30/05/2026, 15.19
MUNDO RUSO
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El autostop eclesiástico de los sacerdotes rusos

de Stefano Caprio

De Vladivostok a Vilna, los sacerdotes están siendo reducidos al estado laical. En un libro publicado en París, donde ha sido reintegrado por el patriarcado ecuménico, el padre Aleksej Uminskij cuenta que todas las semanas recibe regularmente cartas de antiguos compañeros de todo el país sumidos en la confusión. Muchos sacerdotes ortodoxos encuentran imposible rezar por la guerra, pero temen las denuncias y los juicios eclesiásticos.

 

En el libro "La iglesia del autostop" del sacerdote ortodoxo ruso Aleksej Uminskij y la periodista Ksenia Luchenko, publicado en abril por Vidim Books, la destitución de un sacerdote, la suspensión de su ministerio y su reducción al estado laical en la Iglesia ortodoxa rusa se presentan como totalmente arbitrarios. No hay una investigación preliminar, no hay tiempo para examinar las acusaciones. El sacerdote simplemente recibe una notificación firmada por el presidente del tribunal eclesiástico, sin ningún tipo de justificación, que comunica su reducción al estado laical. Esto significa que ya no es sacerdote y no puede celebrar la liturgia, escuchar confesiones, administrar la comunión, bautizar, casar y demás; en resumen, ya no es la persona que ha sido toda su vida.

El sitio web Sistema ha investigado cómo están estructurados los tribunales eclesiásticos en Rusia, cómo se llevan a cabo las investigaciones, quiénes son los jueces, quién escribió y quién interpreta las leyes y, finalmente, si los sacerdotes pueden evitar la arbitrariedad judicial. La iniciativa pública "Cristianos contra la guerra" ya incluye al menos 47 sacerdotes y diáconos de la Iglesia ortodoxa rusa que han sido objeto de diversas formas de represión, desde la suspensión del ministerio hasta la reducción al estado laical, por sus posiciones pacifistas y por la negativa a recitar la "Oración por la Victoria de la Santa Rus" prescrita por el patriarca Kirill, en la cual el sacerdote informa al Señor que "he aquí que quienes quieren hacer la guerra se han alzado contra la Santa Rusia" y pide "la victoria por Tu poder".

Desde Vladivostok hasta Vilna, los sacerdotes están siendo reducidos al estado laical. El padre Uminskij cuenta que todas las semanas recibe regularmente cartas de antiguos hermanos de todo el país sumidos en la confusión. A muchos sacerdotes ortodoxos les resulta imposible rezar por la guerra, pero temen las denuncias y los juicios eclesiásticos. Uminskij fue suspendido de su ministerio en la víspera de Navidad de 2024 y la subsiguiente reducción al estado laical no se llevó a cabo según un procedimiento preestablecido, sino a través de llamadas telefónicas y encuentros informales. El arcipreste Vladimir Divakov, decano del distrito central de Moscú de la Iglesia ortodoxa rusa, telefoneó para decir que esperaba al padre Aleksej al día siguiente en su iglesia de la Gran Ascensión en la calle Nikitskaja, para entregarle un decreto, sin especificar de qué decreto se trataba.

Divakov, uno de los sacerdotes más ancianos de Moscú y rector de la famosa "iglesia donde se casó Pushkin", es conocido en el clero como "Koshchej el Inmortal", un héroe malvado de los cuentos de hadas rusos que siembra el mal junto a la bruja Baba Jaga. Es rector de la iglesia de la Gran Ascensión desde 1990 y concelebra regularmente con el patriarca en los días festivos en la catedral de Cristo Salvador, con el rango de protopresbítero y una impresionante lista de honores eclesiásticos: la cruz conmemorativa patriarcal con decoraciones, la Orden de San Serafín de Sarov, la Orden de San Sergio de Radonezh y la Orden del Príncipe Vladimir, que luce en su sotana como un general del ejército ruso. El 5 enero de 2024, al mediodía, en la iglesia de la Gran Ascensión, Divakov entregó al padre Aleksej un decreto de suspensión del ministerio, intimándole a presentarse inmediatamente ante la comisión disciplinaria en la iglesia del Arcángel Miguel de la calle Pirogovskaya, y añadiendo que sentía una profunda compasión por él. Menos de una hora después, la comisión disciplinaria le hizo a Uminskij varias preguntas sobre por qué no estaba recitando la "Oración por la Victoria de la Santa Rus". Tras recibir la respuesta –"No sé qué es la Santa Rus"--, la comisión anunció al sacerdote su suspensión del ministerio y le ordenó que se quitara inmediatamente la cruz pectoral.

Un sacerdote que lo conocía le advirtió que su arresto estaba programado inmediatamente después del proceso eclesiástico, esta vez a cargo de las autoridades seculares. El padre Aleksej no se presentó al juicio y abandonó Rusia de inmediato. Solo recibió la siguiente notificación por correo electrónico: "Su Santidad el patriarca Kirill de Moscú y de toda la Rus' ha aprobado la decisión del Tribunal diocesano de Moscú del 13 de enero de 2024 de reducirle al estado laical en virtud del Canon XXV de los Santos Apóstoles, por haber violado su juramento sacerdotal (perjurio) al negarse a recitar la bendición patriarcal para la oración por la Santa Rus' durante la Divina Liturgia".

El diácono Andrej Kuraev, reducido al estado laical en 2020 por "blasfemia contra la Iglesia" y "publicación de informaciones calumniosas", es decir, críticas a los jerarcas eclesiásticos, ha escrito un libro de 800 páginas sobre los tribunales eclesiásticos, "Paradojas del Derecho Eclesiástico". El padre Andrej explicó a Sistema que "el tribunal eclesiástico es una especie de novedad en la vida de la Iglesia ortodoxa rusa. En el siglo XIX, los tribunales eclesiásticos funcionaban normalmente, pero el régimen soviético suprimió esta tradición. Formalmente, el tribunal fue restablecido en 2004, pero en realidad recién empezó a funcionar  bajo Gundyaev [el patriarca Kirill], quien redactó las normas del tribunal eclesiástico sobre la marcha porque no siempre le resulta conveniente ocuparse personalmente de los sacerdotes indeseables".

El diácono explica que en las diócesis que están fuera de Rusia la Iglesia ortodoxa rusa generalmente intenta mantener una postura conciliadora, y cierra los ojos ante las declaraciones del clero contra la guerra, sin insistir demasiado en que se recite la "Oración por la Victoria" y llega a acuerdos con las autoridades locales para evitar la pérdida de feligreses. Esto es lo que ocurrió, por ejemplo, en Letonia; en 2022, el parlamento de Riga declaró a la Iglesia ortodoxa letona separada de la Iglesia rusa. El Concilio de la Iglesia letona modificó sus estatutos, pero Moscú no ofreció ninguna respuesta canónica, no anatematizó a los "cismáticos" letones ni reconoció la autocefalia de Letonia. Simplemente se limitó a expresar comprensión por la difícil situación política y exhortó a los fieles a "mantener la unidad".

En Lituania las cosas ocurrieron de manera diferente: el sacerdote Vladimir Seljavko, reducido al estado laical en 2022, cuenta que durante el mandato del metropolita Khrizostom (Martishkin), hasta su muerte en 2010, la vida de la Iglesia ortodoxa lituana era prácticamente independiente de Moscú. El metropolita Innokentij (Vasilev), sucesor de Khrizostom y actual cabeza de la diócesis, es conocido por sus posiciones liberales, pero los tiempos están cambiando. "Es un hombre manso, no sanguinario", dice el padre Vladimir, quien fue secretario del metropolita durante más de siete años, refiriéndose a Innokentij, "pero es un cobarde, tiene miedo de todo. Tiene miedo de ir al médico, tiene miedo de conducir por carreteras estrechas; siempre pide que lo lleven por la autopista. Y, sobre todo, tiene miedo a sus superiores".

El padre Uminskij cuenta que su apelación ante el patriarca ecuménico, su reintegración y la búsqueda de un nuevo destino como sacerdote del patriarcado de Constantinopla requirieron más de un año. No es un procedimiento sencillo; necesitó contactos personales, la ayuda de colegas en Francia y Bélgica, un encuentro personal con el patriarca Bartolomé, la búsqueda de una parroquia dispuesta a acoger a un sacerdote reintegrado y recién entonces pudo reanudar la vida sacerdotal. “Es como hacer autostop entre las Iglesias”, afirma el padre Aleksej, quien desde la iglesia de París donde ahora ejerce su ministerio recorre toda Europa para contar su historia y hablar con los numerosos rusos de la diáspora, a quienes recomienda “vivir a Rusia en el presente” donde uno se encuentre ahora, porque “no existe una Rusia del futuro”. Es necesario romper dolorosamente con el pasado y “prohibirse a uno mismo el futuro”, porque la esperanza no reside en cambios que nunca se producen sino en el testimonio de quien afronta la vida sin dejarse abatir por las tragedias de las guerras y la vergüenza de las Iglesias.

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