08/08/2022, 11.02
RUSIA - UCRANIA
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Crimea, de oasis a ‘base militar’ para la guerra rusa contra Kiev

de Vladimir Rozanskij

Para Tamila Taseeva, Crimea se ha convertido en "la tierra de la no-libertad"; la "persecución" de los activistas ha aumentado. Hoy en día es una "retaguardia logística": desde allí parten las expediciones para conquistar otros territorios de Ucrania. La presencia rusa crece, en paralelo al éxodo de los ucranianos, víctimas de la "emigración forzosa". El pasaporte, una cuestión no resuelta.

Moscú (AsiaNews) - En una entrevista con Krym.Realii, la conocida activista humanitaria Tamila Taševa lanza un grito de alarma sobre el destino de Crimea. La mujer nació en Uzbekistán, en una familia de tártaros procedentes de Crimea que había sido deportada en tiempos de Stalin. Taševa regresó más tarde a su tierra natal, de la que tuvo que huir tras su anexión por Rusia. Hoy es la representante del Presidente de Ucrania en la península, y lleva años defendiendo los derechos de los habitantes de Crimea con su organización KrymSOS.

Taševa se queja de que "Crimea, una región turística que los rusos pensaban utilizar como escaparate, hoy se ha convertido en una mera base militar que desempeña un papel crucial en el asalto a la patria ucraniana". Activistas como Tamila ya denunciaron esta situación en todas las plataformas internacionales durante los ocho años transcurridos desde la anexión, en 2014, describiendo las enormes inversiones financieras de Moscú para el desarrollo de infraestructuras en Crimea. Empezando por el puente de Kerč: un proyecto con fines militares -y no sociales ni turísticos-, hoy protegido con un enorme despilfarro de fuerzas.

Según Taševa, "Crimea se ha convertido en la tierra de la no-libertad. Tras la invasión rusa de Ucrania, aumentó la persecución de activistas e incluso la utilización de torturas y otras formas de violencia del Estado". Hoy en día es una "retaguardia logística" de la que parten las expediciones para ocupar otros territorios. Hoy es Ucrania, mañana quizás sea Georgia y otros países. A 150 km de distancia, se libra una cruenta batalla por el control de la zona de Jersón, cuyos efectos repercuten con gran fuerza en la propia Crimea.

El riesgo es que la guerra llegue directamente a la península, que los ucranianos aspiran a reconquistar junto con el Donbass. Sólo aconsejamos a los ciudadanos locales que huyan de su tierra cuando se intente alistarlos en el ejército ruso -como ya ha ocurrido con 34.000 personas- pues se sabe que los rusos intentan mandar al frente a los soldados recién incorporados de los territorios periféricos", señala Taševa. Entre los crimeos ya hay muchos caídos en la guerra "y para nosotros es muy importante que nuestros ciudadanos ucranianos sigan viviendo en Crimea".

Rusia no sólo busca tropas frescas para enviar al frente. En los últimos años también ha aplicado una verdadera política de colonización y "sustitución étnica". La "mayoría rusoparlante", de la cual un 93% votó a favor de la anexión fue más bien una ilusión creada por las tropas de ocupación establecidas en la península en 2014. Fueron ellas las que impusieron con las armas el referéndum de anexión, al grito de "¡Crimea es nuestra!". Según varias estimaciones, han sido trasladados entre medio millón y 700 mil ciudadanos rusos al territorio de Simferópol (la antigua Jersón, en cuyo honor se fundó la ciudad del mismo nombre en la costa ucraniana) y a los puertos de Eupatoria, Balaklava, Feodosia y Yalta.

Según las estadísticas no oficiales, en 2014 entre 50.000 y 100.000 ucranianos fueron obligados a abandonar su tierra, y en los últimos años se ha producido un aumento gradual de la emigración más o menos forzada. No todos lograron ir a Ucrania y, para muchos de ellos, se presenta el problema de los documentos. Aunque su deseo es obtener pasaportes ucranianos, siguen siendo apátridas de facto y no es fácil identificarlos con certeza en una situación tan confusa.

En Ucrania, existe incluso un ministerio para la "reintegración de los territorios temporalmente ocupados", incluida Crimea. El ministerio recomienda a los ucranianos de estas zonas que rechacen los pasaportes rusos, que muchas veces se otorgan por la fuerza. Esta imposición se califica como una violación internacional de los derechos humanos y da lugar a lo que se denomina "víctimas de la deportación violenta". Son rehenes de una ocupación inhumana, que hoy quiere enviar a Crimea al matadero para afirmar el poderío ruso.

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