27/02/2026, 15.45
PAKISTÁN - AFGANISTÁN
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El bombardeo de Kabul y las proclamas del ejército pakistaní contra los talibanes

La reacción afgana a los bombardeos de los últimos días del ejército de Islamabad ha provocado un salto de calidad en el conflicto siempre activo. Pakistán promete acciones "resolutivas" contra las bases de "terroristas paquistaníes" en Afganistán. China - en medio de los dos fuegos - invita a la "moderación". Los 21 millones de afganos que ya viven en una situación de indigencia corren el riesgo de pagar el precio de este interminable enfrentamiento.

Milán (AsiaNews/Agencias) - Las tensiones entre Pakistán y Afganistán han registrado una nueva y grave escalada en las últimas horas con una serie de ataques cruzados a lo largo de la frontera que separa a los dos países y bombardeos aéreos que han golpeado directamente Kabul y Kandahar, mientras Islamabad habla expresamente de "guerra abierta".

Tras días de incursiones contra lo que el ejército pakistaní identifica como bases de los talibanes pakistaníes en territorio afgano, el gobierno talibán en Kabul anunció durante la noche una ofensiva contra posiciones militares de Islamabad en las zonas fronterizas, lo que provocó una respuesta rápida y contundente de Islamabad.

Según las autoridades talibanes, la operación afectó a varias provincias orientales de Afganistán, entre ellas Nangarhar, Nuristán, Kunar, Khost, Paktia y Paktika. Pakistán acusó a su vez a los talibanes de haber abierto fuego sin provocación en la provincia paquistaní de Khyber Pakhtunkhwa. Al amanecer, Islamabad lanzó ataques aéreos que impactaron la capital, Kabul, y las provincias meridionales de Kandahar y Paktika. También se informaron enfrentamientos cerca del paso de Torkham, punto estratégico entre Peshawar y Jalalabad.

El portavoz talibán Zabihullah Mujahid declaró que la ofensiva de Kabul habría causado numerosas víctimas entre los soldados pakistaníes, afirmación que fue desmentida por Islamabad. Por parte paquistaní, el primer ministro Shehbaz Sharif comunicó que las fuerzas armadas lograron "aplastar" a los enemigos, mientras el ejército difundió un dato imposible de verificar que habla de 274 talibanes muertos en 73 posiciones diferentes a lo largo de los 2.600 kilómetros de frontera entre ambos países.

Las raíces del conflicto se remontan a meses de acusaciones recíprocas. Pakistán sostiene que Kabul alberga y apoya a grupos armados responsables de ataques en su territorio, incluidos atentados suicidas en la capital, Islamabad. Los talibanes lo niegan, y acusan a su vez a Pakistán de atacar indiscriminadamente incluso a civiles.

La comunidad internacional expresó una fuerte preocupación por este nuevo brote de violencia, pocos meses después del frágil alto el fuego que se había alcanzado en octubre con la mediación de Qatar y Turquía. La Organización de las Naciones Unidas pidió una desescalada inmediata. China — a menudo afectada por las acciones de los talibanes locales en Pakistán, pero también vinculada al gobierno de Kabul por relaciones diplomáticas — invitó a la calma a través de la portavoz Mao Ning, mientras Arabia Saudita inició consultas diplomáticas con Islamabad.

El aspecto más significativo de esta nueva fase es que por primera vez los ataques pakistaníes habrían tenido como objetivo estructuras del gobierno talibán, y no solo presuntos objetivos terroristas. Esta decisión es la que podría transformar hoy una crisis de frontera en un conflicto más amplio, a pesar de que Kabul sabe perfectamente que no cuenta con los medios para librar un enfrentamiento abierto con el ejército de Islamabad.

Sin embargo, detrás de las posiciones paquistaníes también hay dinámicas internas: el ejército del mariscal Asim Munir, que logró recuperar el poder después de la caída del ex primer ministro Imran Khan - arrestado y encarcelado con una serie de procesos judiciales - se enfrenta en este momento a la amenaza interna de los talibanes, que se aprovechan del descontento sobre todo en las regiones periféricas del país.

El que corre el riesgo de pagar el precio más alto en este momento es, una vez más, la población afgana, que sigue sumida en la miseria casi cinco años después de que los talibanes volvieran al poder en Kabul. “Esta nueva escalada de violencia podría sumir nuevamente al país en la pesadilla de la guerra”, comentó en una nota Dejan Panic, director del programa de la ONG italiana Emergency, que opera en Afganistán con sus centros médicos desde 1999. “También se espera que en 2026 habrá cerca de 21 millones de afganos necesitados de ayuda humanitaria debido a la crisis económica, alimentaria y sanitaria: un nuevo conflicto colocaría a la población en una situación desesperada. Pedimos el cese inmediato de las hostilidades, la protección de los civiles y diálogo para la solución diplomática de un conflicto que corre el riesgo de involucrar a toda la región, con consecuencias imprevisibles”.

 

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