16/12/2021, 10.50
BIELORRUSIA-CUBA
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Las desventuras de dos migrantes cubanos en la frontera bielorrusa

de Vladimir Rozanskij

Querían llegar a España para escapar de la miseria, pero quedaron atrapados en Bielorrusia. Al ingresar a Polonia, la policía local los devolvió al otro lado de la frontera. Los guardias bielorrusos los encerraron en un campo de detención y los torturaron. Ahora merodean por la capital, Minsk.

Moscú (AsiaNews) – Dos migrantes cubanos contaron a los medios las vicisitudes que tuvieron que afrontar en el puesto fronterizo de Bruzgakh, en Bielorrusia, según informa el servicio ruso de la BBC. La peregrinación de Daniel y Adrián comenzó en Moscú y terminó en la pesadilla de la frontera bielorrusa-polaca. Ahora no saben qué les aguarda: la repatriación forzosa a La Habana o cumplir su sueño, y refugiarse en España.

Los dos cubanos, de 29 y 26 años, pudieron dormir y asearse por primera vez en días, cuando fueron llevados a Minsk desde el campamento fronterizo. Pasaron la noche en un apartamento, donde fueron recibidos por periodistas. En las dos semanas anteriores vivieron en un campo de concentración junto a yemeníes, sirios, iraquíes y afganos.

Los refugiados proceden de países geográfica y culturalmente distantes entre sí, pero unidos por un destino común: la miseria, los conflictos locales, la inestabilidad política y la falta absoluta de un futuro. Todo esto se ha desbordado en los últimos meses en la frontera bielorrusa-polaca, donde se concentran todas las tensiones entre Occidente y el régimen dictatorial del "batka" (dictador) bielorruso Aleksandr Lukashenko.

Daniel trabajaba como chófer en la provincia cubana de Matanzas y vivía con su madre en un piso minúsculo. Le gustaba su trabajo, pero el sueldo no alcanzaba: solo cobraba 2.400 pesos (menos de 100 euros al mes). Después de pagar los impuestos y los alimentos de su hijo de siete años y su hija de seis, no le quedaba ni un peso en el bolsillo. "En Cuba, todos los precios dependen del tipo de cambio del dólar", dice Daniel. "Antes, los sueldos tampoco alcanzaban, pero luego la situación se volvió insostenible, muchos tratan de obtener dinero de manera ilegal, pero todo esto lleva al hambre"

Daniel decidió salir de Cuba, pero no fue fácil: sin visado, con un pasaporte cubano se puede viajar a unos 30 países, de los cuales el más rico es Rusia. En Moscú, Daniel conoció a Adrián. El compatriota le explicó que había recibido una propuesta de cruzar fácilmente a Alemania a través de Bielorrusia y Polonia. Luego se supo que se trataba de un grupo de mafiosos cubanos que pedían 3.000 dólares para cruzar en coche hasta la frontera occidental de Bielorrusia.

"Mi ex novia, que vive en Alemania, me prestó el dinero para el viaje a Rusia", continúa Daniel, "y acordé que se lo devolvería una vez que encontrara un trabajo en España", donde Adrián pretendía llegar. En realidad, el viaje en coche desde Moscú duró casi un mes, cubriendo 700 km hasta la frontera. Cambiaban de coche cada 100 km, hasta que un conductor bielorruso frenó de repente, abrió la puerta, y con un gesto, les pidió que huyeran al bosque.  

Los dos jóvenes vagaron durante mucho tiempo en la oscuridad hasta que se toparon con la valla de alambre de púas, que marca la frontera. Les llevó un largo rato romper el vallado con la ayuda de un palo, y terminaron cubiertos de sangre.  Daniel y Adrián cruzaron al otro lado, vagando por tierra de nadie, entre Bielorrusia y Polonia. La barrera polaca, a pocos metros de distancia, resultó imposible de traspasar. Al otro lado, se asomaban los rostros amenazantes de los guardias fronterizos polacos.

Los dos cubanos flanquearon los vallados de protección polacos por treinta kilómetros, durmieron a la intemperie en el bosque, hasta que encontraron un sector de alambrado en reparación y lograron cruzar al otro lado. En Moscú les habían dicho que bastaba con subir a cualquier autobús con destino a Varsovia y de allí seguir hasta Alemania. Sin embargo,  la policía polaca los encontró antes de que pudieran emprender su viaje y los envió de vuelta a Bielorrusia.

La policía bielorrusa encerró a los dos muchachos en un campo de concentración. Antes de mandarlos de vuelta a Minsk, los golpearon por un largo rato y los amenazaron con armas. Tras encerrarlos en una furgoneta, los policías dejaron a los jóvenes en plena calle en la capital bielorrusa, donde deberán comenzar nuevamente su odisea.

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