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BIELORRUSIA
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El disidente Bialiatski: 'Los días de cárcel en Minsk'

de Vladimir Rozanskij

El fundador del Centro de Derechos Humanos Viasna, liberado pocas semanas atrás junto con otros 100 prisioneros políticos bielorrusos, relata a Radio Svoboda desde el exilio en Lituania sus cuatro años de cárcel por protestar contra el fraude electoral de Lukashenko. Premio Nobel de la paz 2022, recuerda a las miles de personas que siguen en la cárcel "en un círculo infernal sin fin".

 

Minsk (AsiaNews) - Gracias a las negociaciones con los emisarios de Donald Trump, el presidente bielorruso Aleksandr Lukashenko liberó en diciembre a más de 100 presos políticos, entre ellos algunos líderes de las protestas de 2020, como la popularísima Maria Kolesnikova y el histórico vicepresidente de la fundación internacional de derechos humanos, Ales Bialiatski, ya arrestado por primera vez en 2011 y nuevamente en 2021, que en 2022 recibió el premio Nobel de la paz. Cuando recuperó la libertad, emigró a Lituania y concedió una entrevista a Radio Svoboda pocos días después de salir de prisión.

Fundador del Centro de Derechos Humanos Viasna, se convirtió en una de las principales figuras simbólicas de la represión tras las protestas por la elección fraudulenta de Lukashenko en 2020 - que estaba en el poder desde 1994 - decano de las dictaduras post soviéticas. Bialiatski cuenta que, cuando comenzaron las represiones, “pensamos salir de Bielorrusia, pero como responsable de mi organización yo sentía que no era correcto huir. Nuestros voluntarios eran encarcelados, perseguían a nuestros compañeros, y decidí quedarme y compartir este sufrimiento”. El disidente de 63 años cuenta que vivió estos cuatro años y medio en la cárcel como “parte de un compromiso asumido para toda la vida”.

El primer arresto de 2011, por falsos cargos de malversación, lo había preparado para las futuras persecuciones, y cuando se encontró en régimen de aislamiento en Minsk tuvo “la clara impresión de un déjà vu”, aunque no esperaba que fuera por un periodo tan largo, porque recibió una condena de diez años. Explica que las condenas se vieron ulteriormente condicionadas por el comienzo de la guerra rusa en Ucrania en 2022, apoyada por Bielorrusia, con acceso a las fuerzas armadas de Moscú y mayores presiones sobre los disidentes. “Nos convertimos en rehenes militares, más que simples presos políticos”.

Bialiatski cuenta que, de todos modos, se esperaba que hubiera arrestos, y el grupo de activistas se había preparado para continuar su trabajo incluso si sus dirigentes estaban en la cárcel. Algunos miembros jóvenes abandonaron Bielorrusia y abrieron inmediatamente una oficina en Vilna, la capital de Lituania, para documentar la represión y relatar la vida de sus amigos en las cárceles. La situación en el país “se ha vuelto similar a los años del terror estalinista y la persecución de los intelectuales bielorrusos en los años 20-30. La historia se repite”. En la cárcel se dedicó a estudiar los documentos de su juicio, y cuando le comunicaron que le habían concedido el premio Nobel de la paz junto con el grupo ruso Memorial y el Centro para las libertades civiles de Ucrania, “quedé impactado, no me lo esperaba, pero comprendí inmediatamente que no era un reconocimiento personal”.

Los compañeros de celda recibieron la noticia con mucho respeto, “piensen en las personas que están viendo por televisión que se discute si se debe dar el premio Nobel a Donald Trump, y junto a ellos, en los bancos de la cárcel, está sentado precisamente uno que lo ha recibido. Era una situación verdaderamente surrealista”. Pero los funcionarios de la cárcel no mostraron mucho entusiasmo y ordenaron inmediatamente un registro de la celda de Bialiatski y de las personas más cercanas a él, imponiéndole una serie de castigos disciplinarios sin fundamento alguno, por tener los zapatos sucios o saludar de manera poco evidente a los guardias.

Cuando Bialiatski fue liberado le confiscaron casi todos sus efectos personales, incluyendo su diario y las cartas, más de 300 páginas de reflexiones y memorias que fueron destruidas. Las condiciones de encarcelamiento “eran verdaderamente inhumanas, no por la violencia física, sino por la herencia del sistema soviético, deliberadamente pensado para aniquilar la conciencia de las personas”. Y recuerda que todavía hay más de mil presos políticos en las cárceles; “en este sistema arrestan a tantas personas como las que liberan, es un círculo infernal sin fin”.

 

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