19/12/2018, 13.24
INDIA
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En la India ‘no es real el mito de la apertura al mercado que resuelve la pobreza’

de Anna Chiara Filice

Ambrogio Bongiovanni es docente de diálogo inter-religioso en la Universidad Urbaniana, y de teología de la misión en la sección San Luigi de la Facultad Teológica de la Italia Meridional. En los últimos 30 años, la población india prácticamente se ha duplicado; el crecimiento para el 2018 será del 7,7%. El problema “es que no se logra distribuir la riqueza, porque la lógica del mercado hace de las personas meros consumidores”.  

Roma (AsiaNews) – En la India, “el mito de la apertura al mercado no ha resuelto el problema de la pobreza”. Es lo que afirma Ambrogio Bongiovanni, docente de diálogo inter-religioso e intercultural en la Universidad Pontificia Urbaniana de Roma, y fundador del Movimiento laico San Francisco Javier. Él ha vivido algunos años en la India y está en contacto con el sub-continente desde hace más de 25 años, desarrollando actividades de investigación y trabajando en las Naciones Unidas y en el Ministerio de Industria. En el país, él ha fundado la Maitreya (amistad) Xaverian Charitable Society, una asociación que se ocupa de recuperar a niñas vulnerables y víctimas de la trata y de incentivar el diálogo entre las religiones. En diálogo con AsiaNews él habla del “mito del mercado” que pretendía, tanto en India como en otros países, tener la receta mágica para resolver las divisiones a nivel social y ser la pieza clave del proceso de democratización de las sociedades. Y subraya: “Yo no critico el mercado en sí, sino aquél mercado que deviene una especie de idolatría, es decir, que somete el hombre al mercado en lugar de ser un mercado al servicio del hombre. Es éste el verdadero problema ético: el mercado debe estar al servicio de las necesidades del hombre, y no al revés, es decir, que nosotros, los consumidores tengamos que mantener con vida el mercado. Somos personas, sujetos en relación, y no meros individuos consumidores, es decir, objetos a ser controlados con miras a desarrollar negocios”.

La India es un país que ha asistido a un asombroso crecimiento económico, impulsado fundamentalmente por el sector de los servicios. En casi 30 años, su población prácticamente se ha duplicado, pasando de 700 millones de habitantes en los años ’90, a cerca de 1,3 millardos en 2018. A fin de año, las previsiones estiman que la tasa de crecimiento será del 7,7%. Junto a este escenario, no obstante, existen amplios sectores de la población que están excluidos de los beneficios del desarrollo: al menos 800 millones de personas están empleadas en el sector agrícola, sujetas a grandes terratenientes como empleadores y marcados por el triste fenómeno de los suicidios entre los campesinos, ahogados por las deudas

El Prof. Bongiovanni sostiene que “la India es una gran democracia, no sólo en término numéricos, sino también conceptuales. Se define como un ‘secular country’ con una laicidad basada no en una separación de la religión, sino mirando a las religiones como un potencial de la sociedad misma”. Sin embargo, la existencia de una democracia, continúa, “no implica de manera automática que todos los problemas se resuelvan, porque existen obstáculos que se interponen [para el logro] de un proceso de democratización, que nacen de la complejidad cultural única en el mundo que caracteriza al país y que representa asimismo su riqueza”.  

La sociedad india “debe saldar cuentas con varios tipos de discriminación: de castas, de género, de patriarcado. Siempre ha existido el riesgo de tensiones inter-comunitarias, aquello que en inglés se define como communalism, es decir, los choques entre comunidades de fe”. Además, es evidente que existe una “neta separación entre ricos y pobres, y en el medio, una clase media que antes era inexistente, pero que hoy asume un rol importante, sobre todo en relación al mercado”.

En 1991, cuenta, “luego de una grave crisis, la India fue impulsada a abrirse al comercio internacional. Antes de ello era un Estado casi autárquico, con una fuerte política regulada por aranceles. En aquél período se pensó, en parte bajo las presiones ejercidas por el FMI y el Banco Mundial, que la globalización y el libre intercambio de mercaderías resolvería todos los problemas de pobreza”. Sin embargo, no fue así: “Ciertamente, la apertura a los mercados ha favorecido a la clase media, que ha crecido mucho en términos de ingresos; la producción ha tenido un boom; desde entonces, el crecimiento ha sido continuo, así como ha habido un constante desarrollo de grandes ciudades e infraestructuras. Pero junto a esto, también han surgido problemas ambientales, y, sobre todo, se ha radicalizado la miseria”.  

El motivo, según resalta, “es que no se logra redistribuir la riqueza. Pero este es un problema ético del capitalismo y del liberalismo, que determina la crisis, y de este mercado que piensa que las personas han de ser tratadas como objetos/consumidores, y no como sujetos. El objetivo, lamentablemente, es siempre alcanzar a los consumidores y hacer girar el mercado en torno a ellos”.

Por todo esto, ya no es posible sostener la ecuación según la cual a partir del libre mercado se derivan otras libertades individuales. “Muy por el contrario –agrega- el libre mercado es un sistema que en cierta línea domina e incluso controla los procesos democráticos. Exhibe la carencia de un objetivo ético. Tomemos, por ejemplo, el caso de China, que ha desarrollado un libre mercado en un régimen comunista en el cual las libertades individuales son obstaculizadas”. En la India, “estas diferencias son todavía más estridentes porque es un país que está a la vanguardia; por una parte, vemos la excelencia de los satélites, de las telecomunicaciones, en  software, en materia nuclear, en la medicina”; por otra, hay más de 400 millones de personas que viven por debajo de la línea de pobreza”.

Sin embargo, estos problemas no son el resultado del actual gobierno del premier Narendra Modi: “Existían mucho antes de él, y están presentes en todos los gobiernos que siguen el mito del mercado”. Tampoco es necesario “demonizar el mercado como tal –dice-. Al contrario, por ejemplo, en el ámbito cristiano, podríamos interrogarnos sobre cómo los empresarios pueden repensar la relación con la economía, siguiendo incluso las indicaciones del Papa Francisco, que en la Encíclica Laudato si’ se ha planteado cuestiones e interrogantes por el bien de toda la humanidad”. Por último, concluye: “Pienso que debemos invertir en obras que pongan el capital al servicio del bien de la gente”.  

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