29/08/2022, 12.20
LÍBANO
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Beirut: enfrentamiento entre el primer ministro y el presidente, con el riesgo de un estancamiento institucional

de Fady Noun

Continúan las tensiones entre el cristiano Michel Aoun y el suní Najib Mikati. Como trasfondo, los contrastes entre la facción pro-iraní y el bloque occidental. La posibilidad de que el general Jospeh Aoun sea un elemento de conciliación. Las próximas semanas dirán si el Líbano avanza hacia la confrontación u opta por la pacificación.

 

Beirut (AsiaNews) - En pocos días -el primero de septiembre-, según establece la Constitución,  se abre el plazo para la elección del sucesor del jefe de Estado. El mandato de Michel Aoun expira dentro de dos meses, el 31 de octubre, y en el Líbano la situación política es confusa. El país vive en un caos institucional que implica tanto al gobierno como a la oficina presidencial, en un clima de continuas tensiones confesionales entre el propio presidente y el primer ministro en funciones, Najib Mikati.

En cuanto a la presidencia, los observadores temen que se produzca un vacío en la judicatura suprema, a falta de una mayoría parlamentaria capaz de elegir al jefe de Estado en la primera vuelta, con 85 de 128 votos. La situación interna de Líbano sigue polarizada por la guerra fría entre Estados Unidos e Irán. Las fuerzas sobre el terreno son, por un lado, el Movimiento Patriótico Libre (CLP), apoyado por el tándem chií Amal-Hezbolá, y por otro el campo prooccidental, que se autodenomina "soberanista", y cuya columna vertebral es la Corriente del Futuro (suní) y las Fuerzas Libanesas (cristianas).

Si bien ninguna de las partes puede elegir a un presidente, ambas podrían impedir que se alcance el quórum de dos tercios de la Cámara. Un paso esencial, este último, de cara a la apertura de la sesión electoral. En caso de una vacante presidencial, para garantizar el principio de continuidad institucional, la Constitución libanesa establece que toca al Consejo de Ministros asumir  temporalmente las prerrogativas presidenciales.

La cuestión es si estas prerrogativas pueden ser asumidas por un Consejo de Ministros dimisionario, cuya tarea es solo manejar los asuntos corrientes. Y hoy, es precisamente este punto el que desata polémicas internas. El bando presidencial está convencido de que esto no es posible, mientras que el bando pro-occidental piensa de forma diferente. En todo esto, no hay ninguna autoridad que pueda actuar como árbitro de la Constitución, para interpretar los elementos controversiales y decidir sobre la cuestión -a excepción del Parlamento, que no hace más que complicar la situación.

En este punto, no concuerdan las opiniones del presidente Aoun y Mikati. El segundo fue designado por la nueva Asamblea surgida luego de las elecciones de mayo, con el objetivo de formar un nuevo gobierno. Mikati está negociando con el jefe de Estado desde una posición de fuerza: de hecho, desempeña dos funciones al mismo tiempo, la de primer ministro en funciones y la segunda como presidente de un gobierno interino llamado a ocuparse de los asuntos cotidianos. Además, mientras el presidente Michel Aoun intenta salvar al ejecutivo dimisionario injertando seis nuevos ministros de Estado que representen a las principales corrientes parlamentarias, Mikati quiere sustituir al ministro de Energía, cercano al CPL, con vistas a formar una "autoridad reguladora" del sector independiente. Una reforma que ha sido solicitada por el Fondo Monetario Internacional (FMI), con el que Líbano mantiene negociaciones vitales para su futuro económico.

Algunas voces claman que a falta de un nuevo gobierno, las prerrogativas presidenciales no pueden ser asumidas por un gobierno dimisionario. Estas mismas voces apelan a que el jefe de Estado permanezca en el cargo hasta que se llegue a un acuerdo entre él y el primer ministro de turno sobre la formación del futuro Ejecutivo. Sin embargo, esta posibilidad es vista como un ultraje por Dar el-Fatwa, el órgano supremo de referencia de la comunidad suní, que pidió al presidente que "respete su juramento constitucional".

Actualmente hay tres candidaturas serias para las próximas elecciones presidenciales: la de Gebran Bassil, el líder del Norte Sleiman Frangié y el comandante del ejército, el general Joseph Aoun, que no tiene ninguna relación de parentesco con el actual jefe de Estado. Sin embargo, los expertos concuerdan en descartar la elección de Bassil o Frangié, pues uno está demasiado vinculado a Hezbolá y el otro al presidente sirio Bashar al-Assad.

Según el ex diputado Mohammed Obeid, del movimiento Amal, la solución intermedia consistiría en realizar modificaciones en el actual gobierno, pero sin esperar nada a cambio. Y en la elección del general Aoun, a quien ninguna de las dos partes parece ver como un “candidato rival” .Las próximas semanas dirán si el Líbano avanza hacia un periodo de enfrentamientos estériles o hacia un acuerdo de fondo que garantice la pacificación

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