De Minsk a Hanói, el nuevo rumbo de Kim Jong-un más allá de la ‘retórica del aislamiento’
El encuentro entre Kim Jong-un y Lukashenko marca un nuevo rumbo. El régimen ha dejado atrás el aislamiento y lo utiliza como un recurso estratégico. Pyongyang elige a sus interlocutores, construye relaciones y recurre a la diversificación de sus socios como herramienta para mantener su autonomía tanto de Beijing como de Moscú. Destaca la creciente atención al Sudeste Asiático y el cierre total hacia Seúl.
Milán (AsiaNews) - Kim Jong-un es un líder que se presta a encuentros bilaterales con suma parsimonia. En casi quince años en el poder, sólo ha recibido a cinco jefes de Estado en Pyongyang, y el número total de líderes mundiales con los que ha mantenido encuentros bilaterales formales, ya sea en su país o en el extranjero, es de apenas ocho. En este contexto, la visita del presidente bielorruso Aleksandr Lukashenko a Pyongyang, a finales de marzo adquiere un significado que va más allá de la puesta en escena de desfiles con caballos blancos y salvas de veintiún cañonazos. Ha sido el acontecimiento diplomático bilateral más significativo que Corea del Norte ha protagonizado con un país que no pertenece al círculo de sus aliados tradicionales desde que terminó el aislamiento provocado por la pandemia.
La cumbre tuvo como resultado un Tratado de Amistad y Cooperación y una docena de acuerdos sectoriales en ámbitos como la agricultura, la educación, la salud y el deporte. El texto del tratado no se ha hecho público, pero la presidencia bielorrusa lo ha descrito como un documento que define el marco institucional para la cooperación futura. Es poco probable que contenga compromisos de defensa mutua similares a los previstos en el Tratado de Asociación Estratégica Integral firmado con Rusia en 2024, que de hecho proporcionó la base jurídica para el envío de tropas norcoreanas a Ucrania. Se trata más bien, según las interpretaciones predominantes, de un compromiso de consulta mutua en caso de amenazas, un formato estándar en los tratados de amistad.
Sin embargo, el aspecto más interesante de la cumbre es quizás la forma en que se llegó a ella. La relación entre Pyongyang y Minsk se ha construido pacientemente mediante una secuencia gradual de pasos diplomáticos a lo largo de varios años, que comenzó con reuniones técnicas sectoriales y se fue desarrollando a través de negociaciones a nivel de viceministros y ministros, acuerdos preliminares, una comisión intergubernamental formal y, finalmente, la negociación del tratado, hasta culminar en el encuentro entre los dos jefes de Estado. Es un recorrido muy diferente a la diplomacia de cumbres al más alto nivel que Washington y Seúl han promovido en el pasado hacia Corea del Norte, y que podría representar el esquema con el que Pyongyang se propone desarrollar las relaciones con otros países en el futuro. Comprender si Pyongyang está preparando un recorrido análogo con otros países y con cuáles es fundamental para identificar la dirección que está tomando la nueva política exterior norcoreana.
China y Rusia, dos vías paralelas
La cumbre con Bielorrusia forma parte de un reposicionamiento diplomático más amplio en el que las relaciones con Beijing y Moscú proceden por vías separadas, pero coordinadas. En el frente chino, Corea del Norte ha restablecido en rápida sucesión las conexiones interrumpidas por la pandemia, con la reanudación del servicio ferroviario de pasajeros entre Pyongyang y Beijing el 12 de marzo y el regreso de los vuelos directos el 30 de marzo, ambos tras seis años de suspensión. Los dos líderes intercambiaron mensajes con motivo de la reelección de Kim Jong-un como presidente de la Comisión de Asuntos de Estado, y Xi Jinping calificó las relaciones entre los dos países como un “activo valioso”. La visita a Pyongyang del ministro de Asuntos Exteriores chino, Wang Yi, a principios de abril, fue la primera de ese nivel desde 2019 y confirma la voluntad de ambas partes de consolidar una relación que en los últimos años parecía tensa debido al creciente acercamiento de Pyongyang a Moscú.
La visita de Wang Yi se ha llevado a cabo poco antes del encuentro entre Donald Trump y Xi Jinping, previsto para mayo, y las interpretaciones coinciden en considerar que Beijing se propone utilizar su influencia sobre Pyongyang como moneda de cambio frente a Washington. En 2018, durante la primera ronda de encuentros entre Trump y Kim Jong-un, Seúl desempeñó el papel de intermediario entre los dos líderes. Hoy, ese papel parece haber sido asumido por Beijing, que durante la visita de Wang a Pyongyang podría haber evaluado la disposición norcoreana a dialogar con Washington. En la fase actual, China parece ya inclinada a considerar la estabilidad del régimen norcoreano como un hecho geopolítico consolidado y a renunciar a los intentos de ejercer presiones económicas para lograr la desnuclearización. La reanudación de las relaciones con Pyongyang demuestra que una Corea del Norte con armas nucleares ya se considera una realidad geopolítica establecida y no un elemento negociable.
Con Rusia, la cooperación se ha intensificado por una vía diferente. Comenzó con el acuerdo de asociación estratégica de 2024, se consolidó después con el envío de tropas norcoreanas a Ucrania. Más recientemente, el Rodong Sinmun informó que en la embajada norcoreana en Moscú se llevó a cabo una ceremonia por el Noveno Congreso del Partido de los Trabajadores, mientras que los ministros de transporte de ambos países iniciaron conversaciones sobre la construcción de un puente peatonal transfronterizo, un proyecto modesto en dimensiones pero con un evidente valor simbólico. La carta de Kim Jong-un a Vladimir Putin del pasado 24 de marzo, en la cual reiteró que “Pyongyang estará siempre con Moscú”, confirma la profundidad del alineamiento entre los dos gobiernos.
No obstante, Pyongyang parece estar gestionando ambas relaciones con gran prudencia para evitar que el acercamiento a Rusia parezca excesivamente desequilibrado a los ojos de Beijing. La diversificación de socios es uno de los objetivos declarados de la nueva línea de política exterior que planteó Kim Jong-un en el discurso programático ante la Asamblea Popular Suprema en marzo, en el que instó a “redefinir las prioridades diplomáticas” basándose en los intereses nacionales de mediano y largo plazo, y a actualizar las relaciones con los países tradicionalmente amigos “en una perspectiva de desarrollo acorde con la nueva era”. El fortalecimiento de las relaciones con Bielorrusia, la intensificación de los vínculos con Vietnam y el Sudeste Asiático y la declaración conjunta firmada en febrero con Rusia, Bielorrusia, Irán y Myanmar para un nuevo marco de seguridad euroasiático definen aún más los contornos de esta estrategia.
El precio del aislamiento de Seúl
Esta aceleración diplomática tiene consecuencias directas para el equilibrio de poder en la península coreana. Mientras Pyongyang refuerza su posición negociadora mediante una red creciente de relaciones bilaterales, Seúl se encuentra en una posición cada vez más marginal. Los reiterados acercamientos del presidente surcoreano Lee Jae Myung hacia el Norte han sido ignorados, y la doctrina de los "dos Estados hostiles" que sostiene Kim Jong-un excluye explícitamente cualquier diálogo con el Sur. En Seúl prevalece la opinión de que cualquier progreso en las relaciones intercoreanas dependerán de la evolución del diálogo entre Washington y Pyongyang, más que de iniciativas directas entre las dos Coreas.
Al mismo tiempo, Corea del Norte está aprovechando hábilmente las tensiones entre Estados Unidos y sus aliados asiáticos. Las críticas de Trump a Corea del Sur por la falta de apoyo en la guerra en Irán, mientras Washington mantiene a decenas de miles de soldados en territorio surcoreano, han creado un espacio político que Pyongyang ha aprovechado rápidamente. La decisión de Kim de evitar cualquier crítica directa a Trump, manteniendo así abierta la posibilidad de un futuro contacto, se acompaña de una retórica cada vez más dura hacia el gobierno de Seúl.
El panorama general que emerge es el de un país que ha superado su autoaislamiento y ha comenzado a gestionarlo como un recurso estratégico. Corea del Norte selecciona cuidadosamente a sus interlocutores, construye las relaciones con un método gradual que le permite controlar tiempos y contenidos, y utiliza la diversificación de socios como herramienta para mantener su autonomía tanto de Beijing como de Moscú. Es un enfoque que desafía la imagen tradicional de un Estado hermético carente de iniciativa diplomática, y que plantea a quienes buscan negociar con Pyongyang un desafío más complejo de lo que la narrativa del aislamiento permite entrever.
09/05/2016 16:20
14/04/2020 11:35
27/02/2017 11:01
