23/11/2018, 15.55
RUSIA-JAPON
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El partido de ajedrez en las islas Kuriles

de Vladimir Rozanskij

Shinzo Abe parece querer dar a Vladimir Putin una posibilidad de diálogo sobre las islas, disputadas entre Rusia y Japón desde hace décadas. Pero el acercamiento parece ser más amplio: Tokio podría llegar a revisar el histórico acuerdo militar con los EEUU. Para ambos líderes, la oposición interna tiene su peso.

 

Moscú (AsiaNews)- Desde el pasado 16 de noviembre, cuando el presidente Putin se encontró con el Premier japonés Shinzo Abe, en Rusia se ha abierto un debate en torno al posible “acuerdo de paz”, con el cual vendrían a cerrarse 70 años de controversia en torno al archipiélago de las 60 islas Kuriles,  situadas en la frontera septentrional entre Rusia y Japón. Las previsiones llevan a pensar que el acuerdo podría firmarse en junio de 2019, cuando Putin viaje a Japón para participar de la reunión del G-20. Los pesimistas, en cambio, consideran que la firma tomaría más tiempo, y que probablemente se concrete para las Olimpíadas de Tokio, en el año 2020.

Después del encuentro con Putin, el mismo Shinzo Abe declaró estar dispuesto a concluir el proceso iniciado con la declaración conjunta soviético-japonesa del año 1956. En ella, la URSS se comprometía a restituir dos islas a los japoneses: Habomai y Shikotan; Japón luego pretendió la restitución de otras dos islas,  Kunashir e Iturup, y a partir de ese momento el acuerdo quedó congelado. Ahora, el Premier japonés declara estar dispuesto a realizar una visita oficial a Rusia.

Shinzo Abe habría asegurado a Putin que no se instalarán bases de la OTAN en las Kuriles, condición fundamental planteada por los rusos, luego de que en 2016 circularan rumores sobre la posibilidad de adoptar esta medida hostil, en base a algunas declaraciones del secretario de Seguridad de Japón, Siotaro Ati. Por el contrario,  Abe habría explicado que en los acuerdos firmados entre EEUU y Japón no se establece ninguna obligación de alojar bases militares sin el consentimiento de Tokio.

El acuerdo de paz, en realidad, no parece ser la verdadera prioridad de este acercamiento entre Rusia y Japón, en vista de la remota posibilidad de un peligro bélico (en el caso de Japón, no existen, por ejemplo, acuerdos de paz con China y Corea del Sur). Japón podría igualmente obtener una ventaja territorial, basándose en las promesas pronunciadas por Kruschev en 1956, que en aquél entonces fueron desmentidas por una agresiva toma de posición del Premier japonés Nobusuke Kisi, abuelo de Shinzo Abe.

El nieto colmaría el vacío creado por las pretensiones del progenitor o más bien restablecería las relaciones a un estado neutral, visto que el fracaso del acuerdo fue lo que motivó la alianza militar entre Japón y los EEUU, hasta ese momento, enemigo mortal desde la Segunda guerra mundial. Al día de hoy, en Japón aún siguen desplegadas cerca de un centenar de bases militares americanas.

Por otro lado, Tokio actualmente apoya las iniciativas anti-rusas de americanos y europeos, que van desde las sanciones hasta la firma de documentos del G-7 condenando a Moscú, o de la instalación de nuevas tecnologías del sistema global de defensa americano PRO, hasta la participación en las maniobras de la OTAN en los países bálticos, algo que irrita a los rusos. La promesa de Abe de no “armar” las Kuriles contra los rusos podría implicar un amplio desarme japonés en el sistema defensivo de la OTAN y, sobre todo, la oferta a los rusos de una posible vía de escape a la presión de las sanciones.

Por otro lado, en Rusia, la apertura putiniana hacia los japoneses ha suscitado varias reacciones, sobre todo, entre los habitantes de las islas Sajalín (las islas rusas al norte de las Kuriles), que hicieron que la gente se volcase a las calles para manifestarse contra el presidente, juntando firmas para impedir el acuerdo. Los rusos de las Sajalín y de las Kuriles sostienen que los cambios territoriales según la ley de 1990, deben ser sometidos a un referéndum entre la población de los territorios interesados y citan el ejemplo de Crimea en 2014, cuando los mismos rusos -violando las convenciones internacionales- “solicitaron” el referéndum que condujo a la anexión (y a las sanciones occidentales).

Es la misma doctrina oficial del putinismo la que está en tela de juicio en esta coyuntura, aquella que reivindica la superioridad “soberana” de las leyes internas y de la voluntad popular, sobre todo tipo de acuerdo o legislación externa. Por otro lado, también hubo fuertes reacciones negativas entre los partidos de la oposición en Japón, que convocaron al Premier para que explicase ante el Parlamento los términos del acuerdo que se está elaborando. En general, la opinión pública japonesa se muestra fuertemente preocupada ante la posibilidad de que se entablen nuevas relaciones entre Rusia y Japón.

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