Desde la cárcel hasta la basílica de Gaudí: el abrazo de León XIV a Barcelona
León XIV en la ciudad catalana: desde la visita al centro penitenciario Brians 1 hasta la inauguración de la torre de Jesucristo, la más alta de la Sagrada Familia, con 172,5 metros. En la cárcel, el Papa dijo sentirse "edificado" por los testimonios de dos reclusas. A las personas detenidas les recordó: "Dios te ama tal como eres, pero te sueña mejor". Esta tarde presidirá la Misa en el centenario de la muerte del venerable Antoni Gaudí.
Barcelona (AsiaNews) - La segunda jornada del papa León XIV en Barcelona comenzó con una visita al centro penitenciario Brians 1, situado en el municipio de Sant Esteve Sesrovires, y culminará esta tarde con la celebración de la Misa en la Basílica de la Sagrada Familia y la inauguración de la torre de Jesucristo, la más alta del templo, en el centenario de la muerte del arquitecto Antoni Gaudí. El pontífice ha ofrecido a la ciudad catalana un abrazo que la abarca toda, en un movimiento concéntrico que va desde las periferias de la existencia hasta el corazón -o desde abajo hacia arriba–, animado por la esperanza de que "todo ser humano es digno por el simple hecho de haber sido querido, creado y amado por Dios".
En el centro penitenciario Brians 1, dos reclusas —Montse y Josefina— comparten su historia con el pontífice. Dos rostros, dos vidas marcadas por el dolor y la espera de la libertad. El Papa las escuchó, las abrazó, les entregó un rosario con el escudo pontificio. Dijo que se sentía “edificado” por lo que había escuchado, y destacó el compromiso de la pastoral penitenciaria diocesana de Sant Feliu de Llobregat, que acompaña a las personas detenidas en el camino de la fe.
A las palabras de Montse y Josefina se suman las de bienvenida del director del centro, que alberga a más de mil personas: cerca de mil hombres y 150 mujeres. También asistieron representaciones de otros centros de detención de Cataluña —Brians 2 y Wad Ras—, acompañados por capellanes, voluntarios y voluntarias. Las historias compartidas hablaron de una fe capaz de sostener a las personas en los momentos más trágicos de la existencia, abriendo el camino a la esperanza y la conversión. “Durante mucho tiempo intenté creer en Dios y no lo había conseguido. En realidad, la vida no me lo había permitido”, afirmó una de ellas, de pie, a pocos metros del Papa.
Prevost tomó la palabra para decir que no existe “ninguna situación que haga al Señor apartar de nosotros su mirada. Es una verdad consoladora que nos acompaña en todo momento y que nos recuerda que su amor misericordioso está siempre por encima de cuánto bien o mal hayamos hecho”. Palabras que calan hondo, que iluminan las grietas del dolor. Una “mirada” que hoy es tangible, en los ojos de León XIV. “Esto es válido, de manera particular, para vosotros queridos hermanos y hermanas”. “Cuando os venga la tentación de sentiros menos y penséis que no vale la pena seguir adelante, 'alzad vuestra mirada' hacia Aquel que, a través de la presencia de tantas personas, nunca deja de mostraros su amor y cercanía”, afirmó.
“Los errores de la vida no determinan la identidad de una persona”. El pontífice invitó a recordar esta verdad a pesar de que la opresión y la tristeza puedan marcar muchos momentos de la existencia de aquellos y aquellas que lo escuchaban. El papa León recordó entonces a san Agustín, quien, en las Confesiones, quien reflexiona sobre la trayectoria de su vida y afirma que, confiando en la “gracia divina”, es posible descubrir “cómo en nuestra vida el pasado no condena el futuro, sino que nos ofrece la posibilidad de cambiar nuestras decisiones y elecciones”. “Hagamos espacio al Señor en nuestro corazón y busquemos su rostro. Dejémonos acompañar por su amor”, afirmó Prevost.
Y añadió: “Aferrémonos a Él, que nos invita continuamente a la esperanza y nos muestra un horizonte maravilloso que ninguna barrera física puede impedirnos alcanzar. Hoy, Él continúa hablándonos en lo profundo de nuestras conciencias para hacernos descubrir que tiene su morada en medio de nosotros. Solo espera que le demos una oportunidad”.
El pontífice invitó por último a “soñar el sueño de Dios”. “A cada uno os digo: ¡Dios te ama como eres, pero te sueña mejor!”, exclamó, y explicó que Dios permite a cada persona “empezar siempre de nuevo”. “Ser humano y ser cristiano no consiste en no equivocarse sino en crecer en la capacidad de convertirse, arrepentirse, enmendarse y, sobre todo, de reconciliarse y perdonar”, agregó.
Esta tarde a las 19:30 el Papa presidirá la Misa en la Sagrada Familia, el ambicioso proyecto de Gaudí, máximo exponente del modernismo catalán, al que se dedicó fervientemente hasta su muerte en 1926, en un accidente que le costó la vida a los 74 años. Las obras de la Basílica, patrimonio de la Humanidad desde 2005, comenzaron en 1882 y se prolongaron durante décadas no solo por los obstáculos técnicos y burocráticos sino también por la magnitud de la obra. En los últimos cinco años se han inaugurado las torres dedicadas a la Virgen María y a los evangelistas san Marcos y san Lucas. Y recién en 2023 las dedicadas a san Juan y san Mateo, bajo la dirección de Jordi Faulí.
La construcción de la torre de Jesucristo que inaugura hoy León XIV comenzó en 2018. Tiene una altura de 172,5 metros y es el elemento arquitectónico central y de mayor relevancia del edificio gaudiniano. Solo la cruz en su cima mide 17 metros de altura y fue colocada el 20 de febrero de 2026. Está adornada con una escultura del artista italiano Andrea Mastrovito: el Agnus Dei, símbolo de Jesucristo. Fue el propio Gaudí quien quiso que la torre estuviera coronada por un
; Mastrovito ganó en 2025 el concurso internacional para realizarla. El jurado premió la “transparencia luminosa” de la obra, realizada en vidrio y oro.
La inauguración que llevará a cabo el papa León XIV —después de la Misa en honor del arquitecto Gaudí— constituye un hito histórico y fundamental en la (casi) infinita historia de la Basílica. Estarán presentes los reyes de España, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y Salvador Illa, presidente de la Generalitat de Catalunya. El evento forma parte de un extenso programa de celebraciones que continuará hasta finales de 2026.
Hay también un hilo conductor que une la Sagrada Familia con Asia: como ya habíamos contado hace dos años en AsiaNews, el escultor japonés Etsurō Sotoo, originario de Kioto, trabaja en Barcelona en las obras de la basílica desde 1978. En 2024 Sotoo –quien se convirtió al cristianismo mientras esculpía las piedras siguiendo los pasos de Gaudí–, fue el primer asiático en ser galardonado con el Premio Ratzinger. La historia de la Sagrada Familia habla de una “obra abierta” desde hace más de 140 años —iniciada por el venerable Gaudí, también llamado “el arquitecto de Dios”— que ha adquirido una dimensión global, símbolo de excelencia arquitectónica y técnica y, sobre todo, de encuentro con Dios. “Mientras Dios y el destino lo permitan, me quedaré aquí, esculpiendo, soñando y trabajando para que cada rincón de este templo refleje la luz divina”, decía Etsurō Sotoo.
18/08/2017 13:52
