24/10/2023, 16.23
PALESTINA-ISRAEL
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Cardenal Pizzaballa: 'Detengamos la guerra con la valentía del amor'

Carta del Patriarca Latino de Jerusalén a su comunidad en "el momento más difícil de nuestra historia reciente". "Tenemos el deber de denunciar que las atrocidades del 7 de octubre son inadmisibles. Pero también lo son los bombardeos y los muertos en Gaza". "Esta tragedia debe llevar a los religiosos, a los políticos y a la sociedad civil a un compromiso más serio por la paz, se lo debemos a todas las víctimas". "Como cristianos no podemos dejar de mirar a Jesús, que desde la Cruz nos dice: la paz no es una victoria sobre el otro".

 

Jerusalén (AsiaNews)- Es necesario “detener esta guerra, esta violencia sin sentido”. Pero también lo es "compartir una palabra del Evangelio que nos ayude a vivir este momento trágico uniendo nuestros sentimientos a los de Jesús". El Patriarca Latino de Jerusalén, el Card. Pierbattista Pizzaballa, envió hoy un mensaje a los fieles de la diócesis, en estos días terribles que el cardenal - que vive en la Ciudad Santa desde hace más de treinta años - no duda en definir como "uno de los momentos más difíciles y dolorosos de nuestra historia reciente".

El Card. Pizzaballa recorre los acontecimientos de las últimas dos semanas en toda su gravedad. “La conciencia y el deber moral – dice – me obligan a afirmar con claridad que lo ocurrido el 7 de octubre en el sur de Israel no es en modo alguno admisible, y no podemos dejar de condenarlo. No hay ninguna razón que justifique semejante atrocidad. Sí, tenemos el deber de afirmarlo y denunciarlo. El uso de la violencia no es compatible con el Evangelio y no conduce a la paz. La vida de cada persona humana tiene igual dignidad ante Dios, que nos ha creado a todos a su imagen".

“Sin embargo, con un gran peso en el corazón - continúa -, la misma conciencia me lleva hoy a afirmar con igual claridad que este nuevo ciclo de violencia ha causado más de cinco mil muertos en Gaza, entre ellos muchas mujeres y niños, decenas de miles de heridos, barrios arrasados, falta de medicamentos, agua y artículos de primera necesidad para más de dos millones de personas. Son tragedias que no se pueden comprender y que tenemos el deber de denunciar y condenar sin reservas. Los intensos y continuos bombardeos que castigan Gaza desde hace días sólo causarán muerte y destrucción y no harán más que aumentar el odio y el resentimiento. Y tampoco resolverán ningún problema, sino que crearán otros nuevos".

“Sólo poniendo fin a décadas de ocupación y a sus trágicas consecuencias - añade - y dando una perspectiva nacional clara y segura al pueblo palestino, se podrá iniciar un proceso de paz serio. Si este problema no se resuelve de raíz, nunca alcanzaremos la estabilidad que todos esperamos. La tragedia de estos días debe llevarnos a todos, religiosos, políticos, sociedad civil y comunidad internacional, a un compromiso más serio en este sentido del que hemos asumido hasta ahora. Sólo así podremos evitar otras tragedias como la que estamos viviendo. Se lo debemos a las muchas, demasiadas víctimas de estos días y de todos estos años. No tenemos derecho a dejar esta tarea en manos de otros".

Sin embargo, dentro de todo esto - dice a su comunidad el Patriarca Latino de Jerusalén - no podemos dejar de mirar a Cristo. “Necesitamos una Palabra que nos acompañe, nos consuele y nos aliente. La necesitamos como el aire que respiramos". Cita entonces un versículo del Evangelio de Juan sobre las palabras que pronunció Jesús inmediatamente antes de su pasión: “Les he dicho estas cosas para que tengan paz por medio de mí. En el mundo van a tener sufrimientos, pero tengan ánimo: ¡yo he vencido al mundo! (Jn 16,33). “No dice que va a vencer, sino que ya venció. Incluso en el drama que se avecina, los discípulos podrán tener paz". Una paz que "no es irénica ni resignada", sino que está fundada en el modo en que Jesús venció, es decir, en la cruz. “Ni con las armas, ni con el poder político, ni con grandes medios, ni imponiéndose - comenta el cardenal -. La paz de la que habla no tiene nada que ver con la victoria sobre el otro. Él conquistó el mundo amándolo. En eso se juega hoy nuestra fe".

“Tener hoy y aquí la valentía del amor y de la paz - continúa - significa no permitir que el odio, la venganza, la ira y el dolor ocupen todo el espacio de nuestro corazón, de nuestros discursos, de nuestros pensamientos. Significa comprometerse personalmente con la justicia, ser capaces de afirmar y denunciar la verdad dolorosa de las injusticias y del mal que nos rodea sin que ello contamine nuestras relaciones. Significa comprometerse, estar convencidos de que todavía vale la pena hacer todo lo posible por la paz, la justicia, la igualdad y la reconciliación. Nuestras palabras no debe estar llenas de muerte y puertas cerradas. Al contrario, nuestras palabras deben ser creativas, comunicar vida, crear perspectivas, abrir horizontes".

“Hace falta valor para ser capaces de pedir justicia sin sembrar odio – añade Pizzaballa -. Hace falta valor para pedir misericordia, para rechazar la opresión, para promover la igualdad sin pretender la uniformidad, para seguir siendo libres. Hace falta valor hoy, incluso en nuestra diócesis y en nuestras comunidades, para mantener la unidad, para sentirnos unidos unos con otros, a pesar de la diversidad de nuestras opiniones, sensibilidades y visiones".

Y dentro de esta acción concreta es donde se sitúa la oración. “Rezo por todos nosotros, y en particular por la pequeña comunidad de Gaza, que es la que más sufre – dice el Patriarca Latino de Jerusalén -. Sobre todo nuestros pensamientos se dirigen a los 18 hermanos y hermanas que fallecieron recientemente, y a sus familias, a quienes conocemos personalmente. Su dolor es grande y, sin embargo, cada día me doy cuenta de que ellos están en paz". Pero su oración es también “por todas las víctimas inocentes. El sufrimiento del inocente ante Dios tiene un valor precioso y redentor, porque se une al sufrimiento redentor de Cristo. Que su sufrimiento acerque cada vez más la paz."

La carta concluye recordando a María Reina de Palestina, patrona de la diócesis, venerada en el santuario mariano de Deir Rafat - que construyó hace un siglo el patriarca Luigi Barlassina, y se encuentra a medio camino entre Tel Aviv y Jerusalén-, cuya fiesta litúrgica es el 25 de octubre. “Ese santuario se construyó durante otra época de guerra, y fue elegido como lugar especial para rezar por la paz”, recuerda el Card. Pizzaballa, quien anuncia su intención de volver a dedicar Tierra Santa a la Reina de Palestina. “No podremos reunirnos todos este año, porque la situación no lo permite – concluye -. Pero estoy seguro de que toda la diócesis se unirá ese día para orar en unidad y solidaridad por la paz, no la del mundo, sino la paz que nos da Cristo".

 

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