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MYANMAR - AUSTRALIA - ESTADOS UNIDOS
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Card. Bo: ‘Fe y esperanza’ en respuesta a la ‘policrisis’ de Myanmar

de Gregory

En su reciente intervención ante la asamblea plenaria de la Conferencia Episcopal Australiana (ACBC), purpurado explicó que la crisis responde a múltiples factores, desde el terremoto hasta los desafíos sanitarios, pasando por la guerra y la debacle económica. Un testimonio de las devastaciones desde el golpe militar de 2021 y la confirmación de la fuerza de la comunidad católica. El Departamento de Estado de EE. UU. reconoce las persecuciones confesionales.

 

Rangún (AsiaNews) - Un país sumido en múltiples crisis, cada una de las cuales ha alimentado la siguiente, y en el cual “no se ve una luz en el horizonte”. Así describió el Card. Charles Maung Bo, arzobispo de Rangún, la situación actual de Myanmar, en un reciente viaje a Australia, donde se reunió con el clero local. El 8 de mayo en la apertura de la asamblea plenaria de la Conferencia Episcopal Australiana (ACBC), el purpurado describió un país en guerra, sucesivamente golpeado por el colapso económico, los desplazamientos masivos, el sistema de salud en ruinas, las escuelas destruidas y el trauma del devastador terremoto. Esta escalada de tragedias comenzó con el golpe militar de febrero de 2021, el punto de partida de una crisis alimentada por un desastre tras otro.

El concepto de “policrisis”, explicó el Card. Bo, ya es la “característica distintiva” del Myanmar de hoy. No se trata de una sola emergencia, sino de una superposición de emergencias económicas, laborales, sociales, sanitarias y educativas que pesan simultáneamente sobre una población que ya sufre cuatro años de conflicto civil. Y las cifras que el Card. presentó en Sídney reflejan la gravedad de la situación: más de 3,5 millones de desplazados, sistemas de salud y educación colapsados en gran parte del país, y un aumento “significativo y preocupante” de las personas que se han visto obligadas a abandonar por la fuerza sus hogares.

“Los precios suben rápidamente —prosiguió el arzobispo de Rangún—, se pierden puestos de trabajo y la asistencia sanitaria y la educación básica están colapsadas”. “Las estructuras que antes sostenían la vida cotidiana —explica el purpurado— han sido desmanteladas por años de conflicto, gobierno militar y colapso económico”. Y a las culpas del hombre se suman las devastaciones naturales. “Un terremoto de magnitud 7,7 que sacudió el centro de Myanmar en marzo de 2025 y mató a miles de personas, ha agravado —advirtió— el sufrimiento que ya causa el conflicto en curso”.

Entre todos los grupos afectados, el Card. Bo habló con especial preocupación de los jóvenes de Myanmar. Precisamente para ellos, explica, su vida cotidiana “se caracteriza cada vez más por la inseguridad, el estrés psicológico y la pérdida de confianza en el futuro”. “Esta generación —prosiguió— ha crecido presenciando o viviendo en primera persona el golpe de Estado de 2021, la represión que le siguió, la resistencia armada y, ahora, una emergencia humanitaria de múltiples facetas. Muchos han perdido años de educación. Muchos han visto a sus familiares asesinados, arrestados o forzados a huir. El impacto psicológico de todo esto es grave y duradero”.

Sin embargo, el arzobispo de Rangún no fue a Australia solo para dar testimonio de lo que está ocurriendo, sino que quiso agradecer personalmente y expresar su gratitud en nombre de la Iglesia birmana por la ayuda y solidaridad que llega del exterior. Es una contribución “importante”, advirtió, en una situación  como la que está viviendo el país. El purpurado se dirigió a los obispos de la Catholic Mission en Australia para reconocer la “solidaridad inquebrantable” que han demostrado hacia Myanmar. “La solidaridad de ustedes —dijo— no es una idea abstracta. Es una luz en la oscuridad”. “La ayuda que nos ofrecen recuerda a nuestro pueblo sufriente que no ha sido olvidado por la Iglesia universal”. A continuación elogió la generosidad de la Iglesia australiana, que se ha manifestado a través de la Catholic Mission Australia, Cáritas, las congregaciones religiosas, los sacerdotes y los fieles laicos. Ante todos ellos, el Card. Bo afirmó de manera clara y contundente que la esperanza en Myanmar todavía es posible. “Seguimos siendo —concluyó dirigiéndose a los obispos— un pueblo de esperanza”.

Por otra parte, la Secretaría de Estado estadounidense también ha reconocido las persecuciones y las violencias cometidas por la junta militar birmana contra los cristianos. En efecto, el Departamento encabezado por Marco Rubio ha “reconocido formalmente” la devastación de las iglesias cristianas en Myanmar a manos de la dictadura; al mismo tiempo, los altos funcionarios de la diplomacia de EE. UU. se han comprometido a revisar y evaluar diez recomendaciones específicas formuladas por una coalición de líderes y organizaciones cristianas, que piden “una acción más enérgica” para proteger a los fieles en el país.

El reconocimiento llegó a través de una carta oficial fechada el 6 de mayo de 2026 y firmada por Michael George DeSombre, subsecretario de Estado para los Asuntos de Asia Oriental y el Pacífico. La misiva se redactó en respuesta a una petición del pasado 23 de marzo dirigida al secretario de Estado Marco Rubio, que presentó el Burma Research Institute (Bri) en nombre de la coalición. El Departamento de Estado afirmó que valora la “documentación completa” que ha proporcionado el Burma Research Institute, en la cual se registra en forma detallada los ataques del ejército contra los cristianos en todo Myanmar.

La carta cita dos ataques específicos contra lugares de culto cristianos. El primero es la destrucción de la iglesia católica de Cristo Rey en Falam el 8 de abril de 2025, que anteriormente ya había sido escenario de ataques, tal como informó AsiaNews. El segundo es un bombardeo aéreo contra la iglesia bautista de Mindat el 13 de abril de 2025, Domingo de Ramos, un día solemne del calendario cristiano.

DeSombre manifiesta que Estados Unidos “sigue profundamente preocupado por el conflicto en curso” y ha “condenado reiteradamente la violencia que sufre el pueblo birmano y la discriminación contra los miembros de los grupos religiosos y de las minorías étnicas”. Confirma que el Departamento de Estado continúa aplicando la restricción de visados y sanciones financieras contra los responsables de las violaciones de derechos humanos. Por último, asegura que las 10 recomendaciones que se presentan en la carta de la coalición serán examinadas atentamente para evaluar de qué manera Estados Unidos puede ejercer la máxima presión sobre el régimen militar.

Según la Chin Human Rights Organization, al menos 107 edificios religiosos, entre ellos 67 iglesias, han sido destruidos por ataques aéreos militares solo en el estado de Chin desde el golpe de Estado de 2021. Chin es el único estado de Myanmar con mayoría cristiana y constituye un testimonio elocuente de la magnitud de la devastación, que se ha convertido ya en un “modelo sistemático”, y no solo un efecto colateral del conflicto en curso.

 

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