05/10/2015, 00.00
VATICANO
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Sínodo: Enfrentar como cristianos los desafíos que el mundo de hoy depara a la familia

Las relaciones de apertura de los trabajos. Cardenal Erdö: indisolubilidad y misericordia, misión y testimonio para los cónyuges cristianos, acompañamiento y verdad para las parejas “problemáticas”, respeto y responsabilidad hacia la vida. En lo que se refiere a los divorciados y vueltos a casar civilmente, es debido un acompañamiento pastoral misericordioso, el cual no deja dudas sobre la verdad de la indisolubilidad del matrimonio enseñada por Jesucristo mismo. La misericordia de Dios ofrece al pecador el perdón, pero exige la conversión”.

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) - Indisolubilidad y misericordia para el matrimonio, misión y testimonio para los cónyuges cristianos, acompañamiento y verdad para las parejas “problemáticas”, respeto y responsabilidad hacia la vida. Es en torno a estos conceptos que el relator general del Sínodo, Card. Peter Erdö, arzobispo de Esztergom-Budapest, desarrolló su articulada intervención, en la cual indicó tiempos y problemas sobre los que está llamado a reflexionar y responder la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de obispos, sobre el tema "La vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo" que proseguirá hasta el 25 de octubre.

El Cardenal comenzó a partir del análisis de varios "retos" que hoy enfrenta la familia. Primero el "medio ambiente". "Se trata de los efectos del cambio climático y el medio ambiente y los de la injusticia social, la violencia, la guerra, que empuja a millones de personas a abandonar su patria y tratar de sobrevivir en otras partes del mundo". "El movimiento migratorio está desintegrando familias o es una dificultad para su formación", así como los salarios que apenas permiten la supervivencia y la movilidad de hecho impuesta por las empresas. La movilidad, además, es "uno de los factores que impulsan a las personas hacia las actitudes y tendencias individualistas".

De alguna manera conectados con este elemento hay un comportamiento existente principalmente en los países "ricos". "La persona en busca de su libertad, a menudo trata de ser independiente de cualquier relación, a veces incluso de la religión, que constituye una forma de unión con Dios, de los lazos sociales, en especial los que se refieren a las formas institucionales de la vida". "Este fenómeno puede empujar a los legisladores a multiplicar las normas legales, creciendo incluso control informático, por temor a que de lo contrario no habrá una observancia voluntaria de las leyes que pueden derivarse sólo de una convicción moral, por un conocimiento objetivo común de la realidad. A partir de esta imagen de una alienación notable, explica el vuelo instintivo de muchas personas de las formas institucionales. Así parece que podemos explicar el crecimiento en el número de parejas que viven juntos con firmeza, pero no quieren contraer cualquier tipo de matrimonio o civil o religiosa".

"Además del vuelo de las instituciones no sólo se refleja en la creciente inestabilidad de las instituciones, sino que también se manifiesta en la alta tasa de divorcios. El aumento de la edad en que la gente se casa, es el miedo a los jóvenes a asumir la responsabilidad y los compromisos finales, que como el matrimonio y la familia, se inserta en este contexto. En efecto, si el único objetivo es sentirse bien en el momento, ni el pasado ni el futuro parecen importantes, de hecho se nota un cierto temor general del futuro porque a lo mejor no vamos a sentirnos bien ya. Por esto parece demasiado peligrosa una mejor elección tanto profesional como familiar. Se da la circunstancia de que muchos ni siquiera siente su propia responsabilidad, ni por su propia especie en el presente ni en el futuro".

Al final, "se termina afirmando los derechos de las personas sin tener en cuenta que todo ser humano está ligado a un contexto social, en el que sus derechos y deberes están relacionados con los de los demás y el bien común de la sociedad misma" y a conservar derechos de sus deseos.

Otro elemento del "desafío" es la "separación" entre la sexualidad y la procreación creado por el desarrollo científico. "Esta es también una de las causas de la disminución de la natalidad. A veces se debe a la pobreza, en otros casos por las dificultades de tener que asumir la responsabilidad".

"Si podemos finalmente recordar las teorías según las cuales la identidad personal y la intimidad emocional deben afirmarse en una dimensión radicalmente desconectada de la diversidad biológica entre hombre y mujer. Al mismo tiempo, sin embargo, queremos reconocer a la estabilidad de una pareja establecida, independientemente de la diferencia sexual la misma propiedad de la relación matrimonial intrínsecamente ligado a los roles de padre y madre, definido desde la biología de la generación. La confusión otorga a la opción individualista el vínculo especial entre la diferencia, la generación, la identidad humana".


El discernimiento de la vocación de la familia

El discernimiento de la vocación de la familia es el segundo punto que está llamada a reflejar el sínodo. El informe parte de la afirmación de que “La vida del ser humano y de la humanidad es parte de un gran proyecto: el de Dios creador. Como en todos los aspectos de la vida, encontramos nuestra plenitud y nuestra felicidad si conseguimos insertarnos libremente y conscientemente en este grandioso proyecto lleno de sabiduría y amor”.

"Jesús mismo habla de la indisolubilidad del matrimonio y este principio “no tiene como objeto ser impuesto a los hombres como un yugo sino como un don hecho a las personas unidas en matrimonio”. Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres, pero al principio era así "(Mt 19,8). No es la indisolubilidad del matrimonio ("Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre" Mt 19,6), se debe entender como 'yugo' impuesta a los hombres, sino como un "regalo" hecho a las personas unidas en el matrimonio. Jesús tomó una familia, ha comenzado las señales en la fiesta de bodas de Caná, ha anunciado el mensaje sobre el significado del matrimonio como la plenitud de la revelación de que se recupere el plan original de Dios (cf. Mt 19,3). Pero al mismo tiempo, puso en práctica lo que ha enseñado lo que demuestra el verdadero significado de la misericordia". "Una actitud de amor a la persona pecadora, puerta al arrepentimiento y a la conversión ('id' y no peques más"), condición para el perdón".

Redimida por Cristo, "restaurada la imagen de la Santísima Trinidad," el matrimonio y la familia "son para los bautizados un don y un compromiso especial", lo que da lugar a la llamada "para dar testimonio del evangelio sea con su vida según el evangelio mismo, sea a través de un anuncio misionero".

El Card. Erdo, en este contexto, ha recordado que "la enseñanza de Cristo sobre la indisolubilidad del matrimonio era muy exigente hasta causar cierta confusión entre sus propios discípulos (cf. Mt 19, 10). Los Evangelios y San Pablo también confirman que el repudio de la mujer, primero practicada entre el pueblo de Israel, no puede hacer posible un nuevo matrimonio para cualquiera de las partes. Esta afirmación tan inusual y tan exigente continua durante siglos en la tradición disciplinaria de la Iglesia, lo que constituye un elemento hasta el punto que en los pueblos convertidos al cristianismo, uno de los asuntos disciplinarios era casi siempre el de la monogamia y la indisolubilidad del matrimonio (cf. Mt 19, 1-10; Mc 10, 1-12; Lc 16, 18; 1 Corintios 7: 10-16). Esta enseñanza de Cristo sobre el matrimonio es un verdadero evangelio y es una fuente de alegría, ya que es la plena realización de la persona humana y de su vocación a las relaciones personales gratuitas, para donarse a sí mismos para ser plenamente aceptado (cf IL 55)".

 

La misión de la familia, hoy

El tercer punto de la relación introductoria es “La misión de la familia hoy”. “Entre las consecuencias prácticas y las tareas que tienen que ver con la misión – es el punto de partida – algunas de ellas solicitan el compromiso de la Iglesia con las familias, otras son tarea propia de las familias mismas y otras requieren el empeño común y constructivo de ambas”.

Así, “la preparación de las bodas, que a menudo compromete la atención de los contrayentes a nivel exterior y emocional, debe ser enriquecida poniendo el verdadero acento sobre el carácter espiritual y eclesial”. Se trata de profundizar, también, las propiedades esenciales del matrimonio a nivel natural y sobrenatural y para ello “resulta extremadamente útil la participación gozosa de la comunidad cristiana, que acoge a la nueva familia, la cual debe sentirse miembro vivo de la familia eclesial”.

“Además del anuncio gozoso del Evangelio, y en su contexto, también el anuncio de la Buena Noticia en la familia, es necesario ayudar a cuantos viven situaciones problemáticas y de difícil  discernimiento sobre su condición de vida, a la luz del Evangelio. Este discernimiento no debe contentarse con criterios subjetivos, como ser los criterios de justificación, sino que debe relacionar la misericordia con la justicia. El proyecto de Dios sobre el matrimonio y sobre la familia es un camino de felicidad para el ser humano. En esta obra de anuncio, los pastores de la Iglesia, sobre todo en aquellos ambientes donde están presentes otras visiones del mundo y otras religiones, deben conocer también estos modos de concebir y de actuar el matrimonio y la familia, para poder iluminarlos con la luz del Evangelio”.

Al mismo tiempo, la familia “debe redescubrir su vocación de sostén de la vida social en todos sus aspectos. Es indispensable que las familias, nucleándose, encuentren las modalidades para interactuar con las instituciones políticas, económicas y culturales”, incluso para hacer valer las reales instancias de la familia en esos países y en aquellas instituciones en las cuales el concepto oficial de familia “no coincide con el concepto cristiano o con su sentido natural”.

“Por cuanto respecta a los separados y divorciados no vueltos a casar, la comunidad de la Iglesia puede ayudar a las personas que viven tales situaciones en el camino del perdón y si es posible de la reconciliación, puede ayudar la escucha de los hijos que son víctimas de estas situaciones y puede animar a los padres que se han quedado solos después de un fracaso a perseverar en la fe y en la vida cristiana y también a encontrar en la Eucaristía la comida que les sostenga en su estado » (IL 118)”.

“Respecto a los divorciados vueltos a casar civilmente dijo que “es necesario un acompañamiento pastoral misericordioso que no deje dudas sobre la verdad de la indisolubilidad del matrimonio enseñada por el mismo Jesucristo”. La misericordia de Dios ofrece al pecador el perdón, pero requiere conversión. El pecado del que se puede tratar en este caso no es sobre todo el comportamiento que puede haber provocado el divorcio en el primer matrimonio”.  “Respecto a aquel hecho, es posible que en el fracaso las partes no hayan sido igualmente culpables, también si a menudo los dos son en una cierta medida responsables. No se trata entonces del naufragio del primer matrimonio, sino de la convivencia en la segunda relación que impide el acceso a la Eucaristía”.

“Se requiere que muchas partes que la atención el acompañamiento de los divorciados y vueltos a casar civilmente se oriente hacia una integración siempre cada vez mayor en la vida de la comunidad cristiana, teniendo en cuenta la diversidad de situaciones de las cuales se parte» (IL 121). Aquello que impide algunos aspectos de la plena integración no consiste en una prohibición arbitraria, sino en una exigencia intrínseca buscada en varias situaciones y relaciones, en el contexto del testimonio eclesial”.

“Con respecto a la llamada vía penitencial, esta expresión se usa de diversos modos (cf IL 122-123). Dichos modos necesitan ser profundizados y precisados. Esto puede ser comprendido en el sentido de la Familiaris consortio (= FC) de San Juan pablo II (cf n. 84) y referirse a cuantos estén  divorciados y vueltos a casar, que por necesidad de los hijos o propia no interrumpen la vida común, pero que pueden practicar por la fuerza de la gracia la continencia, viviendo una relación de ayuda recíproca y de amistad. Estos fieles podrán acceder también a los Sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía evitando, sin embargo, provocar escándalo (cf IL 119). Dicha posibilidad está lejos de ser meramente física y no reduce el matrimonio al ejercicio de la sexualidad, sino que reconoce su naturaleza y la finalidad, y las aplica coherentemente en la vida de la persona humana. «Ordenado a la profundización acerca de la situación objetiva de pecado y la imputabilidad moral, es importante tener en consideración la carta a los Obispos de la Iglesia Católica de parte de fieles divorciados y vueltos a casar, de la Congregación para la Doctrina de la Fe (14 septiembre 1994) y la Declaración acerca de la admisibilidad para la Santa Comunión de los divorciados y vueltos a casar del Consejo Pontificio para los Textos Legislativos (24 junio 2000)» (IL 123), así como la Exhortación post-sinodal Sacramentum Caritatis de Benedicto XVI”.

“La integración de los divorciados vueltos a casar en la vida de la comunidad eclesial se puede realizar en varias formas, distintas a la admisión a la Eucaristía, como se sugiere ya en FC 84. En la práctica tradicional de la Iglesia latina la vía penitencial podía significar, para quienes no estaban listos para cambiar su condición de vida, pero que no obstante tenían un deseo de conversión, que los confesores pudieran escuchar su confesión, dándoles buenos consejos y proponiendo ejercicios de penitencia, para dirigirlos hacia la conversión, pero sin darles la absolución, que era posible sólo para quienes, de hecho, se proponían cambiar de vida (cf RI 5 in VI; F. A. Febeus, S. I., De regulisiuris canonici Liber unicus, Venetiis 1735, pp. 91-92)”.

“En la búsqueda de soluciones pastorales para las dificultades de divorciados casados civilmente, se tiene presente que la fidelidad a la indisolubilidad del matrimonio no puede ser conjugada en el reconocimiento práctico de la bondad de situaciones concretas que son opuestas y entonces inconciliables. Entre los verdadero y lo falso, entre el bien y el mal, en efecto, no hay una gradualidad, ni siquiera por el hecho de que algunas formas de convivencia llevan en sí ciertos aspectos positivos, esto no implica que puedan ser presentados como un bien.  Se distingue, no obstante,  la verdad objetiva del bien moral y la responsabilidad subjetiva de la personas en singular. Puede haber diferencia entre el desorden, es decir, el pecado objetivo, y el pecado concreto que se realiza en un comportamiento determinado que implica también, pero no solamente, el elemento subjetivo. «La imputabilidad y la responsabilidad de una acción pueden  ser atenuadas o anuladas debido a la ignorancia, a la inadvertencia, a la violencia, al temor, a las costumbres, a los afectos desordenados y a otros factores psíquicos o sociales» (CCC 1735). Esto significa que en la verdad objetiva del bien y del mal no se da una gradualidad (gradualidad propia de la ley, mientras que, a nivel subjetivo puede haber lugar para la ley de la gradualidad y es posible, por lo tanto, la educación de la conciencia y del sentido mismo de responsabilidad- El acto humano, de hecho, es bueno cuando lo es en todos los (ex integra causa)”.

En lo que se refiere a las personas con tendencia homosexual, “en todos los casos la Iglesia enseña que: «‘No existe fundamento alguno para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia’. No obstante, los hombres y las mujeres son tendencias homosexuales deben ser acogidos con respeto y delicadeza. ‘A este respecto se evitará todo sello de injusta discriminación’ (Congregación para la Doctrina de la Fe, Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales, 4)» (IL 130)”. Luego de dar por obvio que  “toda persona es respetada en su dignidad independientemente de su tendencia sexual”, la relación afirma que “es totalmente inaceptable que los Pastores de la Iglesia sufran presiones en esta materia, y que los organismos internacionales condicionen la ayuda financiera brindada a los pobres en función de la introducción de leyes que instituyan el ‘matrimonio’ entre personas del mismo sexo”.

Es, finalmente, “tarea de la familia, apoyada por la sociedad toda, acoger la vida que nace y tomar a su cuidado su última etapa”. “En referencia al drama del aborto, la Iglesia reafirma el carácter inviolable de la vida humana” y “reafirma al mismo tiempo el derecho a la muerte natural, evitando, al mismo tiempo, tanto la obstinación terapéutica como la eutanasia”.

“Para afrontar el desafío de la familia hoy – es la conclusión – la Iglesia debe, por lo tanto, convertirse y volverse cada vez más viva, más personal, más comunitaria incluso a nivel parroquial y en las pequeñas comunidades. Tal despertar comunitario parece ya estar ocurriendo en muchas partes. Para que éste sea más general y cada vez más profundo, pidamos la luz del Espíritu Santo que nos indique también los pasos concretos que debemos dar. De esta manera, la vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo, tema presente en el Sínodo, aparece bajo una luz serena y concreta que nos hace crecer en la esperanza y en la confianza en la misericordia de Dios.

 

La “metodología sinodal”

En la relación del card. Baldisseri fue recorrido, en cambio, el camino que condujo a la actual asamblea sinodal, a partir del Consistorio extraordinario que se reunió entre el 20 y el 21 de febrero del 2014 para tener una reflexión sobre el tema de la familia, hasta el Sínodo extraordinario, en octubre pasado, cuyas conclusiones fueron recogidas en la Relatio Synodi votada el sábado 18 de octubre de 2014.  

Dicho documento, en el cual se volcaron 102 Respuestas de parte de los organismos de derecho, 400 Observaciones, enviadas libremente por las diócesis, parroquias, movimientos y fieles en forma individual, además de Contribuciones de estudios ofrecidos por universidades y especialistas que han servido para la elaboración del Instrumentum laboris, “que refleja de manera confiable la percepción y las expectativas de la Iglesia sobre el tema decisivo de la familia”. “Fundamentalmente estuvo la contribución brindada por el Santo Padre en persona, quien en las Audiencias Generales de los miércoles y en otras numerosas ocasiones ha acompañado con autoridad el camino común a lo largo de este”.

El Instrumentum “se articula en tres partes, que ya en su sucesión demuestran la continuidad entre las dos etapas sinodales: si la primera parte (La escucha de los desafíos sobre la familia) reclama más directamente a la Asamblea del año 2014, la segunda parte (El discernimiento de a vocación familiar) y la tercera parte (La misión de la familia hoy) tienen la intención de introducir el tema de la presente Asamblea, con el objetivo de ofrecer a la Iglesia y al mundo contemporáneo estímulos pastorales para una renovada evangelización”.

El Cardenal, finalmente, indicó la “metodología sinodal” que “ha sido, en parte, renovada, ya sea teniendo en cuenta la experiencia adquirida en la Asamblea del año 2014, así como tomando en consideración las sugerencias anticipadas por los mismos miembros de dicha Asamblea”.

El Card. Baldisserri, por último, recordó que “desde el inicio del camino sinodal, el Papa Francisco exhortó a la Iglesia entera a una oración confiada y constante. Con este propósito, él mismo compuso una oración, que fuera difundida por primera vez el 29 de diciembre de 2013, para encomendar los trabajos sinodales a la Sagrada Familia de Nazaret, con la convicción de que el  ejemplo luminoso de Jesús, María y José  «nos alienta a redescubrir la vocación y la misión de la familia»”. (FP)

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