26/07/2022, 12.28
PUERTA DE ORIENTE
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El difícil renacimiento de Mosul tras la pesadilla yihadista

de Dario Salvi

Monseñor Moussa habla de una ciudad que lucha por salir adelante, donde la ideología extemista sigue impregnando una parte de la sociedad actual. El recuerdo de las casas cristianas marcadas con la letra "N", hoy fuente de orgullo y pertenencia. La visita del Papa, semilla de esperanza y reconstrucción. A través de la educación "podemos combatir la ignorancia".

 

Milán (AsiaNews) - Un camino difícil, una situación compleja que a veces no es exagerado describir como "una pesadilla", una reconstrucción que se esfuerza por despegar y la lucha contra la ideología extremista que aún impregna algunos sectores de la sociedad. Así describe Mons. Michaeel Najeeb Moussa, arzobispo de Mosul desde enero de 2019, a AsiaNews, la situación de la metrópoli del norte de Irak en estos días, cuando se cumplen ocho años desde que comenzó el gran éxodo de los cristianos por el avance de las milicias del Estado Islámico (SI, ex Isis ). Una escalada de muerte y destrucción que duró más de tres años y terminó con la liberación, tras la ofensiva del ejército iraquí apoyado por tropas estadounidenses. Después comenzó el proceso de recuperación, pero es un camino largo y difícil, lleno de desafíos, también y sobre todo para la comunidad cristiana, componente original de la región pero hoy reducida a una pequeña minoría, como relata el prelado.

Una verdadera pesadilla

“Ocho años después de la invasión de las tropas del Estado Islámico a Mosul, Sinjar y la llanura de Nínive – explica Mons. Moussa - Irak sigue siendo una verdadera pesadilla para nosotros. Los yihadistas que marcharon al grito de 'Allah Akhbar' fueron derrotados y sus banderas quemadas, pero el fantasma de su ideología racista sigue anclado en la mente de una parte de la sociedad, especialmente entre las personas de menor cultura”. El ascenso de Daesh [acrónimo árabe de Isis] trajo uno de los muchos signos de la infamia, las casas de los cristianos marcadas con la letra "N" (Noun en árabe) para significar "nazareno". “Es una expresión humillante -sigue diciendo el prelado-, que utiliza el Corán para referirse a los cristianos 'herejes' en la Península Arábiga". Es cierto que las ideas extremistas y radicales no caracterizan a toda la sociedad "y los musulmanes más ilustrados rechazan estos actos bárbaros de Daesh contra cristianos, yazidíes e incluso musulmanes de diferente inspiración". No obstante, añade el obispo, "esa letra, fuente de humillación" se ha ido transformando a lo largo de los años "en un signo de orgullo y de gloria para nosotros, poniendo una cruz sobre la letra".

Son palabras que recuerdan los terribles sufrimientos y heridas que marcan la historia reciente de Irak y que cobran mayor valor en el aniversario del ascenso del califato. La dominación duró hasta el verano de 2017 y fue particulamente violenta, con ejecuciones en la plaza pública, secuestros y terror, sumado a la destrucción de lugares emblemáticos como la mezquita al-Nouri y la iglesia de Al-Saa (Nuestra Señora de la hora). Dos lugares de culto, musulmán y cristiano, que hoy se han convertido en símbolo del renacimiento gracias a un proyecto de reconstrucción financiado por la Unesco y los Emiratos Árabes Unidos, como parte del programa "Revivir el espíritu de Mosul reconstruyendo sus monumentos históricos".

Lento renacimiento

“El regreso de los cristianos a Mosul -dice el arzobispo, que desde hace algún tiempo reside permanentemente en la ciudad- sigue siendo mínimo y tímido. Porque la corrupción está tan arraigada en el gobierno que éste no apoya de ninguna manera a los ciudadanos. No hay oportunidades de trabajo, las infraestructuras están degradadas, el 60% de las casas todavía están dañadas, 28 iglesias fueron destruidas y solo dos están operativas gracias al esfuerzo de las ONG, que también participan en la recostrucción de las casas. Ahora pueden vivir en ellas las 56 familias cristianas que, dando muestras de muchísimo valor, decidieron volver bajo la guía de un sacerdote y un solo obispo. Los conventos y monasterios, tres de los cuales se remontan a los siglos V y VI, todavía están en ruinas”.

Monseñor Moussa conoce muy bien la realidad de Mosul, ya que nació allí en 1955 y fue ordenado sacerdote en 1987. Tiene una maestría en Teología Católica y desde 1990 ocupa el cargo de director del Centro Digital de Manuscritos Orientales de la ciudad, ocupándose de la conservación y digitalización de más de 800 manuscritos antiguos en arameo, árabe y otros idiomas, de miles de libros y cartas centenarias. Cuando se produjo el avance de las milicias del Califato el prelado se vio obligado a huir, primero a la llanura de Nínive y  luego al Kurdistán iraquí, como decenas de miles de cristianos. Precisamente su tenacidad para salvar este patrimonio cultural de la locura yihadista le valió la nominación al premio Sájarov 2020. Después de reconstruir el arzobispado, el objetivo es reconstruir el tejido social, aunque el camino siendo largo y complicado.

Señales de esperanza

La visita del Papa Francisco en marzo de 2021 marcó un hito fundamental para la ciudad, porque mostró los esfuerzos de renacimiento, impensables hasta hace unos años. El anciano pontífice que se inclina y pide perdón a Dios por la violencia desatada en la plaza de las cuatro iglesias de Mosul; la participación coral de musulmanes, cristianos, yazidíes y sabeos, todos vestidos de fiesta, ellos mismos, sobrevivientes del desarraigo, los muros destrozados de las iglesias en reconstrucción, donde se bendice el monumento a los mártires y a los que murieron por la furia homicida. Fueron expresiones y gestos simbólicos cargados de significado. Semillas de esperanza, confirma el obispo, que se reflejan en algunas iniciativas que unen a todas las almas de la ciudad. “Se está estableciendo una expectativa diferente y positiva - continúa Mons. Moussa - entre las diferentes comunidades, porque la ferocidad de Daesh ha desencadenado una reacción de los ciudadanos contra la violencia y el sectarismo. Todos trabajan codo con codo para reconstruir o restaurar poco a poco las viviendas, y ese es solo un ejemplo entre muchos de solidaridad, ayudados también por las asociaciones y organizaciones no gubernamentales que operan en la región.

El arzobispo de Mosul concluye con una reflexión sobre su propia misión "como sobreviviente del Daesh", como él mismo suele definirse, y las perspectivas de futuro. “Nací en Mosul, así que no puedo estar solo al servicio de los cristianos. El obispo es un hombre de paz y reconciliación, un constructor de puentes entre las personas y las diferentes comunidades. Entre nuestros amigos, los fieles musulmanes son más numerosos que los mismos cristianos. Nos ayudan en los distintos proyectos reconstruyendo las iglesias, participando en actividades y celebraciones, con el corazón abierto y el deseo de compartir. A pesar de las dificultades, los cristianos siguen siendo una realidad fuerte y unida, quieren permanecer en este país martirizado, como testigos de Cristo en el mundo. A través de la educación - concluye Mons. Moussa: podemos luchar contra la ignorancia y, mediante la buena voluntad y la tenacidad podemos detener el odio y la agresividad de los fanáticos".

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