

"El diálogo interreligioso", entonces, por seguir adelante "con una identidad clara y alegre", es "una condición necesaria para la paz mundial". En tal campo "adquiere gran importancia la relación con los creyentes del Islam", en el cual "conservan parte de las enseñanzas cristianas; Jesucristo y María son objeto de profunda veneración y es admirable ver cómo jóvenes y ancianos, mujeres y varones del Islam son capaces de dedicar tiempo diariamente a la oración y de participar fielmente de sus ritos religiosos". "Nosotros los cristianos deberíamos acoger con afecto y respeto a los inmigrantes del Islam que llegan a nuestros países, del mismo modo que esperamos y rogamos ser acogidos y respetados en los países de tradición islámica. ¡Ruego, imploro humildemente a esos países que den libertad a los cristianos para poder celebrar su culto y vivir su fe, teniendo en cuenta la libertad que los creyentes del Islam gozan en los países occidentales! Frente a episodios de fundamentalismo violento que nos inquietan, el afecto hacia los verdaderos creyentes del Islam debe llevarnos a evitar odiosas generalizaciones, porque el verdadero Islam y una adecuada interpretación del Corán se oponen a toda violencia." (n. 252).

Diálogo, en fin, con los no creyentes, pero " El debido respeto a las minorías de agnósticos o no creyentes no debe imponerse de un modo arbitrario que silencie las convicciones de mayorías creyentes o ignore la riqueza de las tradiciones religiosas." (no. 255).

El quinto y último capítulo está dedicado a los "Evangelizadores con Espíritu", que significa "evangelizadores que se abren sin temor a la acción del Espíritu Santo". "Evangelizadores con Espíritu quiere decir evangelizadores que oran y trabajan. Desde el punto de vista de la evangelización, no sirven ni las propuestas místicas sin un fuerte compromiso social y misionero, ni los discursos y praxis sociales o pastorales sin una espiritualidad que transforme el corazón. Esas propuestas parciales y desintegradoras sólo llegan a grupos reducidos y no tienen fuerza de amplia penetración, porque mutilan el Evangelio." (Nº 262). Sirvamos como "evangelizadores que rezan y trabajan", en la conciencia de que "la misión es una pasión por Jesús pero, al mismo tiempo, es una pasión por su pueblo". "En nuestra relación con el mundo se nos invita a dar razón de nuestra esperanza, pero no como enemigos que señalan y condenan " (no. 271).

La  exhortación finaliza con una oración a María. "A la Madre del Evangelio viviente le pedimos que interceda para que esta invitación a una nueva etapa evangelizadora sea acogida por toda la comunidad eclesial. Ella es la mujer de fe, que vive y camina en la fe, y «su excepcional peregrinación de la fe representa un punto de referencia constante para la Iglesia» Ella se dejó conducir por el Espíritu, en un itinerario de fe, hacia un destino de servicio y fecundidad. Nosotros hoy fijamos en ella la mirada, para que nos ayude a anunciar a todos el mensaje de salvación, y para que los nuevos discípulos se conviertan en agentes evangelizadores.

 

Se puede obtener el texto completo haciendo click aquí

 

 

 

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