Discurso de León XIV en la Universidad Lateranense: cultiven el esfuerzo del pensamiento para contrarrestar el vacío
El discurso con motivo de la apertura del año académico de la "universidad del Papa", que tiene estudiantes de todo el mundo e institutos asociados en Asia. Invitó a formar operadores de paz y de justicia. La advertencia sobre el valor de la rigurosidad científica de los estudios y contra el prejuicio sobre su inutilidad para la acción pastoral: "La Iglesia necesita laicos y sacerdotes preparados y competentes".
Roma (AsiaNews) – “Tenemos una necesidad urgente de pensar la fe para poder aplicarla a los escenarios culturales y los desafíos actuales, pero también para contrarrestar el riesgo del vacío cultural que, en nuestra época, se hace cada vez más omnipresente”, dijo hoy el Papa León XIV al mundo académico en el discurso con el que inauguró en Roma el 253° año de trabajo de la Pontificia Universidad Lateranense, el ateneo fundado por Clemente XIV en 1773 que por su propio estatuto tiene un vínculo completamente especial con el sucesor de Pedro.
“Esta universidad, a diferencia de otras ilustres instituciones académicas, incluso romanas – dijo León XIV - no debe custodiar, profundizar y desarrollar el carisma de un fundador, sino que su orientación específica es al magisterio del pontífice”. Pero al mismo tiempo en la Universidad Lateranense – incluyendo los 28 institutos asociados en tres continentes (Europa, Asia y América) – “la reflexión académica, inspirada por el carisma petrino, se abre a perspectivas interdisciplinarias, internacionales e interculturales”.
Al repasar los ámbitos de estudio en este ateneo - desde la Teología hasta la Filosofía, pasando por el Derecho Canónico y Civil – el Papa se detuvo de manera especial en los programas de estudio que se han creado en los últimos años sobre Ciencias de la Paz y Ecología y Ambiente. “Los temas que estos abordan – comentó - son parte esencial del magisterio reciente de la Iglesia, que, establecida como signo de la alianza entre Dios y la humanidad, está llamada a formar operadores de paz y de justicia que edifiquen y den testimonio del Reino de Dios. La paz es ciertamente un don de Dios, pero requiere al mismo tiempo hombres y mujeres capaces de construirla cada día y de apoyar a nivel nacional e internacional los procesos hacia una ecología integral. Por eso pido a mi Universidad que continúe desarrollando y potenciando a nivel inter- y trans-disciplinario estos dos programas de estudio y, si es necesario, los integre con otros”.
Por último, León XIV se detuvo en algunas “dimensiones peculiares” de la misión de las universidades. Ante todo, la formación en la “reciprocidad y la fraternidad” que en la Universidad Lateranense también tiene el rostro de estudiantes, docentes y personal de los cinco continentes. “Lamentablemente - advirtió -, a menudo hoy se usa la palabra “persona” como sinónimo de individuo, y el atractivo del individualismo como clave para el éxito tiene implicaciones inquietantes en todos los ámbitos: se apunta a la promoción de sí mismo, se alimenta el primado del yo y resulta difícil la cooperación, crecen los prejuicios y los muros respecto de los demás y sobre todo del que es diferente, se confunde el servicio responsable con un liderazgo solitario, y como resultado de esto se multiplican las incomprensiones y los conflictos. La formación académica nos ayuda a salir de la autorreferencialidad y promueve una cultura de la reciprocidad, de la alteridad y del diálogo”.
El Papa se refirió después al valor de la rigurosidad científica de los estudios. “El servicio académico – observó - a menudo no goza del debido reconocimiento debido a prejuicios arraigados que, lamentablemente, también están presentes en la comunidad eclesial. A veces se encuentra la idea de que la investigación y el estudio no sirven para la vida real, que lo que cuenta en la Iglesia es la práctica pastoral más que la preparación teológica, bíblica o jurídica. El riesgo es caer en la tentación de simplificar las cuestiones complejas para evitar el esfuerzo del pensamiento, con el peligro de que, incluso en la acción pastoral y en sus lenguajes, se caiga en la banalidad, la aproximación o la rigidez”. Por el contrario - añadió - “necesitamos laicos y sacerdotes preparados y competentes. Por eso, los exhorto a no bajar la guardia en cuanto a la rigurosidad científica, llevando adelante una búsqueda apasionada de la verdad y un intenso diálogo con las otras ciencias, con la realidad y con los problemas y las dificultades de la sociedad”.
Recordó asimismo el aporte de la universidad al bien común. “El fin del proceso educativo y académico - concluyó - debe ser formar personas que, en la lógica de la gratuidad y en la pasión por la verdad y la justicia, puedan ser constructoras de un mundo nuevo, solidario y fraterno”.
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