23/05/2023, 13.07
PUERTA DE ORIENTE
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El choque entre feministas e islamistas refleja la crisis del mosaico libanés

de Fady Noun

Se prohibió el uso de trajes de baño para las mujeres en una playa pública de Saïda. Una nueva batalla en el mundo musulmán radical en nombre de la "decencia" en la vestimenta. El frente laico recuerda los principios de la Constitución y que las "libertades" individuales son inviolables.

 

Beirut (AsiaNews) - El frente feminista libanés ha emprendido una nueva batalla sobre el traje de baño de las mujeres en las playas públicas, que una vez más refleja la lucha interna del mundo musulmán sobre la vestimenta y las prendas que se deben usar, que van desde el hiyab en Irán hasta las ropas “del arco iris” en Arabia Saudita. Decenas de activistas varones y mujeres se manifestaron el 21 de mayo en Saïda (40 km al sur de Beirut), localidad de mayoría sunita, para defender el uso del bañador en la playa pública. El grupo fue atacado por radicales islámicos, hombres y mujeres, que acudieron en masa al paseo marítimo para defender lo que consideran las "buenas costumbres". La presencia de las fuerzas de seguridad interna y de la policía municipal en el lugar evitó que el incidente se convirtiera en un enfrentamiento abierto.

La manifestación feminista es una respuesta al ataque que se produjo en la playa pública de Saïda la semana pasada contra una mujer en bañador sentada a la orilla del mar con su marido. Las turbas arrojaron botellas de agua llenas de arena a la pareja, obligándolos finalmente a abandonar el lugar a toda prisa para evitar una escalada.

Esta circunstancia llevó al jefe del municipio, Mohammad Saoudi, a prohibir una manifestación prevista para el 20 de mayo en apoyo al derecho de los ciudadanos a disfrutar libremente -y sin restricciones- de la playa, y una contraprotesta de grupos radicales. Estos últimos querían salir a las calles para reivindicar la lucha "en favor del pudor, la virtud y contra la desnudez". Sin embargo, las tensiones y enfrentamientos que se evitaron el sábado resurgieron puntualmente al día siguiente, cuando decenas de personas, en su mayoría mujeres, violaron las disposiciones y se concentraron frente a la playa con pancartas y consignas "en defensa de las libertades".

Entre la religión (islámica) y la libertad

Más allá de los enfrentamientos y las diferencias de opiniones, queda en el fondo abierta una cuestión mucho más amplia sobre las costumbres y las libertades, tanto en el Líbano como en gran parte del mundo musulmán. A la entrada del balneario ahora han colocado bien en vista carteles que exigen tener una "vestimenta decente" para ingresar. También hay otras directivas, como la prohibición de introducir y consumir bebidas alcohólicas, como tradicionalmente ocurre en muchas playas occidentales donde se beben cócteles al son de la música. Sin embargo, volviendo a la cuestión libanesa, ¿cómo se hace para identificar y definir una noción tan vaga como la de “decencia” en la playa, en una sociedad plural donde las escalas de valores se contradicen? “Una mujer -afirmó la feminista Joséphine Zgheib en una rueda de prensa que se llevó a cabo en el paseo marítimo- simplemente quería ejercer su derecho de ir a la playa con la vestimenta que le queda más cómoda”. Pero las mujeres libanesas, añadió, son víctimas "de leyes injustas y de un sistema patriarcal, que pretende imponer su tutela sobre cuerpos y vidas".

Cuando le preguntaron sobre este tema, Marie-Claude Najem, ex ministra libanesa de Justicia y profesora universitaria, señaló que se trata de uno de los daños colaterales de la tendencia al "cada uno se ocupa de lo suyo", también conocida como "federalismo", que a estas alturas tienta a las comunidades que forman la sociedad. A su juicio, si los municipios son los encargados de velar por el orden público, es en cambio tarea del Estado central "hacer prevalecer las libertades individuales, y todo esfuerzo en materia de conciliación debe estar orientado hacia las libertades". "Hay un Estado central -añade- que debe hacerse escuchar clara y distintamente". Por último, la ex ministra advirtió contra el fenómeno de la "libertad en pequeñas dosis". En cuanto a la prohibición del alcohol en la playa, la cuestión es más "matizada" y podría justificarse "no tanto por motivos religiosos, sino por el peligro que suponen los vidrios rotos para los bañistas". Sin embargo, concluye, sigue siendo válida la invitación a "permanecer alerta".

Para la politóloga Fadia Kiwan, directora general de la Organización de Mujeres Árabes, una institución que opera bajo la égida de la Liga Árabe, las corrientes islámicas radicales no tienen derecho a imponer sus reglas en el espacio público de un Estado democrático. Ella deplora todo el asunto y la polémica que ha desatado, y lo considera una amenaza para las libertades, aunque considera que el Líbano está "por entrar en una época prometedora desde el punto de vista turístico". No obstante, la experta considera necesario advertir sobre la formación de "guetos" basados en la pertenencia a una comunidad. "Sin diversidad, sin el principio de aceptación del otro, del diferente, y sin el respeto de las libertades democráticas, que siempre han sido sus puntos fuertes -añadió-, el Líbano pierde su razón de ser".

Sharia y Constitución

Otra voz crítica es la del diputado Marc Daou, que estaba presente en el lugar cuando estalló la polémica. “La Constitución libanesa -señala- es clara: protege la libertad de religión y de expresión. Estos espacios públicos están sujetos a la Constitución. Pedimos a todos que sigan sus convicciones personales sin imponer su punto de vista a los demás". "Ustedes tienen Jounieh [un famoso centro balneario y turístico, veinte kilómetros al norte de Beirut], déjennos conservar Saïda", gritaron en voz alta algunas mujeres con velo durante la manifestación. Sin embargo, Daou considera que “los libaneses tienen todo el derecho a ir a las playas públicas vestidos como mejor les parezca. La libertad de expresión y de credo -dice- es un derecho de todos, y es el mismo en toda la costa libanesa".

Por su parte, la Liga de Ulemas Locales ha denunciado “una campaña mediática sospechosa y sistemática que tiene como blanco a Saïda, sus costumbres, sus jeques y su población”, al tiempo que niega las acusaciones de violencia cometidas por líderes religiosos y simpatizantes contra los bañistas. Para el jeque salafista Houssam al-Ilani, citado por la prensa, el tema ha superado los límites de la polémica “sobre los bañadores y llegan a desafiar a Dios”. "Lo que no aceptamos -replicó, cerrando la puerta a cualquier mediación o diálogo- es la presencia de personas que desafían y provocan a la ciudad bebiendo alcohol y desnudándose en nuestras playas" violando los principios de la sharia.

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