León XIV en Annaba tras las huellas de san Agustín: 'La gracia del Señor hace florecer el desierto'
El Papa agustino es el primer pontífice que visita los lugares del obispo de Hipona. Esta mañana, en el encuentro con las Hermanitas de los Pobres, afirmó que el corazón de Dios está con los "humildes" y no con los "prepotentes". En la basílica de San Agustín, señaló que los cristianos de Argelia brindan "alegría y consuelo a muchos hermanos y hermanas". La Iglesia es un “seno acogedor para todos los pueblos”. El llamado de Jesús a "nacer de nuevo de lo alto, es decir, de Dios".
Annaba (AsiaNews) - León XIV, primer Papa agustino de la historia, es también el primer pontífice que visita Annaba, la antigua Hipona, donde san Agustín vivió y ejerció su ministerio. Ayer él mismo recordó el valor de este acontecimiento en un diálogo con la prensa durante el vuelo: fue el primer viaje apostólico que deseó realizar cuando fue elegido, hace ya un año. Una vez más, la lluvia recibió al avión papal que esta mañana voló desde Argel hasta la ciudad costera, cerca de Túnez. Las primeras etapas fueron el sitio arqueológico de Hipona —visita reducida por el mal tiempo—, la Casa de Acogida de las Hermanitas de los Pobres y la Casa de la Comunidad Agustina, donde se encontró con los miembros de la Orden.
Por la tarde, León XIV presidió la Santa Misa a las 15:30 en la Basílica de San Agustín, situada en la colina de Annaba, conocida como Lalla Bouna. En esta iglesia —construida a finales del siglo XIX y principios del XX, de estilo neomudéjar y neobizantino— se conserva el cúbito del brazo derecho del santo, nacido en Tagaste en el año 354. Cerca de allí se encuentra el Espacio Santa Mónica —llamado así por su madre— donde se conservan todas sus célebres obras. “A lo largo de los siglos, los lugares que nos acogen han cambiado de nombre, pero los santos han permanecido como nuestros patronos y testigos fieles de un vínculo con la tierra, que viene del cielo”, dijo León XIV en la homilía.
El Papa comparó a la comunidad cristiana de Argelia —país de mayoría musulmana— con el incienso. “Un grano incandescente que esparce perfume porque da gloria al Señor y alegría y consuelo a tantos hermanos y hermanas”, afirmó. “Este incienso es un elemento pequeño y valioso que no ocupa el centro de atención, sino que invita a dirigir nuestros corazones a Dios, alentándonos unos a otros a perseverar en las dificultades del tiempo presente”.
Sobre el Evangelio del día (Jn 3, 7-15), el Papa recordó en la homilía que Jesucristo es para Nicodemo “un invitado especial”: Él lo llama a una “vida nueva” y le encomienda la tarea de “renacer de lo alto”. “Del llamado de Jesús nace la misión para toda la Iglesia y, por tanto, para la comunidad cristiana de Argelia, que es renacer de lo alto, es decir, de Dios -explicó Prevost-. En esta perspectiva, la fe vence las fatigas terrenales y la gracia del Señor hace florecer el desierto”.
Sin embargo, esa “exhortación” conlleva una “prueba”. Es decir, el peso de un “deber” —que se desprende del imperativo de Cristo—, y a quien lo escucha le puede sonar como un “mandato imposible”. “Por el contrario, el deber expresado por Jesús es para nosotros un don de libertad, porque nos revela una posibilidad inesperada: podemos renacer de lo alto, gracias a Dios. Debemos hacerlo, por lo tanto, según su voluntad de amor, que desea renovar a la humanidad llamándola a una comunión de vida que comienza con la fe. Al mismo tiempo que Cristo nos pide que renovemos desde el principio toda nuestra existencia, también nos da la fuerza para hacerlo”, dijo.
“Cuando nos preguntemos cómo es posible un futuro de justicia y de paz, de concordia y de salvación, recordemos que estamos haciendo a Dios la misma pregunta que Nicodemo: ¿de verdad puede cambiar nuestra historia? ¡Estamos tan cargados de problemas, acechanzas y tribulaciones! ¿De verdad nuestra vida puede recomenzar desde cero? ¡Sí!”. El Papa destacó que la “afirmación del Señor está llena de amor” y es capaz de colmar los corazones de esperanza. “No importa cuán oprimidos estemos por el dolor o por el pecado; el Crucificado lleva todos esos pesos con nosotros y por nosotros”, añadió.
León XIV recordó que la Iglesia es un “seno materno para todos los pueblos de la tierra”. Al hablar de la unidad espiritual como “concordia”, señaló que su “efecto material” consiste en que “nadie se ve privado de algo, porque cada uno pone en común lo que le es propio”. “Transformando la posesión en don, esta entrega fraterna solo representa una utopía para los corazones rivales entre sí y las almas ávidas de sí mismas”. Luego señaló que el “fundamento de esta vida nueva” es “dar testimonio de Dios al mundo”. Una "misión" que debe renovarse "constantemente", "a fin de que la Iglesia entera sea, en su servicio, mensaje de vida nueva para aquellos que encontramos”.
Esta mañana, el Papa visitó la Casa de Acogida “Ma Maison” donde las Hermanitas de los Pobres ofrecen asistencia y fraternidad a los ancianos, cerca de la Basílica de San Agustín. “¡Entonces hay esperanza!”, afirmó, y recordó que “el corazón de Dios está desgarrado por las guerras, la violencia, las injusticias y las mentiras”. Es un corazón que “no está con los malvados, con los prepotentes, con los soberbios: el corazón de Dios está con los pequeños, con los humildes, y con ellos lleva adelante su Reino de amor y de paz, día tras día”.
Ayer por la noche —al final de la primera jornada de su tercer y más largo viaje apostólico, por Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial— el Papa León XIV se había reunido con una representación de la comunidad argelina en la Basílica de Notre Dame d’Afrique de Argel. Después del saludo del arzobispo de Argel, el cardenal Jean-Paul Vesco, Prevost se dirigió a los presentes como “herederos de una multitud de testigos que han dado su vida impulsados por el amor a Dios y al prójimo”. Como los diecinueve mártires, religiosos y religiosas que murieron entre 1994 y 1996 durante la guerra civil: “Su sangre es una semilla viva que nunca deja de dar fruto”.
El Papa recordó una tradición “aún más antigua”, que se remonta a los primeros siglos del cristianismo, de una tierra y un pueblo que escucharon la “voz ferviente” de san Agustín, precedida por el “testimonio” de santa Mónica, su madre. “Su memoria es una clara llamada a ser, hoy, signos creíbles de comunión, diálogo y paz”, afirmó. León XIV compartió luego con los presentes —“amados hijos de la Iglesia en Argelia”— una reflexión sobre la vida cristiana a partir de tres aspectos que considera muy importantes, "especialmente por su presencia aquí: la oración, la caridad y la unidad".
“Todos la necesitamos”, dijo sobre la oración. Recordó que, precisamente a la Basílica de Notre Dame d’Afrique, “muchos vienen para orar en silencio” o para “encontrar a alguien dispuesto a escucharlos y a compartir las cargas que llevan en el corazón”. “La oración une y humaniza, refuerza y purifica el corazón, y la Iglesia en Argelia, gracias a la oración, siembra humanidad, unidad, fuerza y pureza a su alrededor, llegando a lugares y contextos que sólo el Señor conoce”, añadió el Papa León.
Con respecto al segundo aspecto, la caridad, señaló que “el amor a los hermanos es precisamente lo que animó el testimonio de los mártires que hemos recordado” de Argelia. León XIV habló, por último, del “compromiso de promover la paz y la unidad”. La Basílica de Argel que acogió al pontífice es “símbolo de una Iglesia de piedras vivas donde, bajo el manto de Nuestra Señora de África, se construye la comunión entre cristianos y musulmanes”. “En un mundo donde las divisiones y las guerras siembran dolor y muerte entre las naciones, en las comunidades e incluso en las familias, su forma de vivir juntos, unidos y en paz es un gran signo. Así unidos, difundan la hermandad, inspirando en quienes los rodean deseos y sentimientos de comunión y de reconciliación”, añadió. En el “desierto”, que ocupa parte del territorio de Argelia, “no se sobrevive en soledad”. La lluvia y el viento escoltaron al Papa en su visita al país.
