15/10/2015, 00.00
VATICANO
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​Papa: Los doctores de la ley “acortaban los horizontes de Dios y hacían el amor de Dios pequeño, pequeño”

“Una de las cosas más difíciles de entender, para todos nosotros los cristianos, es la gratuidad de la salvación en Jesucristo”. “Y nos hará bien hoy preguntarnos: “¿Creo que el Señor me ha salvado gratuitamente? ” y aún más , “ ¿yo creo que no merezco la salvación? ¿Y si merezco algo es por medio de Jesucristo y de lo que Él ha hecho por mí?”.

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – Los doctores de la ley “acortaban los horizontes de Dios y hacían el amor de Dios pequeño, pequeño”, no comprendían la gratuidad de la salvación y por eso “También Jesús parece un poco obstinado contra estos doctores de la ley”. Lo dijo el Papa Francisco durante la homilía en la misa celebrada esta mañana en la Casa Santa Marta, que se centró en el mandamiento del amor y en la tentación de querer ser los revisores de la salvación.

“Una de las cosas más difíciles de entender, para todos nosotros los cristianos, – afirmó - es la gratuidad de la salvación en Jesucristo”. Francisco recordó que ya San Pablo había encontrado grandes dificultades en hacer comprender a los hombres de su tiempo que ésta es la verdadera doctrina: “la gratuidad de la salvación”. “Nosotros estamos habituados a oír que Jesús es el Hijo de Dios, que ha venido por amor, para salvarnos y que murió por nosotros. Pero lo hemos oído tantas veces que nos hemos acostumbrado. Cuando entramos en el misterio de Dios de “este amor sin límites”, agregó, permanecemos “maravillados” y quizá “preferimos no entenderlo”.

Hacer aquello que “Jesús nos dice que hagamos”, pero ésta es  “mi respuesta a la salvación, que es gratuita, porque proviene del amor gratuito de Dios”. “También Jesús parece un poco obstinado contra estos doctores de la ley, porque les dice cosas fuertes. Les dice cosas fuertes y muy duras. ‘Ustedes  han quitado la llave del conocimiento, ustedes no han entrado, y a los que querían entrar ustedes se lo han impedido, porque se han llevado la llave’, es decir, la llave de la gratuidad de la salvación, de aquel conocimiento”.

Los doctores de la ley, prosiguió Francisco, “sólo pensaban que respetando todos los mandamientos podían salvarse, y que quien no hacía eso era condenado”. De este modo, “acortaban los horizontes de Dios y hacían el amor de Dios pequeño, pequeño” a la “medida de cada uno de nosotros”. Esta es “la lucha que tanto Jesús como Pablo hacen para defender la doctrina”.

Ciertamente, existen los mandamientos, pero la síntesis de todo es “amar a Dios y amar al próximo”. Y con esta “actitud de amor”, “nosotros estamos a la altura de la gratuidad de la salvación, porque el amor es gratuito”. “Si yo digo ‘ah, yo te amo’, pero tengo un interés detrás, eso no es amor, eso es interés”. “Y por esto Jesús dice: ‘El amor más grande es esto: amar a Dios con toda la vida, con todo el corazón, con toda la fuerza, y al prójimo como a ti mismo’. Porque es el único mandamiento que está a la altura de la gratuidad de la salvación de Dios. Y después Jesús añade: ‘En este mandamiento están todos los demás, porque llama – haz todo el bien – a todos los demás’. Pero la fuente es el amor; el horizonte es el amor. Si tú cerraste la puerta y te llevaste la llave del amor, no estarás a la altura de la gratuidad de la salvación que has recibido. Esta lucha por el control de la salvación  – sólo se salvan estos, estos, que hacen estas cosas – no ha terminado con Jesús y con Pablo”.

Este año, recordó Francisco, se cumplen 500 años del nacimiento de Santa Teresa de Ávila, que festejamos hoy. Una mística, una mujer a la cual “el Señor le ha dado la gracia de comprender los horizontes del amor” y “también ella fue juzgada por los doctores de su tiempo”. Cuántos  “santos  fueron perseguidos por defender el amor, la gratuidad de la salvación, la doctrina. Tantos santos. Pensemos en Juana de Arco”.

Esta lucha “no termina, porque también es una lucha que llevamos dentro”. Y nos hará bien hoy preguntarnos: “¿Creo que el Señor me ha salvado gratuitamente?, y aún más,  “¿yo creo que no merezco la salvación? ¿Y si merezco algo es por medio de Jesucristo y de lo que Él ha hecho por mí?”. “Hagámonos hoy estas preguntas” –concluyó-  “sólo así seremos fieles a este amor tan misericordioso: amor de padre y de madre, porque también Dios dice que Él es como una madre con nosotros; amor, horizontes grandes, sin límites, sin limitaciones. Y no nos dejemos engañar por los doctores que limitan este amor”.

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