18/10/2022, 12.42
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Concesiones, más que derechos: las mujeres de Oriente Medio aún están lejos de la igualdad

de Dario Salvi

El caso de Mahsa Amini vuelve a plantear la cuestión del rol y las libertades del universo femenino en la región y en el mundo musulmán, chií y suní. Reina el silencio ante la reciente entrada de Teherán en el organismo de la ONU para la protección de la mujer, con el voto favorable de los gobiernos occidentales. En el reino saudí, detrás de los casos de "éxito" se oculta una realidad cotidiana de violaciones y humillaciones.

Milán (AsiaNews) - Las semanas de protestas en Irán, que estallaron tras la muerte de la joven Mahsa Amini a manos de la policía de la moral que la había detenido por no llevar el hijab correctamente, han reavivado el tema de la cuestión femenina en Oriente Medio y en el mundo islámico. Y es una cuestión que afecta a chiíes y suníes. El universo femenino está liderando la batalla contra el velo obligatorio y por la libertad y los derechos en la República Islámica: y aunque mira a Arabia Saudita (y a las demás naciones del Golfo) la realidad es que todavía se está muy lejos de la igualdad. A pesar de las numerosas proclamas de los dirigentes árabes y de los artículos periodísticos que ensalzan ciertos aspectos marginales o historias, la realidad oculta una práctica cotidiana basada en el patriarcado, el sometimiento y la segregación. Y que, en los casos más extremos o en situaciones de especial explotación como es el caso de las trabajadoras migrantes, se compone de vejaciones, acoso, violencia y humillación. 

 

Teherán y la ONU

La muerte de Mahsa y la tremenda represión perpetrada por Teherán, invocada por el guía supremo, el ayatolá Alí Jamenei, y por el presidente, el ultraconservador Ebrahim Raisi, ya son parte de la crónica cotidiana. Desde mediados de septiembre, tras el asesinato de la joven de origen kurdo, todo el país se ha visto atravesado por masivas manifestaciones de protesta encabezadas por mujeres. Las protestas se han extendido -además de a la capital- a las zonas donde viven las minorías étnicas: desde los kurdos en el noroeste, hasta los baluchis en el sur, en la frontera con Pakistán. La mano dura empleada por la policía y las fuerzas de seguridad, vinculadas a la dirección político-religiosa, ha dejado un saldo de más de 240 muertos, 32 de ellos menores, y miles de detenidos.

Teherán desmiente las acusaciones de muerte violenta de la joven kurda de 22 años. Considera que detrás de las manifestaciones hay agentes externos y gobiernos occidentales que quieren fomentar el caos y desestabilizar el Estado. Son pocas las fotos y vídeos que consiguen sortear la censura y el bloqueo de la red impuestos por el régimen de los ayatolás. Pero las que lo logran, muestran manifestaciones espontáneas, en su mayoría pacíficas y con un fuerte carácter simbólico: mujeres que se cortan el cabello o queman el velo, símbolo de la opresión.

En este contexto de violencia y represión, resulta chocante una noticia sobre la que se ha guardado silencio: en el mes de marzo, la República Islámica ingresó en la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer de la ONU, con un mandato de cuatro años y gracias a los votos de algunos gobiernos occidentales. Se trata de un organismo de las Naciones Unidas con sede en Ginebra, cuyo cometido "exclusivo" es "promover la igualdad de género y la emancipación de la mujer".

Varios activistas e intelectuales iraníes en el extranjero comentaron la cuestión, haciendo hincapié en la utilidad real de las organizaciones de este tipo. "Cuando las democracias hacen la vista gorda frente a organismos de la ONU, como la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer, que son usurpados por regímenes como el iraní -que se enorgullece de humillar a las mujeres, matando a las niñas por mostrar un mechón de cabello, o legalizando la desigualdad y la subordinación de las mujeres al regular sus vidas, las escuelas y los medios de comunicación de forma totalitaria- esas mismas democracias acaban humillándose".

El último ejemplo es el de la campeona de escalada Elnaz Rekabi, que en los Juegos Asiáticos de Corea del Sur compitió negándose a llevar velo por solidaridad con las mujeres de su país. La deportista ya ha sido detenida, llevada a la embajada en Seúl y se ha perdido su rastro, mientras sus familiares y amigos intentan -en vano- contactarse con ella.

Historias de una represión ya habitual en la teocracia iraní, donde las mujeres son más de la mitad de la población y se encuentran entre las más educadas de todo Oriente Medio, con una tasa de alfabetización de más del 80% y más del 60% en el alumnado universitario. Sin embargo, según la ley islámica tienen menos derechos que los hombres en materia de divorcio y pierden la custodia de sus hijos cuando éstos cumplen siete años, necesitan permiso para viajar al extranjero, su testimonio vale la mitad que el de los hombres, votan y conducen pero no pueden ser juezas ni presentarse a la presidencia. Y el ascenso de Raisi trajo un endurecimiento de las restricciones, con la prohibición de entrar en algunos bancos u oficinas, y el otorgamiento de mayores poderes a la infame policía de la moral.

 

Riad y las reformas cosméticas

Desde el Irán chiíta hasta las monarquías suníes del Golfo, la condición sigue siendo siempre de inferioridad, a pesar de las tan pregonadas reformas, sobre todo desde Riad. Recientemente, el reino wahabí anuló el requisito del guardián masculino para las peregrinaciones a La Meca y sancionó la igualdad en el llamado "precio de la sangre". Estos días, los periódicos se hacen eco de dos noticias que presuntamente confirman el creciente grado de emancipación y libertad de las mujeres en el mundo árabe, frente a la represión en Teherán. El portal GulfNews califica de "hito" el logro de Amal bint Faisal, la primera mujer jinete que ha recibido una licencia para competir en carreras de caballos "tras haber superado el examen de admisión". El diario conservador saudí Arab News ensalza la apertura de un restaurante "sólo para mujeres" en Gaza, gracias al espíritu emprendedor y la fuerza de voluntad de Reham Hamouda: "Era un sueño", dice, "y se ha hecho realidad". El negocio garantiza la independencia económica para mí y los demás trabajadores del restaurante -que, por supuesto, son todas mujeres". El negocio de la gastronomía, continúa, representa una "vía aceptable" para la emancipación y en él "entran mujeres de toda condición y edad". Con la vista puesta, siempre y en todo caso, en la estricta separación de sexos para que puedan "quitarse el velo... lo que les hace extremadamente felices".

Crónicas que no bastan para borrar una realidad cotidiana que sigue marcada por la represión, incluso violenta: en agosto, las autoridades saudíes condenaron a 34 años a Salma al-Shehab, una estudiante de doctorado en Leeds que había regresado a su país de origen para pasar unas breves vacaciones. Todo fue ‘por un tuit’: su "culpa", haber invocado más reformas y mayores libertades y derechos. Abusos y violaciones que se convierten en auténticas humillaciones cuando se trata de trabajadoras migrantes del sur de Asia, del sudeste asiático o de África. En Kenia, se han hecho virales las imágenes de una compatriota que emigró a Riad, donde la familia que la contrató la obligó a amamantar a dos cachorros. En el vídeo se puede escuchar claramente el llanto y los gemidos de la mujer, desesperada por su situación.

“Dejó a su marido e hijos en Kenia dos meses después de dar a luz", señala Francis Atwoli, secretario general de la organización de sindicatos (COTU). "Cuando [la familia saudí] se enteró, el patrón la obligó a amamantar a los cachorros". “Nuestras jóvenes son sometidas a una esclavitud indirecta y su dignidad es pisoteada", añade el dirigente sindical. Y si se amplía el campo al resto de Oriente Medio (y el norte de África, la región conocida como MENA) la situación no parece mejorar: las estimaciones del Banco Mundial señalan que al menos el 35% de las mujeres han sufrido situaciones de violencia doméstica: en Egipto, el 62% de los hombres (y el 49% de las mujeres) están a favor de los crímenes de honor; en Líbano el padre tiene una autoridad casi absoluta sobre sus hijas y, en caso de divorcio, la mujer pierde la custodia de los hijos.

 

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