08/04/2019, 12.28
CHINA-VATICANO
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El rostro lloroso de la Iglesia china

de Shan Ren Shen Fu (山人神父)

Fieles y sacerdotes lloran al ver la iglesia de Qianyang, demolida por las autoridades. Mientras tanto, en Mindong (Fujian), es necesario que el obispo y sacerdotes clandestinos se registren en la Asociación Patriótica, lo que contraviene el acuerdo chino-vaticano. "Los expertos chino-vaticanos que albergan grandes esperanzas" debieran escuchar "los gemidos de inocentes (cristianos) sumisos".

 

 

Beijing (AsiaNews) - Publicamos un comentario del sacerdote y bloguero Shanren Shenfu ("sacerdote de la montaña"), sobre algunas noticias de la Iglesia en China, como la destrucción de la iglesia en Qianyang (Shaanxi) y el estancamiento en cuanto al reconocimiento de monseñor Guo Xijin como obispo auxiliar, por parte del gobierno en Mindong (Fujian).

 

Una nueva iglesia, aún en construcción, ubicada en Qianyang, en la Diócesis de Fengxiang (Shaanxi), fue arrasada hace cuatro días. Según algunos videos tomados en el lugar, los fieles locales trataron de proteger la iglesia de la demolición de todas las maneras posibles. Sin embargo, en vista de los gritos de dolor y lamentos de algunos fieles presentes, se entiende que los intentos han sido en vano.

Construir una nueva iglesia para la comunidad es una justa continuación y expresión de la fe de uno, y también tiene como objetivo resolver la necesidad de tener un lugar donde los fieles puedan llevar a cabo actividades religiosas. Las donaciones recogidas son, sin duda, numerosas, pero el compromiso y la activa participación de los fieles no deben ser subestimados. También se previó la participación de las autoridades en la ceremonia de apertura de la iglesia: esto significa que nada se todo ello era oculto. Justo cuando la iglesia se acercaba al final de la obra de construcción, se produjo una catástrofe semejante, que afligió los corazones de los fieles. Muchos hermanos sacerdotes dicen haber llorado por el gran dolor cuando vieron el video de la demolición.

Después del acuerdo provisorio firmado por China y el Vaticano, los que vivimos dentro de la Iglesia china ya no nos atrevemos a tener grandes expectativas, porque se nos ha anunciado que todavía tenemos que hacer un viaje muy largo y, a pedido de la Santa Sede, somos nosotros -parte de la Iglesia china - los que debemos ser pacientes y hacer sacrificios concretos. Sin embargo, la obediencia al acuerdo es el requisito previo para todas nuestras acciones (el Papa afirma haber firmado el acuerdo y por lo tanto, asume la responsabilidad). El contenido del acuerdo firmado nunca se ha hecho público (el Vaticano dice que no publica el contenido respondiendo a un pedido de China), de modo que lo que las autoridades chinas han prometido permanece a su vez oscuro. Actualmente, la Santa Sede ha legitimado, según sus propios reglamentos, a siete obispos excomulgados y pidió a los dos obispos ordinarios que cedieran su cargo a dos obispos recién reconocidos. Sin embargo, a la luz de lo que ha sucedido hasta ahora, nunca hemos visto a las autoridades aplacar la represión sobre la Iglesia china.

Según fuentes recientes, aunque el obispo de la diócesis de Mindong ha renunciado a su cargo para la unificación de la diócesis, los sacerdotes clandestinos y el obispo Guo aún no han sido reconocidos. El primer paso hacia la luz sería [entender] cómo superar la dificultad por la cual resistieron durante 60 años, me refiero a inscribirse en la Asociación Patriótica, pero en la "era posterior al acuerdo" el problema se agudiza la problemática, sin dejar ningún espacio para la negociación. Así que el gobierno chino está dispuesto a ofrecer 200.000 yuanes (unos 27.000 euros) a quienes se unan a la Asociación Patriótica, para que la anexión de la diócesis de Mindong pueda reconciliarse con éxito.

En opinión de la Santa Sede, las humillaciones sufridas por la Iglesia china son el costo mortificante que debe pagar para que el acuerdo chino-vaticano pueda ser llevado adelante. Las diócesis, por tanto, se ven obligadas a obedecer la prohibición del ingreso de menores a la iglesia y de organizar clases de catequesis. El último rayo de esperanza es esperar el momento en que el Vaticano pueda concretar aquellos aspectos positivos obtenidos por la Iglesia china mediante el acuerdo, y aguardar a que este momento llegue lo antes posible.

Antes de que esto se lleve a cabo, por otro lado, los expertos chino-vaticanos que albergan grandes esperanzas consideran necesario que se sufra y los daños que se experimentan, como si nunca hubieran escuchado los llantos de la Iglesia china, que son gemidos emitidos por inocentes (cristianos) sumisos. Si la Santa Sede ha escuchado las quejas y los lamentos de los obispos excomulgados y los ha aceptado en comunión con el corazón misericordioso del Padre, ¿cómo podrían soportar los gritos de los inocentes, haciéndolos portadores de la cruz?

Reitero mi firme punto de vista: los cristianos chinos aman a su patria y avanzan por el camino de Jesucristo hacia la paz, el amor y la misericordia. Sin embargo, la demolición de la nueva iglesia en Qianyang (Fengxiang) y el sello en la puerta son ahora la verdad más candente, ¡hieren así los corazones de muchos que aman la "verdad"!

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