24/04/2015, 00.00
CAMBOYA
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Año Nuevo y deseo de olvidar, Camboya archiva a Pol Pot y el 40° de los Khmer rojos

El p. Ghezzi, misionero Pime, cuenta de una sociedad “anestesiada”, que festeja el fin de año Khmer y olvida las masacres del régimen maoísta. También las transmisiones apuntan al sentimentalismo, en vez de un análisis histórico. Entre las pocas iniciativas, una muestra de un fotógrafo británico.

Phnom Penh (AsiaNews)- En estos días en Camboya se celebra el 40° aniversario del ascenso al poder de los Khmer rojos, los  sanguinarios revolucionarios maoístas que- bajo la guía de Pol Pot- han masacrado a casi un cuarto de la población en menos de 4 años. El 17 de abril, con la caída de Phnom Penh, inició un período de violencia, campos de exterminio y terror, que aún ahora el pueblo camboyano le cuesta recorrer, o estudiar bajo un perfil histórico y social. El sentimiento general es el olvido, como si el remover lo acontecido fuese la única y sola arma para superar el trauma demasiado fuerte que enfrentar, analizar y superar. Las pocas obras de investigación, profundización son realizadas o promovidas por los extranjeros, interesados en entender las dramáticas vicisitudes que se consumaron en esos años.

Estas, entre las otras, son las razones que explican el bajo perfil que caracterizó el cuarentenal en Camboya, como los confirma a AsiaNews, el p. Mario Ghezzi, sacerdote del Pontificio Instituto Misiones Extranjeras (Pime), de hace 15 años en el país asiático. “No se realizaron particulares celebraciones-explica el misionero- y no se habla del aniversario. Las personas prefieren celebrar el fin de año Khmer que también es en estos días, hay ganas de festejar. Es un período en el cual la sociedad parece anestesiada, todo se detiene y nadie quiere escarbar en el pasado.

 

El p. Ghezzi, cuenta que en la televisión, de hace un poco de tiempo, se difunde un programa que reúne a las familias separadas por los Khmer rojos. “Es una transmisión que vive del sentimentalismo, un aspecto muy presente en la mentalidad camboyana, pero donde no existe ninguna pretensión de un análisis o profundización históricos. “Se apunta más a los sentimientos”. No hay una real voluntad de justicia, también porque para el camboyano la justicia reside en el karma, “entonces parece inútil reconstruir, analizar, evaluar… nadie tiene ganas de abrir un herida tan profunda”

Tampoco la Iglesia, una “realidad minoritaria”, logra sólo en una mínima parte despertar la conciencia crítica e invierte recursos y energía-limitadas- en la pastoral, en lo social y en la evangelización.

Entre las pocas iniciativas, promovidas en su gran parte por extranjeros y en particular por los occidentales. Hay una  muestra fotográfica Found Cambodia del británico Charles Fox, publicadas en el sito de internet www.foundcambodia.com. Como lo cuenta el autor, que confirma renuencia de los camboyanos de hablar del pasado, él trató de trazar una parte de la vida de la nación, antes y después del drama. “La finalidad-confirma- era el de dar o hacer una lectura cotidiana delicada” y entender “cómo hayan hecho para reconstruirse un vida. Son las personas la que hacen un país, que crean una cultura”.

Esta iniciativa, comenta el p. Ghezzi, confirma una vez más que “no hay nada de articulado” sino que es el individuo que se preocupa para una reconstrucción del pasado, de la historia, y “tiene una relevancia mayor en el extranjero que aquí en Camboya”. También la cuestión del Tribunal de la Onu “es en todo similar”, concluye, porque “nadie habla”… sólo quien está involucrado en el proceso lo sigue, pero es una mínima parte”.

Todavía hoy, Camboya lleva las heridas de la dominación de los Khmer rojos, guiados por el sanguinario Pol Pot, que gobernó el país sembrando muerte y destrucción. En pocos años el régimen eliminó- por hambre o en los conocidísimos Killing Fields, campos de exterminio en las puertas de Phnom Penh- casi 2 millones de personas (casi un cuarto de la población: Muchas de las víctimas eran intelectuales, médicos, docentes y exponentes de la elite cultural.

También el tribunal Onu, que debería restituir la justicia a las víctimas y a sus familias, está en realidad acusado de corrupción e ineficacia, sólo en parte tocó a los símbolos del régimen. Pol Pot murió en 1998 por enfermedad y no lo enjuiciaron nunca, ni por incriminaciones  por las atrocidades que cometió. Además, muchos de los viejos funcionarios de segundo plano y viejos cuadros del movimiento maoísta están hoy libes y en muchos casos están en altos cargos del gobierno. (DS).

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