El 'Camino de la esperanza' del Card. Văn Thuận, 50 años después
Un congreso en Roma retoma los 1001 mensajes escritos desde la cárcel en Vietnam. Estos llegaron a su familia, refugiada en Australia, tras ser copiados a mano por los "boat people". Declarado venerable por Francisco en 2017, el cardenal fue un ejemplo extraordinario de mansedumbre y amor a Cristo. Card. Tagle: "No había rastro de odio en él". Su hermana Élisabeth estuvo presente y anunció la publicación de una nueva biografía.
Roma (AsiaNews) - “Un testigo que anunció el Evangelio cuando ya no tenía Iglesia, diócesis ni libertad exterior”. Es un retrato polifónico del cardenal vietnamita F. X. Nguyễn Văn Thuận (1928-2002) el que se trazó ayer por la tarde en Roma, en el Palacio Apostólico de Letrán, con motivo del congreso por el 50.º aniversario de la redacción de los pensamientos recogidos en “Camino de la esperanza”, libro que compila las reflexiones escritas durante los 13 largos años de cautiverio. Fue la oportunidad para constatar que hoy el cardenal -que fue declarado venerable por el papa Francisco en 2017- continúa transmitiendo el amor por Cristo a través de estos 1001 “breves mensajes espirituales”, publicados como un “testamento espiritual” que constituye un profundo mensaje de esperanza.
El encuentro —que tuvo lugar en la Sala de los Tratados de Letrán, donde en 2013 concluyó la fase diocesana de la causa de beatificación— comenzó con un mensaje del Papa León XIV, firmado por el card. Parolin y dirigido al card. Michael Czerny. El pontífice describe a Văn Thuận como un “intrépido discípulo del Evangelio y generoso pastor, cuyo ejemplo está lleno de actualidad”; el purpurado vietnamita “recuerda que la esperanza cristiana nace del encuentro con Cristo y toma forma en una vida entregada a Dios y al prójimo”.
El congreso —enriquecido con música y lecturas inspiradas en la ejemplar vida de fe de F. X. Nguyễn Văn Thuận— fue moderado por el periodista de los medios vaticanos Alessandro De Carolis, quien recordó que la del cardenal es “la historia de un hombre que reescribió con su propia carne un extraordinario Evangelio clandestino” mientras estaba prisionero en un campo de reeducación del régimen vietnamita en los años 70. Cuando recuperó la libertad en 1988, fue nombrado presidente del Pontificio Consejo para la Justicia y la Paz. Llevó consigo, incluso en su servicio en Roma, el signo visible de aquel cautiverio: una “cruz pectoral de madera y alambre eléctrico”, fabricada con la ayuda de sus guardias, quienes, conmovidos por su profunda humanidad, se convirtieron en sus amigos.
El Card. Baldassare Reina, vicario general de Su Santidad para la Diócesis de Roma, recordó que fue su predecesor, el Card. Vallini, quien inició la causa de beatificación en su fase diocesana. Reina compartió el encuentro que tuvo en 1995 con un librito del Card. Văn Thuận que llegó a sus manos y leyó “ávidamente”, quedando impresionado por la “figura extraordinaria” del pastor vietnamita. Añadió que el evento de ayer invita a recoger “el legado del Jubileo” que acaba de terminar, pasando de “peregrinos” a “testigos” de la esperanza.
Después intervino el Card. Czerny, prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral. Văn Thuận fue su “ilustre predecesor” antes de que este organismo asumiera su nombre actual. “Continúa iluminando e inspirando nuestro trabajo”, afirmó. Recordó que todavía hay signos de su presencia, como la sala de conferencias del Dicasterio, que lleva su nombre, y el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia —su “principal contribución a nivel mundial”— encargado por el Papa Juan Pablo II. Czerny recordó su compromiso incansable con los enfermos de lepra, así como sus esfuerzos “por la reconciliación en un país dividido”, convencido de que la “Iglesia debe estar encarnada”.
El Dr. Waldery Hilgeman, postulador de la causa de beatificación, repasó su biografía. Recordó que uno de los momentos más conocidos de su vida es la celebración de la Eucaristía en su celda “con unas gotas de vino y un fragmento de pan” en la palma de la mano. “Esa esperanza no nace en la cárcel. Tiene raíces profundas”, explicó. Nacido en 1928 en Phú Cam, archidiócesis de Huê (Vietnam Central), Văn Thuận también cuenta entre sus antepasados con “mártires de la fe”; su memoria “marcaría profundamente su formación espiritual”. Hilgeman recordó el papel de su madre, quien le enseñó a vivir la fe “como una relación viva con Dios”. De los 13 años de prisión, 9 fueron en régimen de aislamiento; en la cárcel, los otros 250 prisioneros eran casi todos no católicos: “Privado de todo, descubre que nada puede separarlo de Cristo”. Rezaba así: “Señor, tú me envías aquí para ser tu amor en medio de mis hermanos, en el hambre, en el frío, en el trabajo”.
El congreso contó con la presencia de una de las hermanas, Élisabeth Nguyễn Thị Thu Hồng, quien presentó en el evento una nueva biografía de Văn Thuận publicada en Italia por Città Nuova: “Hombre de alegría y de esperanza”, escrita por ella misma y Stefaan Lecleir, experto en la Iglesia en Asia. En su intervención, destacó la “comunión” con toda su familia, que se encuentra "dispersa por todos los rincones del mundo”, después de huir a Sídney, Australia. Văn Thuận terminó de escribir sus meditaciones hace exactamente 50 años, el 19 de marzo de 1976, día de san José, recordó. Aquellos mensajes desde la prisión llegaron a Australia copiados a mano por los "boat people" vietnamitas que huyeron para sobrevivir. Esos 1001 mensajes espirituales, posteriormente editados, cruzaron el océano y fueron recibidos con “lágrimas de alegría y agradecimiento a Dios” por su madre.
Concluyeron el congreso los testimonios menos “institucionales” de los cardenales Lazzaro You Heung-sik, prefecto del Dicasterio para el Clero, y Luis Antonio Tagle, proprefecto del Dicasterio para la Evangelización. Los cardenales contaron “la amistad y el afecto” que los unía a Văn Thuận. You Heung-sik recordó que “sabía evangelizar en cualquier circunstancia”, incluso con “un toque de humor y amor por la paradoja”, lo que lo acercaba a las personas. Contó también el testimonio de un compañero de prisión budista, quien recordó que, al comienzo de la reclusión, Văn Thuận afirmaba: “Seremos despojados de casi todo, pero hay una cosa que nadie nos puede quitar, y es nuestra fe en Dios”.
Tagle, por su parte, habló sobre su primer encuentro con F. X. Nguyễn Văn Thuận en Manila en 1995, durante la primera JMJ de Asia. A partir de ese momento, Văn Thuận le pidió que lo llamara “tío”. En aquella oportunidad Tagle habló ante los obispos de la FABC reunidos por el 25.º aniversario de su fundación. Al terminar estaba nervioso; el venerable se le acercó para felicitarlo. “Su voz se mantenía tranquila, su rostro sereno. No había rastro de amargura ni de odio en él”, contó. Allí nació una amistad cultivada en los años posteriores con numerosos encuentros en Roma, donde Văn Thuận falleció a los 74 años en 2002. Había sido creado cardenal el año anterior.
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