12/09/2018, 14.06
IRAK - VATICANO - IRLANDA
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Sacerdote iraquí: el Papa y el Padre Ragheed, testigo de la libertad, hasta el martirio

de Rebwar Audish Basa*

Los parientes del sacerdote caldeo masacrado por los fundamentalistas en 2007, se reunieron con Francisco en el Encuentro Mundial de las Familias. Los acompañó el Pbro. Rebward Basa, que confía a AsiaNews su recuerdo del P. Ragheed: "Ejemplo de amor, perdón y reconciliación”. La convivencia entre cristianos y musulmanes basada en los derechos, y en primerísimo lugar, en el derecho a profesar el propio culto. 

Roma (AsiaNews) – El P. Ragheed Ganni es “el emblema de la persecución anti-cristiana del nuevo Irak”. Una espiral de violencia que se inició con la invasión estadounidense, en 2003, y que culminó con el ascenso del Estado islámico. Es lo que escribe el sacerdote iraquí Rebwar Basa, amigo personal del párroco de Mosul masacrado –junto a tres diáconos- en junio de 2007 por un comando extremista islámico. Recientemente, el P. Basa -que desarrolla su misión sacerdotal en Roma- acompañó a los parientes del Pbro. Ragheed en su viaje a Dublín, Irlanda, donde se reunieron con el Papa Francisco, con ocasión del Encuentro Mundial de las Familias.

Durante el breve coloquio, el pontífice elogió la valiente decisión de los familiares del P. Ragheed (en la foto, la tumba profanada por los yihadistas) que optaron por “el perdón y la reconciliación, en lugar de preferir el odio y el rencor”. Ellos han visto, agregó el Papa, “que al mal sólo puede oponérsele el bien, y que el odio sólo se supera con el perdón. De manera casi increíble, fueron capaces de hallar paz en el amor de Cristo, un amor que renueva todas las cosas”.

Un amor que nos empuja a llegar hasta el martirio, recuerda el P. Basa, y que marca, una vez más, que la convivencia entre cristianos y musulmanes debe basarse en los derechos humanos y en la libertad religiosa. “Ésta –concluye el sacerdote- es la enseñanza de los mártires que han vivido y han dado la vida por su fe, como el siervo de Dios, P. Ragheed, y sus tres compañeros subdiáconos.  

A continuación, transcribimos el recuerdo del P. Ragheed, transmitido a AsiaNews por medio de su sacerdote y amigo, el P. Basa:

 

La figura de P. Ragheed Aziz Ganni representa el emblema de la persecución anticristiana en el nuevo Irak. Luego de la invasión estadounidense del 2003, el P. Ragheed fue el primer sacerdote asesinado por terroristas musulmanes, muerto junto a tres jóvenes subdiáconos (Waheed, Bassman e Ghassan) en Mosul, el 3 de junio de 2007. Antes de él, el 11 de octubre de 2005, fue muerto un amigo suyo, sacerdote de la Iglesia siro-ortodoxa: el P. Paulos Eskander.

Con la historia de estos primeros mártires del tercer milenio comienza la feroz ola de persecución, que culmina con la invasión del Estado islámico (EI, ex ISIS), protagonista de un auténtico genocidio contra las minorías religiosas iraquíes. De la misma manera que es necesario conocer el espléndido testimonio del santo sacerdote Maximiliano María Kolbe en la tenebrosa historia del nazismo en Auschwitz, se hace necesario conocer el espléndido testimonio del P. Ragheed en la tenebrosa historia de al Qaeda y Daesh [acrónimo árabe para ISIS] en Mosul y en la Llanura de Nínive.  

La importancia del testimonio del P. Ragheed supera los confines de Irak. Porque él y sus tres compañeros mártires son testigos de Cristo, y por lo tanto, ejemplo para todos los cristianos. Hoy en día, la Iglesia los reconoce como siervos de Dios, y se ha dado inicio al proceso de su beatificación, de manera oficial.

El P. Ragheed vivió durante cinco años el martirio cotidiano, por las continuas amenazas e intimidaciones que recibía, y por los reiterados ataques contra la parroquia y sus feligreses. Los terroristas musulmanes lo asesinaron de manera brutal, por haberse negado a cerrar las puertas de la parroquia. Un martirio que hoy se ha vuelto incluso más dramático: en el reciente artículo  “Los cristianos iraquíes vacilan entre la supervivencia y la migración”, el patriarca caldeo, Card. Louis Raphael Sako, brindó cifras y estadísticas precisas, que reflejan este martirio cotidiano.

Hay dos cosas que no olvido del P. Ragheed. La primera es su enseñanza. Fue mi profesor de Teología ecuménica en Bagdad, en 2004. Lo recuerdo como un docente joven, idóneo, convencido de lo que enseñaba, y siempre sonriente. Su actitud hacia el ecumenismo quedó confirmada con su sangre derramada por Cristo. Por eso, él es un gran ejemplo del ecumenismo de la sangre.

Otro recuerdo importante para mí es su participación en mi ordenación sacerdotal, en Mosul, el 10 de septiembre de 2004. Al pensar en cómo vivió él su sacerdocio, con alegría, coraje, fe y amor, en una situación que él mismo describía como “peor que el infierno”, su ejemplo es fuente de aliento y consuelo.

Hoy, el retorno de los cristianos a Mosul, luego de la tragedia del ISIS, representa el retorno a las raíces bíblicas y cristianas, a la tierra del profeta Jonás. La continuidad de nuestra presencia es también un acto de fidelidad hacia los cristianos que derramaron su sangre por la fe en aquella tierra a lo largo de estos dos mil años. En particular, el P. Paulos Eskander, el obispo Paulos Faraj Rahho, los tres compañeros mártires Faris, Rami y Samir, y el P. Ragheed Ganni con sus tres diáconos.

Su enseñanza es fundamental: el derecho a vivir y a practicar la propia fe en plena libertad. Es inútil, por no decir ridículo, hablar de diálogo inter-religioso cuando no hay libertad religiosa ni reconocimiento de los derechos humanos. Si no están los fundamentos, aunque se construya, todo está destinado a derrumbarse con un simple golpe de viento. La destrucción de Mosul, con la invasión del ISIS, es un ejemplo concreto de ello. Cuando no hay una cultura de convivencia basada en los derechos humanos, la libertad religiosa, la honestidad y el respeto recíproco, todo se desmorona, arrollando a todos.

 

Para un verdadero, auténtico diálogo, debemos partir de las experiencias concretas, de otra manera uno se arriesga a permanecer en un plano teórico. Por lo tanto, no bastan los eslóganes y las conferencias para garantizar una verdadera convivencia entre cristianos y musulmanes. La garantía la brinda el pleno reconocimiento de la libertad religiosa. Lamentablemente, esta libertad está ausente en los países donde la mayoría de la población es musulmana, e incluso está ausente en los musulmanes mismos.

Por tanto, y por último, quisiera dirigirme  a quien se ocupa del diálogo entre cristianos y musulmanes: por favor, coloquen en el centro, como pilar fundamental, la libertad religiosa. Y si hay quien se niega a reconocer los derechos humanos y la libertad en todas sus formas, entonces no cree en el diálogo, porque es un hipócrita. Y quien se adapta a este tipo de ideología ignora los derechos humanos y la libertad, y contribuye a crear el terreno fértil para el extremismo y el terrorismo.

Ésta es, a mi modo de ver, la enseñanza de los mártires que han vivido y han dado su vida por su fe, como el P. Ragheed, siervo de Dios, y sus tres compañeros subdiáconos.

 

* Sacerdote caldeo iraquí

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